opinión

Cómo gestionar las crisis

Las crisis implica un juicio cuidadoso después de examinar algo muy detenidamente.

Cómo gestionar las crisis

La crisis es una disonancia, una tensión entre lo que yo pienso que debe pasar y lo que está pasando. Esta contradicción nos hace entrar en una serie de tensiones que nos induce a pensar con miedo sobre lo que está sucediendo.


La etimología de la palabra viene a indicar punto de inflexión o momento decisivo. En teorema chino significa oportunidad. Por lo tanto, la crisis implica un juicio cuidadoso después de examinar algo muy detenidamente. La crisis nos invita a observar con atención lo que ha pasado o lo que está pasando.

En la actualidad existen diferentes momentos de crisis a lo largo de una vida: la toma de conciencia de existencia en la infancia, el paso de ésta a la adolescencia, la primera juventud, el paso a la edad adulta, la conciencia de la adultez, cumplir 40 años o 50 años, etc. En estos momentos críticos renunciamos a una parte de lo que somos para ser aquello que estamos llamados a ser. Cuando aprendemos una lección, viene otra, y así sucesivamente. Todo ello significa que cambiamos de hábitos, crecemos en valores, adaptamos nuevas ideas, tenemos nuevos aprendizajes relacionales, reeducaciones sociales, emocionales, etc.

También, una despedida en el trabajo, un desamor, el primer hijo, una enfermedad, una muerte, que las cosas no salgan como esperamos o el desencanto de la vida, pueden ser crisis. Estas son más circunstanciales o coyunturales, producto de la dinámica de la vida.

Para una buena resolución de las crisis debemos de evitar el efecto ‘bola de nieve’, es decir, evitar que el conflicto se haga más grande. Acostumbramos a no dar importancia a una crisis en sus inicios, y la dejamos crecer tomando poco a poco conciencia de que algo sucede, mientras que las señales de la crisis han sido evidentes y claras.

La tentación frente a una situación de crisis es buscar las salidas fuera, mientras que probablemente estén dentro. Dentro de cada uno de nosotros existe la posibilidad de un cielo personal o de un infierno personal; una posibilidad de realización o perdición, y esta posibilidad es solamente nuestra y de nadie más. Otra cosa es que en ciertas ocasiones necesitemos la ayuda de un profesional, porque nuestra visión de la situación sea tan parcial y difícil que precise un consejo especializado.

En realidad nos dan miedo las crisis porque nos dan miedo los cambios. Somos animales de costumbres y nos sentimos seguros en lo que conocemos y dominamos, y cuando se presenta la crisis, somos conscientes que tarde o temprano deberemos de hacer un cambio. Y, habitualmente, el cambio significa dolor, sufrimiento, enfrentamiento con momentos de dificultad o encuentro con la realidad.

Normalmente nos cuesta salir de lo que se llama la zona de confort. Pero no puede existir desarrollo mental, emocional, psicológico, espiritual o físico si no salimos de la zona de confort, es decir, si no entramos en una dinámica de esfuerzo, o, más allá, de sobreesfuerzo.

Es cierto que toda crisis implica un dolor. El dolor puede ser un gran maestro que nos puede enseñar cosas muy importantes (no es una llamada al masoquismo), porque en la vida hay cosas que sólo se pueden ver con lágrimas en los ojos.

En las crisis podemos aprender desde el dolor o desde la aceptación, que no quiere decir aprender desde la resignación. Cuando llega la crisis, es mejor aceptarla y mirar cómo la podemos solucionar, desde la reflexión, desde el análisis.।

Los cambios vienen por convicción o por compulsión. Es decir, porque tienes claro que has de cambiar y eres tú quien provoca la crisis, o porque de repente es la vida la que te da el efecto bofetada que te hace cambiar la visión de ti mismo, de los demás o de la vida. Cuando el cambio viene de afuera, genera pereza, resistencia, genera inercias; pero si somos nosotros los que aceptamos el cambio, los que vivimos abiertos al cambio, éste puede significar una experiencia positiva.

Una analogía: la lluvia es fantástica, la diferencia estriba en qué lugar estamos con respecto a ella, a cubierto o a la intemperie. Así sucede con las crisis, son muy beneficiosas porque la vida es una sucesión de crisis y cambios, pero, en cualquier caso, lo importante es saber en qué lugar estamos respecto a ella.

Para superar una crisis es necesario...

* Aceptar que las crisis, que a su vez producen cambios, son consustanciales con el crecimiento y la madurez del ser humano.
* Comer bien, descansar bien, dormir bien, beber suficiente agua, saber atemperar el ritmo de vida.
* Dejar que el paso del tiempo tome su tiempo. No apresurar las cosas para resolverlas, sino dar el tiempo a cada cosa. Por ejemplo, ante la pérdida de un ser querido, no sería nada adecuado pensar que con el entierro ya hemos superado el dolor, sino que, por lo general, necesitamos asumir la situación y sobrellevar el dolor con el paso del tiempo y la aceptación plena del hecho.
* Ser muy conscientes de la realidad. No perderse el momento de la crisis. En un sentido figurando, mirar lo que sucede con cierto sosiego: observación de la realidad, dejando que fluya.
* Una crisis bien asumida es una crisis bien resuelta. Esto significa que un buen análisis y una buena resolución puede ser una excelente ocasión de crecimiento saludable y vigoroso.
* Premiarse con refuerzos, ya sean vitamínicos, anímicos, o de regalos. Tratarse bien a uno mismo.
* Aceptar que no siempre se puede estar contento, que se puede llorar y que es saludable.
* Reducir todo tipo de actividades estresantes.
* Romper cualquier rutina.
Ir al cine, al campo, tomar el sol, etc., hacer algo diferente a lo habitual
* No olvidar que, por lo general, la crisis de hoy, es el chiste de mañana.

Lic. PATRICIA FRASCALI

patofrascali@gmail.com

Opiniones (1)
17 de octubre de 2017 | 11:16
2
ERROR
17 de octubre de 2017 | 11:16
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. ¡Qué fácil! Escribe algo... y aunque nadie lo lea, ni comente, a los diez día escribe otro bla, bla y sigue como un empleado público más.-
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