opinión

La revolución del Che Bergoglio

A días de la llegada del papa Cuba, un análisis desde la religión.

La revolución del Che Bergoglio

 La “revolución” del papa Francisco llega a Cuba, medio siglo después de que, otro argentino, el comandante Ernesto “Che” Guevara, entrara triunfante en La Habana para proclamar el triunfo de la revolución socialista.

El anuncio simultáneo con el que los mandatarios estadounidense y cubano sorprendieron al mundo entero este miércoles, anunciando el inicio de las relaciones diplomáticas entre ambos países tras 53 años de bloqueo y de hostilidad, coincidió en destacar la decisiva mediación del actual Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano y líder espiritual de los cristianos católicos en todo el mundo: el papa Francisco.

Según informa el periodista Pablo Ordaz, en EL PAÍS, las gestiones diplomáticas del Vaticano se llevaron a cabo por orden del Papa con la mayor discreción y “en el más absoluto silencio”, hasta que se produjo el anuncio oficial.

“Solo después de que Barack Obama y Raúl Castro, uno desde Washington y otros desde La Habana, pero con apenas dos minutos de diferencia, agradecieran la mediación del papa Francisco en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, la secretaría de Estado del Vaticano difundió un comunicado en el que confirmaba que ‘en el curso de los últimos meses’ Jorge Mario Bergoglio había escrito a ambos líderes ‘invitándolos a resolver cuestiones humanitarias de común interés, como la situación de algunos detenidos’.”.

Según revela Ordaz, “la colaboración diplomática entre Jorge Mario Bergoglio y Barack Obama se extiende mucho más allá de Cuba (…). Aquel día del pasado mes de marzo en que el presidente de Estados Unidos y el papa Francisco se encerraron a solas durante casi una hora en el Vaticano forjaron una alianza que incluye asuntos tan sensibles y tan distantes como el cierre de la base de Guantánamo, la reforma migratoria, Venezuela, la colaboración de Turquía en la lucha contra el terrorismo yihadista o la turbulenta situación de Oriente Próximo.”.

Sin duda el anuncio es una excelente noticia para el mundo occidental y, de modo particular para el pueblo cubano y para toda América. Solo comparable en nuestra historia reciente a la caída del muro de Berlín, en 1989. Aunque quizás sea todavía un poco prematuro aventurar el resultado final de lo que, de momento, es poco más que un gesto. Los muros burocráticos, políticos y jurídicos del bloqueo, por ejemplo, pueden ser más duros que las piedras del tabique berlinés.

Pero parece haber razones fundadas para el optimismo.

Una de esas razones es el propio papa Francisco, cuya figura no ha dejado de crecer en popularidad y prestigio desde que asumiera su pontificado en marzo de 2013, hace menos de dos años.

Más allá de su indudable carisma y sus gestos campechanos –que tan bien explota la maquinaria de propaganda vaticana--, el papa Francisco empieza a hacer honor a las credenciales con las que presentó su candidatura a ejercer un liderazgo moral dentro y fuera del ámbito de su iglesia.

Conocidas son las actuaciones recientes del Pontífice en contra de la pederastia dentro del clero católico, donde ha hecho de la “tolerancia cero” su consigna. Ahora, este papel mediador y pacificador entre Cuba y los EEUU le sitúa en la primera línea de un escenario escaso de líderes de referencia, a nivel mundial –desaparecido recientemente Nelson Mandela— que puedan ofrecerse como un referente ético y hacer una aportación relevante a la cultura de la paz.

¿Será ésta la revolución del “Che” Bergoglio? ¿Una revolución ética y un compromiso de veras por la paz? ¡Ojalá!

Hay quienes, además, le reclaman una revolución "religiosa" o "teológica", que acerque el dogma católico romano a la centralidad bíblica. Sinceramente, pienso que es pedir demasiado a cualquier Papa. Resolver un conflicto de medio siglo, como el de Cuba, es cosa ya de por sí difícil. Pero resolver un conflicto teológico de más de quinientos años... eso... Eso es otra historia.

¡Bastante tendrá ya Francisco, con lidiar con los enormes desafíos que le aguardan tanto dentro como fuera de su iglesia!

Lo cual no impide que podamos valorar, positivamente, los avances y los cambios que el Pontífice pueda impulsar desde el ejercicio de sus cargos --como Pastor católico romano y como Jefe de Estado-- en el ámbito de su influencia, que no es poca.

De momento, el Papa tiene una razón más inmediata --aunque cualitativamente menor-- por la cual estar preocupado: este sábado, el equipo de sus amores –el San Lorenzo de Almagro—se enfrenta en la final del Mundial de Clubes de Marruecos, al poderoso Real Madrid de Cristiano Ronaldo.

¡Y aquí difícil lo tiene!

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19 de agosto de 2017 | 01:21
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