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"Reflejos", cómo transformar tu martes en un infierno encantador

En su tercera temporada a sala llena, Reflejos sacude la cartelera cada martes. Tensión dramática, humor perverso y grandes actuaciones; en un viaje imprevisible.

Reflejos, cómo transformar tu martes en un infierno encantador

 Todo comienza con un arranque azaroso. Según cuenta el director Ariel Blasco (La felicidad), el proyecto de Reflejos terminó en sus manos casi por casualidad. En medio de su deseo de montar una obra nueva, leyó en un colectivo de larga distancia el texto de Matías Feldman, que llevaba entre otras cosas en su mochila. Impactado por la mixtura de atmósferas y temas que plantea el autor porteño, empezó a cranear una puesta que, además de repercusión de público; ha cosechado excelentes críticas en varias ciudades del país.

Confiando en el potencial del libro, que combina fuertes dosis de tensión dramática con pinceladas de un humor tan oscuro como perverso, Blasco se lanzó a la búsqueda de un espacio que potenciara la infernal historia de oficina que desarrolla Reflejos. Desde un comienzo, el director sostuvo la idea de que para reforzar el resultado a nivel climático, lo mejor sería dar con un espacio que esquive las convenciones de una sala de teatro. Después de visitar algunas posibles locaciones, encontró el buffet del teatro Independencia, un pequeño recinto que se utiliza habitualmente para reuniones y ensayos. El aporte dramático que ofrece el lugar es clave. Por un lado, vemos a los personajes de la historia un su hábitat natural oficinesco. Por otro, como espectadores quedamos ubicados apenas a unos centímetros de la acción.

La obra arranca con un monólogo demoledor a cargo de una ultra precisa Tania Casciani, en su rol de Lucrecia Morgan, empleada de una gran empresa que está a punto de promover cambios en su estructura jerárquica. El texto inicial es clave, ya que condensa la gran paleta de temáticas por las que paseará con velocidad e intensidad la puesta. Los traumas familiares, los fracasos de pareja, las ambiciones laborales, la competencia, la desconfianza, los rencores; y por sobre todas las cosas, el sinsentido que muchas veces adquieren todos esos conflictos. Con una apertura tan filosa, Reflejos no tiene otra chance que la del espiral dramático ascendente. Y logra con creces internarnos en su paseo abismal.

Reflejos

Los personajes agitan sus pasiones en un universo tan convulsivo y automatizado como el de una oficina. Un lugar en el que inevitablemente todo se mezcla, a pesar de que sus criaturas se esfuercen por demostrar lo contrario. Las relaciones laborales se confunden con las historias amorosas presentes y pasadas del triángulo que conforman Manuel García Migani, que depara más de una sorpresa interpretando al loser de Francisco Gámez; Eliana Borbalás, notable en las oscilaciones de vulnerabilidad y fortaleza con que logra representar a su Florencia Pelaia; y Diego Quiroga, en la tecla justa con su winner trepador Federico Guzmán. La puesta decodifica la maquinaria de todo mundo empresarial, con unos trabajadores robotizados que planifican meticulosamente cada paso. Aunque una sola movida en falso, pueda significar la debacle.

El oficio profesional y el tráfico de chismes, se revuelven en cada crispado momento de Reflejos. Y así, el ansiado puesto vacante de subdirector, puede recibir tanta atención como las atravesadas palabras del diario íntimo de algún integrante del personal. Todos sin excepción son parte de una fauna siniestra. Ni siquiera la desopilante y arrasadora aparición de Alejandra Trigueros, como Alicia de Gámez, la madre de Francisco; logra escapar de esa tóxica coctelera laboral-personal. La presencia de Alicia es clave a la hora de descomprimir y tensar la historia, dosificando en cuotas iguales el carácter contenedor y border que anida en el calor maternal.

Para que todo este mundo fluya sin fisura alguna, Ariel Blasco logra manejar con maestría las coordenadas espacio-tiempo. El ámbito del buffet del teatro Independencia no sólo le da verosimilitud al cruce de intrigas de oficina, sino que por momentos se transforma en un escenario aterrador y sobrenatural. A medida que avanza el relato, veremos en escena tanto a los personajes que juegan un rol crucial en las acciones y diálogos que se están desarrollando; como a otros que permanecen aparentemente en una actitud más climática o pasiva. Este aporte potencia el dinamismo visual de la puesta, y enriquece la lectura de unos hechos que paulatinamente ganan en matices de profundidad.

La presencia de un espacio que cobra protagonismo, se integra a un desarrollo temporal que conduce hacia el clímax del conflicto. Si bien la historia se desarrolla en un aparente presente real, las alusiones al pasado nos permiten dimensionar el recorte al que estamos asistiendo. A nivel de cruce de coordenadas, la obra se anima a mucho más que esto. A medida que todo avanza hacia la destrucción, Reflejos muta su estructura realista hacia un limbo en el que lo anecdótico y lo metafórico estallan en mil pedazos. Como en todo acontecimiento artístico, la conmoción se impone sobre un premeditado puñado de respuestas.


Actuan: Eliana Borbalás, Tania Casciani, Manuel García Migani, Diego Quiroga y Alejandra Trigueros como Alicia de Gámez
Diseño Sonoro: Fernando Veloso
Diseño Gráfico: estudioCOSO
Dramaturgia: Matías Feldman
Producción: Marcelo Ríos
Dirección: Ariel Blasco 

Importante: dado que la sala tiene capacidad limitada, recomendamos reservar tu entrada a través del siguiente sitio web:  http://www.reflejosteatro.com.ar/reservar_14 

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18 de agosto de 2017 | 22:04
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