opinión

Los unos y los otros

Hablar de transición es referirse a situaciones traumáticas.

Los unos y los otros

Hablar de transición de un gobierno a otro en nuestro país, es hablar de situaciones traumáticas, ya desde lo político, lo social o lo económico. A pesar de llevar, felizmente, más de 30 años de recuperación del ejercicio democrático de elegir y ser elegidos a través de las urnas, aún no logramos la madurez para comprender que no se trata de una batalla por el poder en sí mismo, sino de contiendas electorales para seleccionar a quienes nos representarán tanto en el nivel Ejecutivo como Legislativo, con el fin de que conduzcan en nuestro nombre el mejor destino como nación.

Esto que parece algo de perogullo, no lo es a la hora en que se acercan las contiendas electorales, porque a la mayoría le cuesta dejar su cuota de poder y nadie -los unos y los otros- quiere perderla, ya sea anquilosándose en los cargos o pretendiendo que alguien de su riñón sea el o los elegidos en la “sucesión” con alineamientos o rupturas que no siempre tienen el final esperado. Estas actitudes en lo político partidario tiene, en mayor o menor medida, su correlato en lo político institucional, desgastando muchas veces la relación que debe existir entre gobernantes y gobernados, que es precisamente lo que hay que seguir fortaleciendo como base del sistema representativo, republicano y federal.

Detengámonos un momento en el concepto de federal, ateniendonos a su acepción. “Es un sistema político que asocia o une grupos u organizaciones políticas (provincias, municipios) para constituir una organización más amplia (Estado central) que los comprende respetando su autonomía”. Este es el meollo de la cuestión – la autonomía-tanto en las decisiones que hacen al todo (la Nación) como a cada una de sus partes (provincias y municipios) pero con la independencia que otorga, por ejemplo, en lo que hace a la selección de sus candidatos dentro del ámbito que corresponda y no por designios de quien detenta circunstancialmente el poder, situación en la que tenemos una vasta experiencia.

En este marco se inscribe el último tramo de la gestión del gobernador de Mendoza, Francisco “Paco” Pérez, quien en este último proceso electoral que estamos transitando, por primera vez desde que asumió, decidió no arrodillarse frente a la “dedocracia” presidencial y a la elección de los candidatos. Un gesto político que levanta su imagen, sin lugar a dudas. Pero el interrogante que surge es por qué recién ahora cuando desde el inicio de su gestión se sometió a los designios del poder central, sin que eso redundara (al menos) en más beneficios para Mendoza.

En cada renovación legislativa no primaba una selección basada en quién defendería mejor los intereses de Mendoza sino quien obedecería más y mejor las decisiones nacionales. Por eso hay que celebrar ese cambio en el mandatario provincial. Sin embargo, el costo de haber demorado tanto esa decisión, ha tenido tiene consecuencias para la provincia. Los recortes (léase castigo) no tardaron en llegar. No se podía perdonar que no se encontrara una fórmula “de consenso (léase la señalada por la Presidenta de la Nación)” para continuar con el “proyecto”.

Y aquí surge otro factor, que nos lleva a no pensar en el largo plazo. No otro que el concepto de que no muere, se termina, se destruye después de la finalización de un mandato, cuando en las sociedades más avanzadas (democráticamente hablando, para evitar suspicacias) no sucede lo mismo sino que se profundiza lo que estuvo bien hecho y se buscar modificar, mejorar e incluso cambiar lo que no logró los resultados esperados. Esto nos falta comprender. El día que lo hagamos, no habrá “castigos” para aquellos que desobedecieron una orden. Los castigos corporales quedaron atrás hace muchísimo… pero los político-partidarios-institucionales no.

Ahora le tocó el turno del castigo personal de todo el elenco nacional, pero también recayó sobre las espaldas de los mendocinos. Es de esperar que el Gobernador le siga poniendo el cuerpo a la adversidad para que esta transición sea lo menos traumática posible. Pero al mismo tiempo hay que advertir –no sólo al oficialismo sino también a la hoy oposición pero que también aspira a ser gobierno- que la verticalidad necia y ciega no conduce a buen puerto para los ciudadanos.

Y por último, una reflexión: Las sociedades maduran cuando un caudillo o líder no ordena cómo pensar y como valorar las acciones, parafraseado al escritor Marcos Aguinis.

Norma Abdo

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15 de diciembre de 2017 | 11:11
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15 de diciembre de 2017 | 11:11
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
    Leopardo al acecho