opinión

"Big Eyes", ¿perdimos a Tim Burton para siempre?

Después de auto copiarse en sus últimas películas, Burton desaprovecha una historia que lo pudo devolver a su mejor cine. La inconsistencia con la que aborda el conflicto acusa las dificultades de salir del letargo.

Big Eyes, ¿perdimos a Tim Burton para siempre?

Big Eyes tenía todas las cartas a su favor para ser una gran película. Por un lado, se basa en la historia real de una artista resistida por la crítica como Margaret Keane, creadora de populares retratos de niños y niñas, caracterizados por esos grandes ojos a los que alude el título del film. Por otro, los autores del guión son los mismos de Ed Wood, el trabajo más sensible en la carrera de un Tim Burton siempre dispuesto a ofrecer una mirada afectuosa hacia personajes fuera de la norma, que se hacen fuertes a partir de la tenacidad de sus convicciones.

Si bien el director vuelve a ponerse del lado del arte incomprendido, y reanuda su compromiso con el universo kitsch; no logra ni por asomo los niveles de profundidad y emoción de aquel hito de los años '90, que giraba sobre la historia del considerado "peor director de la historia del cine". En Ed Wood, el espectador no sólo empatizaba con el delirio creativo y el mal gusto del personaje interpretado por Johnny Depp, sino que comprendía la lógica de su caótico universo. Nada de eso sucede en Big Eyes.

En la primera escena de la película, la voz en off del periodista que lleva adelante el relato, nos cuenta y nos muestra a una Margaret huyendo de un matrimonio opresivo; y llevándose con ella unos cuadros y su hija. A partir de allí, la incipiente artista (interpretada por una siempre atinada Amy Adams), se establece en San Francisco a mediados de los '50, y al poco tiempo se casa con Walter, un pintor cuyo encanto resulta sospechoso desde el primer minuto de la historia (Christoph Waltz en un registro tan desbordado como isoportable). Walter es entre otras cosas, un mentiroso compulsivo, y pronto estará comercializando la obra de su mujer; y haciéndose pasar por el verdadero autor de esas creaciones. En una sociedad como la americana de mediados de los '50, cierta cuota de machismo era moneda corriente, y en parte por tal motivo, este matrimonio concibe una macabra dinámica: ella se quedará puertas adentro pintando en secreto, y él se encargará de posicionar en el mercado los cuadros de los niños de ojos saltones. La fama y el dinero no tardarán en llegar, y todo el reconocimiento público y mediático irá directo al supuesto artista que es Walter.

Big eyes


Burton no quiso tomarse esta historia a la tremenda y optó por un tono de fábula colorida, que por momentos coquetea con el de su exitosa El gran pez. Sin embargo, en Big Eyes circulan temas como el de la violencia psicológica y la apropiación de la obra ajena, cuyo abordaje ligero e inconsistente resulta demasiado infantil. No estamos aquí frente a un universo lúdico como el de Charlie y la fábrica de chocolate, y pronto el conflicto central del relato se torna injustificable e insostenible.

Si Margaret antes huyó de un marido dominante, ¿por qué luego pasa una década sumida en las mentiras de una pareja que encima se atribuye el mérito de su propia creación?. El desarrollo del guión no ayuda a que comprendamos los niveles de inseguridad de ella, y parte de esto es porque el relato está demasiado orquestado alrededor de la histriónica figura de Walter. El espíritu feminista que muchos críticos han encontrado en Big Eyes, puede contrastarse fuertemente con la moderada atención que recibe la verdadera protagonista de la historia. Así y todo, una luminosa Amy Adams consigue construir un personaje querible. El problema está sin dudas en la configuración del embaucador que interpreta Christoph Waltz. El corte del personaje es tan caricaturesco, que cuando más tarde debe volverse verdaderamente maligno; el giro se vuelve tan forzado como imposible.

Pero no todo es un desatino, cuando la película decide jugarse por la ironía, allí sí que gana terreno. Gran parte del cambio que desarrolla Margaret se genera bajo la inesperada influencia de los Testigos de Jehová, y Walter se defiende a sí mismo en una desopilante escena de juicio que se desarrolla en un estrado de Hawaii. Es evidente que esta película representa un esfuerzo de Tim Burton por salir del letargo, que lo llevó a auto copiarse una vez más en la reciente Sombras tenebrosas. Dejar de hacer la plancha tiene sus complicaciones, y el realizador descansó sobre logros pasados durante demasiado tiempo. Esperamos que Big Eyes sea un film bisagra que lo devuelva a lo mejor de su cine. Todavía tenemos esperanzas.

Big Eyes / Estados Unidos / 2014 / 105 minutos / Apta mayores de 13 años / Director: Tim Burton / Con: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jon Polito, Terence Stamp.

Opiniones (1)
15 de diciembre de 2017 | 23:11
2
ERROR
15 de diciembre de 2017 | 23:11
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  1. MMMMM ¡¡¡SPOILER ALERT!!! QUE RIDICULA EXIGENCIA PARA UN GENERO BIOGRAFICO. NO HAGAN CASO DE ESTO POR FAVOR
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7 de Diciembre de 2017
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