opinión

La izquierda imprevista

El mundo de la izquierda es en algún sentido una bohemia errática bastante cómoda.

La izquierda imprevista

Hay una costumbre insana, en la política, en la que todos caemos (me hago cargo) por facilismo, comodidad o confort intelectual; cuestión de simplismo geográfico por un lado, maniqueísmo de formación cultural por otro. La cosa es que tendemos siempre a dividir, entre derecha e izquierda. En la sociedad, a los partidos políticos, (entre) los partidos políticos, hacia el interior delimitando fronteras. Derecha e izquierda. Es cómodo diría, en principio, porque nos facilita y allana un camino, nos evita un esfuerzo intelectual para profundizar más allá de las consignas y más allá de las delimitaciones artificiosas, muchas veces forzadas, para poner frente a frente posiciones, estilos políticos de conducción.

La determinación de la ubicación generalmente viene de la mano de una rabiosa proclama, de los gritos que declaran banderas. Esto, es más patente en específicas situaciones, coyunturas que, hacen emerger, como cuando flotan las botellas de plástico en los lagos, liderazgos a cielo abierto. La comodidad del análisis político. En esa zona de confort intelectual caemos cuando desde arriba se lanzan los dardos para un lado o hacia el otro. Es que representa un gran esfuerzo ponerse a pensar. Pensar en el medio de la vorágine electoral es prácticamente una pérdida de tiempo en términos de militancia y acciones políticas. Y eso es lo que está pasando en el peronismo, en el kirchnerismo y en el radicalismo. No pensar. Solo accionar.

En la izquierda también pasa, pero de manera diferente porque la izquierda ya está claramente ubicada en la delimitación geográfica, autorreferenciada en los ejes cartesianos. Decirse de izquierda es una toma de posición que mira desde una lente todo el panorama, de derecha. Por eso en la izquierda formal tienen esos problemas de no entender a los grandes movimientos populares. No solo en la Argentina sino también en Latinoamérica. Pero ese, es el problema de la izquierda, la que se dice y se para desde ese sitio, desde ese mojón, para denunciar de derecha a todo lo que está enfrente, en definitiva, a la mayoría.

La palabra izquierda está bastardeada. Se la usa para dividir hasta las discusiones familiares. También hay cierto desprecio hacia la izquierda desde los partidos tradicionales. Porque quienes beben de esas fuentes, manantiales y acuíferos para las grandes manadas y cardúmenes, la izquierda autorreferencial, siempre estaría equivocada. En primer lugar porque en la izquierda, por lo general, se ubican los jóvenes (y los jóvenes, siempre estarían equivocados).

Diría que la izquierda es un partido hecho de una determinada franja etaria que le sostiene la vitalidad y, por condición de rebeldía, su ideario prepotente. Una cosa es cierto: en la izquierda (y aquí ya ubico a todos los que se consideran de izquierda ya sea en partidos trotskistas o en partidos tradicionales) está la posta. Se parte de esa premisa, “ser de izquierda es tener la posta”. Y a esa premisa la alimentan no solo quienes militan en esos sectores sino quienes se le enfrentan. En fin, la izquierda hoy en la Argentina es la que se muestra y muestran los medios con sus interpretaciones y etiquetas. Ser de izquierda también forma parte de ese mundo intelectual que seduce a periodistas, músicos, artistas y escritores. Y así, construyen el mundo de las divisiones y las clasificaciones quienes detentan el poder de nominar: intelectuales universitarios, periodistas, políticos, diseñadores de iconografías urbanas. Medios de comunicación. El esfuerzo intelectual llega hasta ahí. Y más aún se refuerza esta idea primigenia de tener la posta si la refrendan jóvenes músicos, jóvenes periodistas, jóvenes anarco-poetas.

El mundo de la izquierda es en algún sentido una bohemia errática bastante cómoda que puede durar mil quinientos años así. Aunque cambien los gobiernos de color y de olor. La comodidad negadora del esfuerzo intelectual. Un sentido unilateral del pensar. Una línea inequívoca. No obstante todo esto, que está instaladísimo en la cultura nacional, “la izquierda real”, en todo caso, si tenemos que utilizar el término izquierda, está siempre en otro lado. Es tangencial, contingente, colindante. Orbita por fuera de esas clasificaciones. Se mueve como los animales: en jaurías, cardúmenes o manadas. Buscan fisuras y pujan. No es previsible.

Es lo que yo llamo la “Izquierda imprevista”. La que no está en el plan de nadie. La que no puede dominar nadie. La que se filtra por las paredes resquebrajadas, como la humedad de las casas, nuevas y viejas. Una izquierda orgánica, terrestre, eco humana. Explosiva por momentos pero por lo general quieta y sabia en la espera de los acontecimientos populares. La que está agazapada y en el momento menos pensado: barre la basura, la recoge y limpia el panorama, lo despeja. Una izquierda también incidental. Parida por una especie de maleficio histórico.Crecida como un cáncer en los partidos tradicionales que nacieron populares y se hicieron burocráticos. Esta es la izquierda imprevista. Una izquierda no mediática ni mediatizada. Que habla otras lenguas, otros dialectos. Una izquierda silenciosa que envenena y cura a la vez. Enferma y genera anticuerpos. Una izquierda indomable. Conducida por sus propios virus.

En algunos países se expresa en movimientos sociales, en otros, a través de ramas obreras, en algunas provincias como manadas territoriales autogestivas. Sin próceres, sin dioses prestados. Una izquierda muchas veces virgen, como islas desconocidas, esas que no salen todavía en los mapas. A la que no han llegado los exploradores ni los viajeros. Incultas a la vista de los que se autoreferencian de izquierda. Imprevista. Oculta como los topos en el invierno. Que no sale en los medios porque los medios no saben dónde está. Huidiza como los gatos salvajes. Domesticable a fuerza de represiones y masacres. Esa izquierda que sabe colarse por las heridas abiertas de los partidos populares que han perdido el norte, es la izquierda que construye, a su modo, un socialismo imprevisto y, que muchas veces, no se presenta en las elecciones, no se muestra. Tal vez porque ya eligieron otro camino. Otro túnel subterráneo.

Opiniones (10)
22 de agosto de 2017 | 04:53
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22 de agosto de 2017 | 04:53
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  1. El artículo en sí, es interesante. Da pena ver gente minimizándolo por sectario, usando sectarismo. Mmmm. Creo que la política en general nos ha faltado demasiado tiempo en este país. Demasiados gobiernos dictatoriales, gestaron un pensamiento por lo menos soberbio, en derecha e izquierda. Hoy hacen falta estadistas que gobiernen por encima de derecha e izquierda o centro o como quieran autodefinirse. Gente honesta o no, esa es la cuestión. Lo demás es sarasa. Una epidemia de HONESTIDAD REVOLUCIONARIA diría yo. Y cárcel, mucha cárcel para todos los vendepatria sean éstos del lado que sea.
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  2. Padilla, lo tuyo es ya una mala costumbre. Nadie está confundido. Ni el radicalismo ni el kirchnerismo ni el peronismo, ni mucho menos la izquierda que ha aparecido. Solo son nichos de mercardo, explotables hasta que hartan, a los diez o doce años y eso es solo porque el peronismo usa sus corporaciones fascistas para permanecer (gremios, asociaciones empresariales y ahora hasta la AFA), y cuando pierde las hace operar para voltear al elegido de otro corral. No hay izquierdas desde Alfredo Palacios. No hay derechas desde Perón. Solo hay vivos que viven de ello, y vos sos uno de ellos.
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  3. es la discusion que tenia el otro dia con un forista......hubo que explicarle que era ser de centro, como siempre, como todo tipo de ultraderecha, se quedo sin argumentos, nunca saben nada los neos
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  4. De todas formas está mucho más fácil de entender lo de tatohe que la versión literato-intelectualoide y retorcida del marmat!
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  5. Análisis de tercer año de secundario, por favor un poco más de rigor. Que lea un poco más el comentarista, que por lo menos ya une sujeto, verbo y predicado, que espanto por dios.
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  6. Zzip: ¿Por qué dividiendo? Es mi opinión y creo que en este caso Padilla vuelve a una dicotomía retrógrada; eso quise decir simbólicamente con que su artículo sobra.. De ninguna manera pretendo que mi opinión (para nda mi artículo) sea protagonista. Creo en definitiva que es lo que Padilla pretende, así que hasta contradiciéndome (¿Quién no lo hace?), estoy dándole el gusto. Es solo eso; no se haga problema. Saludos.
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  7. Discúlpeme tatohe, nuevamente dividiendo, porque "sobra" el artículo de Padilla, mire todo lo que le generó a Ud. para escribir. O será que desea que su artículo sea el "protagonista"
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  8. Marce, vos seguís en la "izquierda imprevista" o ya elegiste el "otro camino"?, en San Juan necesitan un poco de "izquierda real", no te animás a lograr enfrentar a las "manadas territoriales autogestivas" de los Gioja
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  9. Debo de decir que tu nota hoy me gusto.
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  10. La dicotomía derecha-izquierda es más folclórica que real. Se fomentó conceptualmente con la división del mundo en el frío enfretamiento yanqui-soviético. Sin embargo un análisis objetivo de los procedimientos políticos en uno y otro lado nos muestra indudablemnte que las semejanzas fueron muchas más que las presuntas diferencias. ¿Que diferencia puede haber entre un capitalismo privado y un capitalismo de estado si los tipos que lo manejan y se privilegian son los mismos? Pero ese cuento de izquierda-derecha sirvió para dividir al mundo y beneficiar a los dos supuestos extremos. Algunos iluminados promovieron una imposible tercera posición, simplemente para tratar de mendigar algo de las migajas que se caían de la mesa de los poderosos. Se inventaron competencias estúpidas como la carrera a la luna, simplemente para llenar con la corrupción los bolsillos de unos pocos, en uno y otro bando, y se condenó al mundo a una situación de servilismo para sostener aquellos privilegios. Con la caída de la URSS, fundamentalmente a causa de sus contradicciones internas, la opción derecha o izquierda perdió el sentido porque se dio a la luz la gran mentira. Hoy aquellas divisiones han recalado en los fanatismos religiosos. Esto es mucho más peligroso que aquello porque aquí no hay mentiras: todo se asienta en el dogmatismo de la verdad, porque el fanático religioso cree que lo que cree es la absoluta verdad, como una lógica posición de su fe a veces inmensamente irracional. Ahora los EE. UU. y sus satélites, ya no se plantean a la izquierda como amenaza. Ese cuento se terminó. Sólo sigue vigente en las retrógradas estructuras políticas de algunos países que atrasan en el tiempo, o en la mente de algunos opinadores que no se han despertado aun a los nuevos tiempos. Pero sigue siendo un buen cuento para los que, disfrazados de progresistas, siguen pretendiendo gozar de algunos privilegios, con discursos populares y de barricada, mientras siguen aumentando vergonzosamente sus ya abultados patrimonios. Este artículo, Padilla, simplemente sobra. Una pena.
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