opinión

Besos

“De religión y de política es mejor no hablar”, dicen los amigos.

Besos

“Quien no fue mujer

ni trabajador

piensa que el de ayer

fue un tiempo mejor…”

(María Elena Walsh)

1

Sé que las cosas que voy a decir podrán causarles cierta incomodidad. Y les aseguro que más de uno de ustedes me agradecerá que los ponga a salvo en mi silencio.

“De religión y de política es mejor no hablar”, dicen los amigos y, de esta manera, mantienen una relación maravillosa: las saliditas a caminar, los paseos en vacaciones, las comiditas en familia. Terminan hablando de todo; excepto de política y de religión (y de su propia vida personal, claro está). Entonces, ¿de qué hablan? ¡De los demás! “Pero, ¡qué gorda está esa chica!”; “Ah, sí, ¡y qué mal le queda el novio a ese otro!”, “¡Shhh!, ¡no digás nada sobre eso que mi niño todavía no se duerme!”, y así, la interminable comidilla que mantiene esa amistad en la que no es posible hablar ni de política ni de religión. Pero, como la política y la religión se entremeten en todos los aspectos de la vida de las personas, entonces no es posible hablar de nada. “¿De nada?”. “¡Bueno, sí, de cosas lindas!”. “¡Ah!”.

2

Este verano, mis amigos uruguayos hicieron una vaquita y me invitaron a pasar unos días en Montevideo. En este enunciado les dejo muy claras dos cosas: primero, mis amigos uruguayos son muy generosos conmigo; segundo, no todos andamos vacacionando y gastando dinero por ahí y estamos tan bien como dijo la Presidente de los argentinos en sus discursos de temporada estival.

En fin, de todas las imágenes mentales que traje de Montevideo quiero compartir con ustedes esta:

Una tarde / La playa / Dos chicas / Beso apasionado / Gente en alrededores / Gente mira a las chicas / Cada quien sigue con lo suyo /.

¿Que las chicas fueron tratadas con indiferencia? Creo que no. La mayoría de los que presenciamos la escena miramos con cierta complicidad (fue imposible no mirarlas) y seguimos camino. Algo así como vivir y dejar vivir. ¿Que para algunos el beso fue escandaloso? ¡Seguramente, mi amigo!; pero le puedo asegurar también que no lo fue para la mayoría.

Yo me quedé pensando que después de aquel beso de Marilina en Puerto Pollensa ningún otro beso fue descarado. Podemos poner otros adjetivos al beso de las chicas en la playa, pero ya no creo que pueda ser el de “descarado”. Y es que en materia de derechos sociales tenemos que aceptar que ese país vecino y el nuestro han avanzado, un poco, sí, pero han avanzado.

Ahora bien, se equivoca aquel que piensa que esos avances se han producido por la buena voluntad de los gobernantes: en Argentina, las militantes del Partido Socialista y las Anarquistas de comienzo del siglo XX luchaban a favor del sufragio femenino. ¿Que fue reconocido en el mientras tanto de un gobierno peronista? Sí. Pero el sufragio femenino era inevitable. ¡Y qué mejor que aprovechar la movida, reconocer el derecho y pasar a la historia en un billete de cien pesos! Bien, es excelente y es cierto. No menos cierto que la dura pelea de muchísimas mujeres persiguiendo la igualdad de derechos.

En este siglo, el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. Muchos hombres y mujeres siempre insistiendo en la igualdad de derechos. Pienso en los cantantes que se jugaron por esa igualdad: la Walsh, Miguel Abuelo, Federico Moura, Eladia, Marilina, Celeste, Sandra… Ninguno de ellos bancado por ningún poder político que yo sepa, apostaron a una ética-estética sobre el escenario, arriesgando (y perdiendo, muchas veces) el dinero de sus bolsillos, mientras otros cantantes, prendidos a la teta del poder político se acicalaban y, cómodamente, cantaban y siguen cantando canciones que a nadie incomodan, entre ellas, por supuesto, el Himno, esa canción en la que todos podemos ponernos de acuerdo, tal vez.

¿Hubo voluntad política para sancionar esas leyes en Argentina? Sí, Cristina tuvo fuerza, antes de tropezar y caer a tomar matecitos con Bergoglio en el Vaticano y así detener todo (cuestiones diplomáticas, dicen los que -no- saben cómo justificarla). Hubo voluntad, pero hay que señalar que estas leyes fueron muy resistidas entre los mismos políticos incluso del peronismo, algunos de los cuales hoy siguen pregonando que quieren familia con mamá y papá. Se quedaron en el tiempo y pretenden ser el futuro… Hummmmmm, ponele.

Mi paseo por la playa montevideana se termina. Pero creo que no dejaré de pensar en esto hasta escribirlo.

3

Mismo verano / Quince días después / Ciudad de Mendoza / Mesitas de una heladería en la vereda / Dos chicas / Beso apasionado / En la mesa contigua, papá y mamá distraen a sus niños y hacen que miren hacia otro lado.

Mirar hacia otro lado. ¿Hacia dónde?

Al mendocino le gusta mirar hacia las tradiciones. Papá y mamá prefieren que los niños miren el book vendimial a que se acerquen a un gesto de cariño que no está dentro de lo que para ellos es lo correcto. Claramente, es un asunto cultural y esa cultura está atravesada en Mendoza, como en casi todas las provincias argentinas, por la Iglesia Católica (ya sé, amigo, de religión tampoco se puede hablar, pero trate de seguirme en mi razonamiento y después demuéstreme que estoy equivocado).

Además del dinero que el Gobierno Nacional destina para el sostenimiento de ese culto, el Gobierno Provincial destina la mayor parte del presupuesto de Cultura para la Fiesta de la Vendimia: una fiesta católica disfrazada de fiesta popular. Imagínese: lo que llaman “Bendición de los Frutos” habilita a una virgen (¡?) y a un par de curas durante un buen tiempo para hacerles saber a los mendocinos que sin esa bendición todo corre peligro. Ni hablar del Acto Central y los demás actos menores en los que una virgen es el elemento mágico que resuelve el conflicto que mediocremente esbozan los guiones vendimiales. Porque ningún guión vendimial va a poner sobre el tapete el menosprecio que los gobernantes tienen por los trabajadores, ningún guión vendimial va a criticar la mamarrachada cultural a base de bachateros importados. ¿Que eso convoca gente? Sí, mi amigo, en eso estoy totalmente de acuerdo con usté; miles y miles de moscas no pueden equivocarse: la caca es deliciosa.

Después de la gran fiesta, la sociedad mendocina habilita a esa “otra gente” para una Vendimia para Todos (pero, si esta es para todos entonces, ¿la anterior para quién era?) y los mendocinos se vuelven “gays friendly” por una noche y sólo dentro de un salón de fiestas. Eso sí, cuando las chicas se besan en la heladería, ¡minga, de gay friendly! Hay que hacer lo que hay que hacer y, si no les gusta, ¡que se vayan a vivir a la isla de Quarracino!, porque la democracia es el Gobierno de la mayoría, ¿no? (¿!).

Al mendocino le gusta mirar hacia las tradiciones, hacia lo que no cambia, eso que se resiste a ser modificado; eso que, al final de cuentas, atrasa. Mientras tanto, entre las minorías avasalladas, los individuos se rehacen y trabajan incansablemente por una sociedad verdaderamente inclusiva. Son pocos, lo sé, amigo. Algunos son artistas que no convocan a un público masivo aunque pongan todo de sí. Pero, le aseguro, amigo, valen la pena, siempre tienen algo para decir que merece ser oído.

Opiniones (2)
19 de agosto de 2017 | 13:48
3
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19 de agosto de 2017 | 13:48
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  1. Retraro de Mendoza la pacata
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  2. Precisa radiografía de nuestra triste mentalidad menduca. ¡Buenísimo, Jorge Mezzabotta!
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