opinión

Menos temor y más confianza

Un Gobierno imprime sus prioridades y traduce su voluntad política en resultados.

Menos temor y más confianza

 Crecimiento, integración y distribución: las políticas asociadas a esos términos definen las oportunidades de un país y su pueblo. En ellas un Gobierno imprime sus prioridades y traduce su voluntad política en resultados.

De acuerdo a lo informado, el último jueves, por el Banco Central (BCU)[1], Uruguay volvió a crecer. Sumamos más de una década de expansión. En el 2014 fue de un 3,5%. Una cifra que está muy por encima de lo alcanzado por América Latina (1%), y también por encima del promedio mundial (3,3%).

En materia de distribución, de acuerdo a lo informado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE)[2], en 2014 se logró bajar en 1,8 puntos porcentuales las personas por debajo de la línea de pobreza –compromiso de campaña 2009) con respecto al año anterior. La estimación puntual se situó en 9,7 % para el total del país (en 2004 era 40%).

En síntesis: aceleramos el motor productivo y lo asociamos a una mejora notable de la distribución – enfocada en quienes más lo necesitan-. Esto – que representa el eje natural para una sociedad saludable – jamás lo entendieron quienes gobernaron desde manuales importados de corte neoliberal a kilómetros luz de las necesidades populares. Fue por ello que arrastraron a nuestro pueblo a una situación insostenible a principios de los dos mil.

En esas circunstancias asumimos, cuando nuestro país estaba frente a la necesidad urgente de políticas que lo sacaran del prolongado estancamiento económico y sus efectos traducidos en una profunda crisis social. Los responsables basaron siempre sus explicaciones en excusas dirigidas a las circunstancias económicas internacionales. A las cuales hay que atender aunque no menos que las responsabilidades que implica la gestión política gobernante.

Al pueblo le habían arrebatado sus trabajos, sus ahorros, sus proyectos. Y eso no lo olvidó. Por ello supervino el desmoronamiento de estructuras partidarias arcaicas acompañadas por discursos igualmente estancados.

En esta década la economía se cuadruplicó y la inversión social fue la más grande de la historia de nuestro país. Esto es lo que ha permitido reducir la pobreza a menos de la cuarta parte –desde 40 a menos de 10 - y prácticamente eliminar la indigencia. Y el Salario Real acumula una mejora del 50%.

No son datos menores. Nuestro país está trazando un camino firme y claro hacia mejores condiciones para el desarrollo productivo e inclusivo. Si no es así no se puede definir como desarrollo. Forjando condiciones más justas y consolidando equilibrios. Donde las oportunidades estén al alcance de toda la población. Donde el futuro dependa de nosotros mismos. Donde nadie sea menos que nadie. No son rimas funcionales a un relato improvisado ni demagogo. Por el contrario, representan los principios irrenunciables de nuestra fuerza política. Resignar esa lucha sería renunciar al sentido frenteamplista.

Desde que el Frente Amplio alcanzó el Gobierno, los titulares de la prensa y los voceros del conservadurismo invocan incesantemente lo mismo: siempre son tiempos perfectos para engendrar una crisis. La hipótesis para explicar que las mejoras cosechadas en esta década obedecen al “viento de cola” ahora dio un giro súbito de 180° y pasó a fuerte “viento de frente”. Un tsunami. Todo lo explican con un lacónico: “cambió el viento”. Son los mismos de la mano invisible.

Cuando fueron gobierno proponían ajustar el cinturón, y desde que son oposición proponen ajustar el cinturón. Siempre la misma monserga: “porque somos responsables hay que ajustar el cinturón”. Siempre el de los sectores trabajadores. Siempre para podar recursos a las políticas sociales – auspiciados por sesudos informes – y que nadie “ose controvertir” - que llegan desde oficinas ubicadas a distancias siderales de las realidades de la gente -. Siempre lo mismo. Siempre disparando temores. Siempre magros de propuestas.

La porfiada realidad en cinco verdades incuestionables: 1) Nunca antes hubo un crecimiento sostenido como el de esta década. 2) Nunca antes hubo niveles de empleo y cobertura social tan altos. 3) Nunca antes hubo niveles de distribución y de inversión en políticas sociales como los actuales. 4) El contexto internacional ahora resulta menos favorable. 5) Uruguay tiene una solidez estructural que le permite seguir su desarrollo.

Gobernar un país es un desafío inmenso. Es una gran responsabilidad. Exige honestidad, preparación y valentía. Implica proyecto y liderazgo. Para generar los equilibrios que les permiten a los ciudadanos sentir que las oportunidades son accesibles a todos.

Vamos a seguir gobernando con la misma convicción que nos ha permitido un desarrollo sostenido excepcional. Nuestro país va a seguir la senda de crecimiento, integración y distribución.

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22 de octubre de 2017 | 02:36
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