opinión

El mundo que soñamos

El reconocido pediatra Roberto Chediack, en una reflexión.

El mundo que soñamos
 “No nacimos para ser patrones o peones, sino para ser hermanos”. Paulo Freire

En la medida que envejecemos estamos más proclives a intentar hacer ejercicios de memoria histórica. En esto es muy difícil señalar verdades absolutas, como se da generalmente en la física, la química o la matemáticas, pero es un intento de comprender y comprendernos, de conocer que nos sucedió y como estamos. La vida de las personas y los pueblos, está signada por avances y retrocesos, por claros y oscuros. A veces la mirada de muchas conquistas obtenidas, pero en general en estado de desarrollo parcial, no se circunscriben a ideas, pensamientos o luchas circunstanciales en lo nacional, sino que hay que analizarlas con sentido y en contextos universales, aunque en algunos países se hayan concretado y en otros estén más atrasados.



La lucha contra el colonialismos, los derechos de la mujer, la discriminación racial o religiosa, la jornada laboral de 8 horas, el empleo en blanco, el voto universal, la autodeterminación de los pueblos, la soberanía política y económica, la libertad, la democracia, vienen de muy lejos en la historia y generalmente los que la iniciaron o la pusieron sobre el tapete, no tienen el reconocimiento que merecen por haber luchado en las condiciones más adversas. Generalmente la sociedad (que es muy exitista) tiende a reconocer a los que triunfan y no a los que luchan, sin darse cuenta que muchas de las conquistas logradas son el producto de otros que generalmente sufrieron persecuciones o dejaron sus vidas en el intento. Ni hablar de temas que todos los días mencionamos como grandes conquistas y están en pañales, por ejemplo como la tan declamada igualdad, pues debemos convenir que en este campo falta muchísimo. Los que tienen mucho son iguales entre ellos, pero son desiguales con los que tienen poco o nada, incluso para sobrevivir, más en esta sociedad consumista, competitiva, tecnocrática e inhumana y de derechos muchas veces declamados, pero no ejercidos. La salud, la educación, el acceso a una formación profesional o al mercado laboral, el goce de ciertos bienes materiales, como vivienda digna (que no es la de 50m2., para 6 u 8 personas), o una remuneración adecuada, o el acceso a ciertos bienes de consumo indispensables como luz, calefacción, agua potable, transporte, vacaciones, o acceso a bienes culturales, en general están bastante retaceados para la inmensa mayoría de la humanidad, pero que uno ve como son dilapidados por sectores minoritarios que se llevan gran parte de la torta. La desigualdad sigue siendo un flagelo de gran influencia en otros aspectos de la vida personal y social.



La farándula de la política, de ciertos sectores económicos, del espectáculo o de los deportes, hacen gala de una impiadosa abundancia que hiere a los que la miran mientras reman debajo de cubierta, sobre la cual bufonescamente se divierten los dueños de la economía, la política y el poder.



Pertenezco a una generación o a un sector de la misma, que tuvo la influencia de grandes corrientes del pensamiento universal en lo filosófico, económico o ideológico, que iban mucho más allá de mirar el valor de las bolsas todos los días, a ver como influyen en el país, o el maldito flujo de capitales financieros que gobiernan el mundo y que en épocas de crisis están más preocupados en salvar los bancos que la gente. O el famoso y fatídico “mercado” que gobierna a los que supuestamente nos gobiernan, pero que pagan sobre todo los que menos tienen.



Para muchos de mi generación (bastante entrada en años), nada nos era indiferente y fuimos hijos de la lucha contra el colonialismo, sobre todo el más desvergonzado como en África. Sufrí lo indecible la muerte del poco recordado Patricio Lumumba, el primer jefe de gobierno del Congo Belga, asesinado por su firmeza en la construcción de un Congo libre, hecho después tergiversado. Viví y valoré la liberación de Argelia del colonialismo francés, en la figura de Ben Bella. O la lucha de Mahatma Gandhi para independizar a India del protectorado inglés. Maduré bajo el influjo de Luther King, el soñador contra el racismo y la discriminación, que se daba en la sociedad que se dice “la cuna de la libertad y la democracia” y que terminó asesinado por los dueños del poder.



Viví siguiendo todos los días la lucha del pueblo vietnamita que enfrentó y derrotó al más grande imperio y antes a sus socios franceses. La figura de Ho Chi Min o del general Giap, que con un pueblo hambreado y modestas armas derrotó tanta soberbia del imperialismo y junto a muchos nos enrolamos en los grandes movimientos pacifistas por la autodeterminación de los pueblos que no existen hoy, y por eso no se expresan por Afganistán, Irak y tantos más que sufren o sufrieron guerras o dominaciones.



Leí con pasión sobre “Sandino, ese general de hombres libres” o el “pequeño ejército loco”, libros escritos por Gregorio Selzer, de como un pueblo pequeño derrotó a las fuerzas de Estados Unidos que siguió gobernando Nicaragua con la familia Somoza hasta que fue derrocado en 1979. Invasiones a Santo Domingo, Haití, Guatemala, seguramente reorientaron nuestros pensamientos y nuestras luchas para construir otro mundo donde la dominación fuera cosa del pasado. Fuimos hijos también de la revolución cubana que derrocó a Batista, ese sargento que fue llevado por Estados Unidos a presidente para conservar el burdel más grande de Latinoamérica. Admiramos la lucha de Torrijos por la soberanía del Canal de Panamá y que fuera asesinado por los mismos de siempre. Valoré intensamente el ejemplo de Salvador Allende, mientras escuchaba por radio su último mensaje, donde anunciaba que cumpliría su promesa (que muchos políticos no se atreverían a suscribir), de “concretar eso, solo me sacan muerto”, fiel a sus convicciones y a su palabra, que no eran evidentemente para la “galerí”. También es necesario recordar que en esa época “que éramos jóvenes”, lo que fue el mayo francés del 68, con su “la imaginación al poder” o “prohibido prohibir”, que como muchos movimientos juveniles fueron utópicos, pero que mostraban el hastío hacia un sistema y también los sueños de crear otra sociedad, más allá de los resultados prácticos (palabra muy usada en la época del neoliberalismo menemista), que conmovieron al mundo. Ese “prohibido prohibir”, dicho en épocas que nosotros vivíamos bajo dictaduras, no podía dejar de conmovernos porque reflejaba nuestros anhelos. Muchos de los nombrados anteriormente y muchos más se inmolaron por principios y generalmente murieron pobres o hacían política sin necesidad de justificar inmensas fortunas, diciendo que es necesario tener abultados patrimonios para poder ejercerla.



En el país habíamos vivido los golpes de Estado contra Perón, que era la continuación del golpe militar del 30 contra Irigoyen, el golpe contra Frondizi, la parodia de la asunción de Guido; el golpe contra el ejemplar hombre de ética pública que fue Illia, la sucesión de Onganía, Levinston, Lanusse; la renuncia anunciada de Cámpora por su propio partido y la parodia del gobierno de Isabelita y López Rega, con su triple A incluida (período generalmente no analizado como si no hubiera existido), que terminó en la más nefasta dictadura militar de nuestra historia. De esa época recuerdo con especial énfasis las figuras de Agustín Tosco y Raimundo Ongaro, que debieran ser ejemplo para los gremialistas actuales, tan llenos de riquezas y siempre al lado del poder cuando les conviene. Pasan por nuestra mente, desde más atrás, nombres como Alfredo Palacios el de la lucha de los derechos sociales; Lisandro de la Torre como ejemplo de ética republicana y política, O del “Che”, como ejemplo de entrega por sus convicciones y tantos más que mantuvieron utopías de sociedades donde realmente se levantaran los principios de la revolución francesa; “LIBERTAD”, “FRATERNIDAD” e “IGUALDAD”, términos hoy en el mundo bastante ocultados. No puedo dejar de nombrar a Mandela, que hoy todos los gobiernos y gobernantes lo reconocen porque no les queda otra, pero mientras estuvo preso 28 años, muy pocos pedían por él.



Solo he mencionado a vuelo de pájaro algunos hechos, acontecimientos políticos, sociales o culturales y algunas figuras emblemáticas que los representaron. Hay mucho y muchos más pero que exceden una publicación periodística. Solo intento llamar la atención de que cualquier análisis de un país, tiene que ser realizado buceando en la historia nacional, regional y universal, más en un mundo como el actual tan intercomunicado y dependiente, no solo en lo económico, sino también en lo sociocultural. También es mi intención llamar la atención sobre personas que fueron ejemplo de coherencia, ética y moral política y pública, que generalmente están ausentes de nuestra realidad, y en la política actual y que no son dimensionados en su verdadera importancia y una sociedad sin valores, no tiene futuro.



Hay muchos que aparentemente se conmueven cuando escuchan a Serrat cantar a las utopías o algún párrafo de Galeano cuando se refiere a las mismas, pero, demasiadas veces es solo momentáneo y no son capaces de mantenerlas en lo personal, en la práctica política o social y se adaptan demasiadas veces a este mundo inhumano y hasta perverso que tenemos la obligación de repensar. Coincido con “Pepe” Mujica cuando se plantea “si será posible la solidaridad en un mundo tan despiadado” donde el mercado gobierna a los que gobiernan. O el otro concepto que “la primera premisa ecológica es que el hombre sea feliz”, que no es solo crecimiento económico o consumismo desenfrenado, aunque primero hay que terminar con el reinado de las necesidades más elementales que afectan gran parte de la humanidad.



Muchos seguramente dirán que mis planteos son utópicos, pero en este último tramo de mi vida, solo pienso que es la única forma de concebir un mundo distinto para nuestros nietos y que debería ser el único objetivo de nuestra existencia. Solo así será posible aquello que dijo Pablo Freire “No nacimos para ser patrones ni peones, nacimos para ser hermanos”. Seguramente en la tumba de muchos de los nombrados habría que poner un epitafio, que como alguien señalaba, debería decir: “Aquí yace un utópico, un soñador, pero nunca se podrá decir, yace un traidor a sus ideas”.



En definitiva, seguiré creyendo que la lucha por la libertad, la igualdad y la solidaridad, la ética y la moral, aunque se pierdan muchas batallas, es la lucha por la verdadera dignidad humana.



Ojalá algún joven distraído o en momentos de desvelo, investigue lo que hicieron otros por nosotros desde tiempo inmemoriales y no acepte los discursos de aquellos que creen que la historia nació con ellos. 

Opiniones (3)
17 de agosto de 2017 | 21:32
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17 de agosto de 2017 | 21:32
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  1. QUERIDO ROBERTO PORQUE TE CONOZCO Y ADMIRO ME PERMITO DISCERNIR CON VOS EN ALGUNOS EJ. EL EJEMPLO DE CUBA Y EL CHE NO ES EL MAS FELIZ. HACE 50 AÑOS QUE GOBIERNA EL MISMO REGIMEN DICTATORIAL Y HOY HAY MAS POBRES Y PROSTITUTAS QUE ANTES. EL FAMOSO CHE RESULTO SER UN ASESINO DE VARIOS CONTINENTES CON CARETA. QUE HIZO POR LA ARGENTINA?.COMO PONER EN EL MISMO SACO A GHANDI? ESTE SI ES UN EJ. MARAVILLOSO. NO TE LO QUIERO ALARGAR. RECIBE UN ABRAZO Y EL RESPETO DE SIMPRE.
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  2. Hermosas palabras que se corresponden con las acciones de un hombre que supo sostener estos ideales toda su vida. Todavía lo recuerdo en una asamblea universitaria de la Facultad de Medicina, a principios de los setenta, donde era propuesto como decano por los estudiantes, frente a los discursos tecnocráticos de los otros candidatos, terminar su exposición diciendo: "lo que en realidad necesita el mundo y el país son más médicos como el Che Guevara".
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  3. Que relato!!!! Cuánta claridad unida al conocimiento!!! Gracias por sus palabras cargadas de tanta profundidad y reflexión. Oj -ALA lo podamos seguir leyendo y aprendiendo de usted y de todos los grandes que acá nombra.Humildemente: GRACIAS !!
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