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¿Por quién votaría el papa Francisco?

Se quiera o no, guste o no, lo desmienta o no, Jorge Bergoglio tiene opinión política y ejerce el poder, aunque con sutileza, por su rol en el Vaticano.

 La afirmación del entorno papal sobre que el pontífice ya no recibiría a más políticos argentinos resultó ser todo lo contrario: los recibió, los recibe y recibirá, los seleccionó y seguirá seleccionando y, por lo tanto, su opinión seguirá pesando.

En todo caso, lo hará con sutileza. Jorge Bergoglio dejó muchos amigos en la política que pueden agruparse en círculos concéntricos, de acuerdo a su nivel de amistad. Y esa relación tiene que ver no con el concepto clásico de quien fue a la escuela con él o compartió vecindario en el barrio, o momentos en el club, o vacaciones juntos. Bergoglio concentra sus vínculos de acuerdo a la densidad de los intereses compartidos con unos u otros.

Lo que sucede es que como papa Francisco es un jefe de Estado y líder de la religión más influyente en América Latina y es por eso que cada paso que da se magnifica. Su alusión directa a tal cual tema, a tal o cual persona, en tanto -como ocurrió cuando habló con Gustavo Vera de la "mexicanización" de la Argentina debido al avance narco- puede volvérsele un búmeran.

Por ello el papa y Begoglio, la misma persona en definitiva, prefieren volver al viejo método de la parábola, los meandros de las palabras eclesiásticas para poder opinar.

Y aunque siga recibiendo visitas los miércoles en San Pedro, posando para la foto, la Conferencia Episcopal es quien comienza a emitir los códigos políticos papales hacia la argentina.

Conformada por los obispos y presidida por José María Arancedo, el comunicado difundido a raíz de las elecciones no es el resultado, solamente, de las oraciones de la curia local, sino que representan, claramente, de la voz del pontífice como mensaje, hacia adentro, para los católicos y, hacia afuera, para la dirigencia política.

Y precisamente el último mensaje de este núcleo pide una mayor participación de la sociedad en la elección presidencial, aunque pone un énfasis especial en quiénes serán los nuevos integrantes del Congreso de la Nación.

¿Por qué? Probablemente porque allí vivió Bergoglio el mayor golpe contra su "precandidatura" (si es que existía el término) al papado, cuando se aprobó el Matirmonio Igualitario, ley que el entonces cardenal y arzobispo de Buenos Aires consideró, sin vueltas, como un producto del Diablo.

De todos los precandidatos presidenciales, y salvo los que no comulgan con su figura y creencias, como puede ser el caso de la izquierda, tienen su foto con el papa Francisco casi todos, menos Sergio Massa, a quien Bergoglio no ha recibido jamás. Ernesto Sanz, en tanto, opinó que él no utilizaría la imagen papal y que, cuando asumió, aceptó su pedido de que no viajaran al Vaticano para no gastar plata en vano, cosa que pocos cumplieron.

Sin embargo, uno de los puntos del documentos de la Conferencia Episcopal subraya: “La elección presidencial, con toda su importancia, no debe ocultar la relevancia de las elecciones en otros niveles, y en particular la de legisladores”.

Pero, ¿qué quiere decir el mensaje codificado del papa Francisco a los argentinos? Aparecerán -como en toda cuestión rodeada de un halo místico- mil intepretaciones posibles. Pero el pontífice que recibió a La Cámpora a pleno, con todo su cotillón y folklore en la Santa Sede, esta vez está apuntando para otro lado.

Mientras el Gobierno se empecina en una posición que lo caracteriza de cerrarse sobre sus propias convicciones y negar la existencia de otros sectores políticos, la voz papal en Argentina dice: “Las elecciones de este año, debería ser un momento propicio para iniciar un examen de conciencia colectivo, y para proponernos como sociedad metas exigentes, que nos estimulen a crecer en la cultura del diálogo y el encuentro”. 

Le pide a los candidatos que  "se traten con respeto y cordialidad por cuanto no son enemigos, sino adversarios circunstanciales que puedan continuar dialogando y trabajando juntos para el bien común, al día siguiente de la elección".

E indica que "el proceso electoral es una preciosa oportunidad para un debate cívico acerca del presente y del futuro que deseamos para la Argentina. Es necesario crecer en madurez para que un cambio de autoridades no signifique una crisis sino una alternativa normal de la vida democrática".

Salvo por sus díscolos -que la Iglesia también los tiene en su seno- ese mensaje resonará una y mil veces desde ahora y hasta el día de las elecciones en cada "efector" del Vaticano: cada capilla, cada escuela confesional.

Y es en esos ámbitos en donde deja claro algunos conceptos que se chocan con el actual gobierno nacional, tales como:

-  "Resulta imprescindible asegurar la independencia del poder judicial y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia”.

-  "Nos parece importante afirmar y reconocer que hay una diferencia sustantiva entre el Estado y el Gobierno, y tanto más entre el Estado, los partidos y las personas".

-  "El acceso al Gobierno no implique la designación o contratación adicional de personal perteneciente a un partido o sector. Es indispensable dotar a la Administración Pública de un cuerpo profesional y permanente de funcionarios que ingresen y asciendan en atención al mérito y no a las afinidades ideológicas".

- " La Argentina ha conocido gobernantes que no usaron la función pública como una ocasión para su enriquecimiento personal o el beneficio de sus amigos, sino como un verdadero servicio, aún a costa de su propio patrimonio".

-  "No se trata únicamente de pergaminos académicos -que muchas veces también son necesarios- sino de una preparación personal adecuada, y de exhibir el respaldo de equipos de gobierno que puedan hacerse cargo con competencia de la complejidad de la administración del Estado o de la tarea legislativa".

-  "En caso de candidatos que ya han ejercido funciones públicas: se habrá de tener en cuenta el empeño que han puesto en cumplir con sus promesas. Es necesario que cada candidato haga conocer con claridad y detalle lo que se propone impulsar y realizar. En este sentido, nos parece indispensable que se organicen debates serios y a fondo, donde se puedan confrontar propuestas y proyectos. Es inaceptable evadir el debate de ideas y plataformas".

- " Dialogar y escuchar al otro no es signo de debilidad, sino de grandeza. Es importante reconocer que los otros también tienen algo que decir y aportar, y estar dispuestos a trabajar juntos por el bien común".

Así, reiterando muchos de los términos del documento previo al Bicentenario, cuando todavía Bergoglio no había sido elegido como papa, fechas por las que era uno de los clásicos "enemigos" del actual Gobierno, la Iglesia se para en estos términos frente a las elecciones. No hay mística ni ingenuidad en su "parábola electoral". Que cada uno lo interprete como quiera.

Opiniones (1)
22 de agosto de 2017 | 14:41
2
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22 de agosto de 2017 | 14:41
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  1. Si, Gabriel, todo lo que vos quieras, pero en realidad Bergoglio tiene su candidato y es Scioli, El típico híbrido que nunca se meterá con cosas de fondo. Es una apuesta.
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