opinión

Dime cómo defiendes

Los sufrimientos de River porque no convierte pero le convierten.

Dime cómo defiendes

 Cuando un equipo maneja la pelota, el territorio, la fluidez, la profundidad y genera una docena de situaciones propicias para convertir, lo más probable es que consume una goleada o en el peor de los casos una victoria más o menos ajustada, pero sin apremios.

Sólo lo más probable, mas no lo infalible, por cuanto a River no le pasó nada de eso: desaprovechó una docena de oportunidad es para aumentar la cuenta y defendió mal, o peor, las únicas dos pelotas que debía defender.

Una terminó en el empate de Juan Aurich y la otra fue tapada por el arquero Julio Chiarini.

Fuera de un contexto más amplio, este partido podría ser interpretado como uno de las tantas páginas insólitas que se han escrito desde que el fútbol es el fútbol, y en buena medida lo ha sido, pero mejor mirada la cuestión encontraremos que River se ha revelado inestable y frágil en todo lo que va de 2015.

Inestable y frágil en los partidos amistosos de verano (recordemos, es inevitable no hacerlo, el 0-5 a manos de Boca), inestable y frágil en los partidos del torneo local, inestable y frágil en la Copa Libertadores es incluso en el partido desquite versus San Lorenzo por la Recopa Sudamericana, por más que el desenlace haya sido feliz.

River ha perdido intensidad, entendida la intensidad como peso, espesor, consistencia, forma, presencia y no ya como suele ser confundida, como amontonamiento confuso, corridas a tontas y a locas, una suma de esfuerzos igual de visibles que de inútiles.

En la mejor versión del River del 2014 había intensidad porque eran ajustadas las transiciones y porque amen de mucha gente comprometida en atacar, disponía de ayudas y coberturas pertinentes, sistemáticas y cuando era indispensable, providenciales, todo eso que hoy se ha esfumado en el horizonte.

Es decir, no importa tanto que Teo Gutiérrez esté fallando ocasiones claras, ni que Leonardo Pisculichi atraviese una etapa lánguida; incluso en esta versión desmadejada River sabe generar buenas sensaciones de frente al área adversaria y eso lo convierte en lo que no ha dejado de ser, un equipo peligroso para cualquiera.

Pero entre otros problemas, su mayor factor negativo estriba en que al mismo tiempo River se ha vuelto peligroso para sí mismo.

Un equipo incapaz de defender dos goles de ventaja en su cancha (versus Unión), un equipo incapaz de impedir que Arsenal de Sarandí convierta tres goles o que el modestísimo Juan Aurich empate no una, sino dos veces, un equipo que se ha olvidado de


terminar un partido con el arco invicto, un equipo así es poco confiable.


Poco confiable de cara a examinadores externos y poco confiable hacia adentro, que allí tenemos otro universo.

Es usual emplear el indicador de la confianza como vía regia hacia las soluciones ofensivas, pero no es tan observada ni ponderada la valía de la confianza a la hora de defender: River ha perdido mucha confianza para protegerse, no sabe cómo, y allí navega, atribulado en su océano de amnesia. 


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21 de octubre de 2017 | 19:22
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