La crítica (II): Artistas estampados en una postal sin destino

"Postales de un oasis que late" propuso una serie de cuadros deshilachados, carentes de toda fluidez y emoción. Talentosos artistas quedaron librados a su suerte en una puesta errante.

La crítica (II): Artistas estampados en una postal sin destino

Desde hace unos cuantos años, el espectáculo central de la vendimia se divide entre las apuestas que van por el lado de cierto riesgo e ideas de puesta innovadoras, allí podrían incluirse las dirigidas por referentes como Walter Neira y Vilma Rúpolo; y las que van de lleno a lo seguro, con una sistemática reiteración de cuanto lugar común haya acumulado esta fiesta a lo largo de su historia. Postales de un oasis que late pareció inclinarse hacia la segunda tendencia, y lo logró parcialmente; porque para ser sinceros, ni siquiera apoyándose en lo ya mil veces transitado, consiguió un pulso sostenido.

Las postales son por esencia, imágenes dotadas de cierta cuota de pintoresquismo y carentes de todo tipo de conflicto. En este sentido, el espectáculo escrito por la prestigiosa Liliana Bodoc, cumplió a rajatabla no sólo con la ausencia de conflicto; sino también con la de cualquier tipo de situación cautivante. La musicalidad de su prosa literaria, que no equivale en este caso a belleza ni funcionalidad teatral, acumuló una serie de doce postales independientes; carentes de destino y entidad propia.

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Como cualquier show vendimial que va por la compilación de grandes éxitos, toda la iconografía de momentos clásicos y golpes de efecto estuvo presente. El cuadro de la Virgen de la Carrodilla irrumpió con notable desgano en los primeros minutos de la presentación. Lejos de la emoción ritual que habitualmente despliega este momento, aquí la imagen de la virgen fue estacionada en el escenario superior, mientras los bailarines hicieron lo suyo en los escenarios inferiores; y unas visuales espantosas en las pantallas laterales terminaron por derrumbar todo atisbo de clima.

La torpeza del material proyectado merece un párrafo aparte. Sobre todo las pobres animaciones que acompañaron a cuadros como el mencionado, y el de medley setentoso que incluyó canciones como la que quedó inmortalizada en forma de jingle primaveral de radio Nihuil (chivo innecesario), o la fiestera De boliche en boliche. Sinceramente, el nivel paupérrimo de esas visuales no calificaron ni siquiera como kitsch o bizarras, fueron simplemente feas. Las restantes imágenes que se exhibieron, cosechadores trabajando y demás elementos como marco referencial; tampoco aportaron demasiado y coparon la atención del espectador por la potencia lumínica emanada por las pantallas, que en muchos casos atentó contra la atmósfera propuesta por la cuidada iluminación sobre el escenario.

El único momento impactante y estéticamente logrado, tuvo que ver con la irrupción de decenas de bailarines folclóricos con sus bombos, generando formas y haciendo sonar sus instrumentos en el segmento que evocó la gesta sanmartiniana. 

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Más allá del bajo vuelo de la puesta, el diseño escenográfico ofreció un mimo importante para el espectador con el impecable trabajo Alejandro Rodríguez, que moldeó el escenario con cálidas texturas de madera y una forma armónica que incluyó una bellísima fosa para los músicos. A nivel sonoro, el audio envolvente fue uno de los puntos técnicos fuertes del espectáculo, con efectos muy logrados, aunque por momentos abusivos. La interpretación en vivo de la banda de sonido, consolidada en estos últimos años como pieza clave de la fiesta, sonó digna y ajustada bajo la dirección de Darío Ghisaura.

¿Y qué hay de los recursos en la puesta en escena? Nada demasiado nuevo. Lo más aparatoso tuvo que ver con el bicherío que deambuló por el escenario. Unos desconcertados cangrejos metálicos, que no sabían muy bien hacia dónde ir, unos ñandúes que potenciaron su simpatía al estar propulsados por una especie de zancos articulados; y unos enormes perros manipulados con varillas, que fueron los que salieron más airosos de este pintoresco desfile animal. 

También hubo elementos más discretos. En el cuadro del agua, las bailarinas aparecieron con unas guirnaldas colgantes giratorias que emulaban una textura cristalina. Sin embargo, la extensión de ese recurso en escena terminó por pinchar su eficacia. Lo mismo sucedió con los enormes muñecos payadores ubicados en el escenario superior, que hubieran logrado un mayor atractivo con una presencia más acotada.

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Como verán a esta altura, este análisis sobre Postales de un oasis que late suena fragmentario, tal vez hasta deshilachado. Es que así fue el devenir azaroso de un espectáculo que saltó de una cosa a la otra sin ningún tipo de evolución, narrativa ni climática. Y en el centro de la escena, centenares de bailarines talentosísimos, bajo la dirección coreógrafica de Claudia Sosa, entrando y saliendo mecánicamente de escena; y dándolo todo una vez más. Los artistas en su conjunto lucieron desconcertados, y no por falta de oficio; sino por la desarticulada puesta en escena que quedó a cargo de Sonya Sejanovich, tras la muerte de Marcelo Rosas. Quedó en claro así, que una multitud de músicos y bailarines profesionales no alcanzan para llenar una postal vacía.

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De todo el equipo artístico, los más rezagados resultaron ser los actores y figurantes. No por incapacidad claro, sino por las pobres tareas que les asignaron. Desde manipular chucherías de utilería, hasta oficiar permanentemente de relleno. La ausencia de protagonistas individuales en esta historia, no logró ser suplida por la artillería de recursos técnicos y artísticos dispuestos a lo largo del soporífero espectáculo. 

En toda puesta teatral, cuando falla la matriz narrativa, difícilmente pueda remontarse con un arsenal de golpes de efecto. Postales de un oasis que late no fluyó en un ningún momento. Recordó a una de esas escenas en las que uno encuentra una caja de fotos llena de polvo, arrinconada en lo alto del ropero. Contemplamos las imágenes allí apiladas, postales tan ajenas y lejanas en el tiempo; como carentes de todo tipo de emoción.

Laureano Manson

Opiniones (20)
16 de diciembre de 2017 | 20:03
21
ERROR
16 de diciembre de 2017 | 20:03
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. BODOC, LO TUYO SON LOS LIBROS, DEJATE DE JODER YA Y DEJA LA VENDIMIA PARA LOS QUE SABEN, LA MAS MEDIOCRE EN TODO SENTIDO, SIN NIGUNA DUDA, ES LA PEOR QUE HE VISTO EN MI VIDA.-
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  2. yo vi el final, y todavía no entiendo que tiene que ver el tango con la vendimia!
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  3. La vi por tele,UN DESASTRE,todavía no sé qué significado tenía esas idas y venidas de bailarines vestidos con un color indefinido y con un casco amarillo en la cabeza...
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  4. la única vez que coincido con Lauerano...
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  5. no se que le ven de raro siempre estaq fiesta fue un embole la unica que recuerdo que me gusto fue en aquella vez que vienieron los pericos en la segunda funsion
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  6. Coincido plenamente contigo LAUREANO y comparto tu ultima frase: "Recordó a una de esas escenas en las que uno encuentra una caja de fotos llena de polvo, arrinconada en lo alto del ropero. Contemplamos las imágenes allí apiladas, postales tan ajenas y lejanas en el tiempo" ESTO QUE HAS ESCRITO AQUI, ME TRANSPORTO MAS Y ME LLEVO A IMAGINARME VISUALMENTE ESAS POSTALES DE TIERRA. ALGO QUE EN ESTA VENDIMIA NO DIO FRUTO. No se entiende el porque siempre tienden a ser tan PATETICAS, sin guion, sin historia, sin union, y esas voces en off. En fin. Solo la pueta de luces, que siendo tan imponente, nunca sigue una historia, solo prenden y apagan. La virgen de la carrodilla, san martin, tanto hay por hacer y que se represente a lo que tradicional, que siempre lo mismo... en fin PATETICO. Gracias por tu nota, coincido.
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  7. Totalmente de acuerdo. Liliana Bodoc, esta vez no se lució para nada, cualquiera podría haber escrito este guion. El lenguaje literario no alcanza para que tenga valor literario.
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  8. CARLOS: ¿DONDE HAY QUE FIRMAR ???
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  9. Fiestita infanto/juvenil/católica, totalmente agotada, pasada de moda, cursi y que sirve para encandilar a turistas y sacar unos pocos pesos de un gobierno de turno espantoso. El concurso de belleza es, decididamente, penoso por la tilinguería de las niñas y la cosificación legalizada que se hace de ellas. Una desilusión total el guión de Bodoc. Esta fiesta prueba el estancamiento cultural y el atraso de Mendoza. Y los locutores.... pobre gente...
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  10. A ver si volvemos a Vilma Rúpolo para la próxima. Sin entrar en profundos anáisis, hay algo que hace que sus puestas resulten ser muuuuuy buenas.
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