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Las mil y una noches o literatura para despertar

Escritor y docente, el autor de la columna trae luz al fenómeno de la popular telenovela.

Las mil y una noches o literatura para despertar

Conocidos en Europa recién en el s.XVIII, esta colección de cuentos paridos en la cultura de Oriente, untados en el imaginario de India, China y los pueblos árabes, resurgen cada tanto para volver a encantar.

El libro infinito que marcó la obra de Borges, deslucido pero a salvo del tiempo, ahora se asoma desde una telenovela popular.

Los grandes libros muestran en proporción belleza y horror: lo que soñamos ser y lo que somos. En El Quijote de la Mancha, por ejemplo, galopa la locura simpática del personaje ante ese telón de fondo que fue la miseria, el fanatismo religioso y la ignorancia en la España del s. XVII.

Mil y Una Noches


En los dramas de Shakespeare, contemporáneo al español y también un clásico fundacional del canon -que hasta hoy arrastramos en las escuelas- no solo nos importa la inteligencia de la prosa o su verso, el ingenio de ciertos pasajes; nos atrae el contexto político, la oscuridad de las calles de Venecia o el jolgorio en el que viveVerona desde hasta el amanecer.

Estas calles con curvas de babucha y alfombras de oriente, este mundo de verdugos y ladrones reptando en la arena, conquistaron al francés Galland en el XVIII para hacerlo traducir por primera vez las esparcidas historias de Las mil y una noches y alcanzarlas a los ávidos pero escasos lectores franceses.

Los cuentos árabes anduvieron por Europa, al ritmo de los chismes y las buenas historias de alcoba. Quién no quiere escuchar los detalles -no de uno, sino dos- reyes cornudos. En un tiempo y en un mundo en el que se podía ser asesino, mago, tetera, vendedor de esclavos, dueño de un harén, pero no cornudo. O eso hemos creído hasta aquí. Don Camilo José Cela no estaría de acuerdo, Rol de cornudos es una joya rara del nobel español donde se amplía este tema y hasta ordena.

Mil y Una Noches


De ahí que, se dice, el éxito de Las mil y una noches fue tan grande en esta Europa pos inquisición que las ediciones se fueron embarazando con relatos nuevos y también, la fama de Scherezada, protagonista y narradora, mujer extraordinaria que además de bella e inteligente tras retozar con el sultán impiadoso, no lo deja dormir, para no perder su cabeza al amanecer (¿metáfora de los hombres que después de estar con una mujer, quieren matarla?). Seguramente no.

Scheherezada contó al sultán tantas historias, una hilvanada a la otra, que al tiempo el califa se levantó convertido en padre, es decir marido, y no pudo matarla, porque había caído en la trampa de la vida, de la literatura o del amor.

Para los duros del desierto, acostumbrados a la piel de víbora de occidente y su moral de tela con pocos hilos, fue una sorpresa que estos relatos veteranos que ellos habían celebrado en las plazas o los mercados desde chicos, los cautivaran. Conscientes, además, de que muchas de esas historias venían de la India, China o Persia, es decir, pueblos donde el mundo caía al misterio con otro color.

En Las mil y una noches, libro anónimo, es decir, escrito por una mano colectiva que no firmó (pero dejó sus huellas de carácter y tiempo), para poder cruzarlos sin censura por las aduanas de los países fríos, perdieron con los siglos gran parte de su equipaje pícaro y erotismo sin cepillar. Es decir, esta obra no es famosa únicamente “por el juego atrapante de la ficción”-cosa que les gustaría sostener a los académicos conservadores- donde el que cuenta salva su vida “por la fuerza de la imaginación literaria”; es mucho más simple: junto con el papiro de Turín de los egipcios (donde se describen con dibujitos interesantísimas variantes de la cosa amatoria), pasando por la Lisístrata de Aristófanes el griego, Las mil y una noches es también una antología de cuentos eróticos. Y como sabrán los que han leído ese pésimo libro de las cincuenta sombras, el sexo sea que lo expliquen en papiros, con sombras chinas o lo cuenten con mímica, nos importa, aunque no todos distingan la literatura con pedigrí de esa otra condenada a la toalla en vacaciones. El mundo quiere conocer la teoría y la práctica del universo que es su cuerpo.

Ya en la antigua Roma estos textos vendían. Hombres serios como Marcial, Juvenal, Plauto, Catulo y Horacio, escriben y disciernen sobre el amor o su carencia.

El arte de amar, de Ovidio, señor con una didáctica que toda profesora de lengua debería manejar, nos explica cómo conquistar a una mujer y tratarla y todavía más, evitar que después de un tiempo prudencial lo haga otro.

El Satiricón, de Petronio y El asno de oro, de Apuleyo, se agregan a la currícula del romano curioso.

En la vieja, lejanísima China, pasan de mano en mano, de cama en cama pequeñas obras instructivas, menos famosas que el más universal de los manuales de sexualidad, el Kámasutra, escrito por Mal-la Naga Vatsiaiana. Un texto religioso para educar al pueblo, donde se envuelven consejos para entrar sin zapatos al santuario de la carne.

Escribas dibujo


La Edad Media fue sin velas, como se sabe, para el erotismo y la sexualidad en general -o en particular-, por lo menos en el mundo que dominaba el cristianismo en llamas. La literatura se aleja del fuego y sus autores de la horca u otras propuestas de la crítica imperante. No es que no se pudiera hacer nada o escribir nada, pero era aconsejable no firmar. Eso va a dar origen, más adelante, al amor cortés, donde básicamente lo que ocurre es que pocos se atreven a soltar las riendas a su jauría interior. La amada está subida a una torre y los hombres miran, parten a matar jabalíes o musulmanes para serenarse. Tristán e Isolda de Gottfried von Strassburg, la Divina Comedia de Dante Alighieri, dan cuenta de esa dura etapa para el cuerpo. Giovanni Boccaccio con el Decamerón en 1353, a la manera de Las mil y una noches, cuenta historias con una de marco, pero coloca a esas mujeres de la Edad Media más a tiro de arcabuz, las hace humanas, con cuerpo. Aunque ofendidos con la verdad, en una Italia todavía bajo las polleras de la curia, el libro entró derecho al índex librorum prohibitorum. Incluso en países tan decentes como Estados Unidos e Inglaterra entre 1954 y 1958, se lo destruía.

A comienzos del 1800 -apuro para no cansar- surge una nueva corriente, además de la corriente eléctrica que arranca en esos mismos años, el Romanticismo, que “idealiza el dolor y el sufrimiento psíquico, así como el amor pasional”. Era gente que iba y venía en el columpio de los deseos, jamás se permitían una alegría. Más adelante rompieron algo estos moldes de barro, algo, Gustave Flaubert, con Madame Bovary, y Charles Baudelaire, por Las flores del mal, y se comieron un alto juicio por ofensa a la moral y las buenas costumbres. Menos controvertidas fueron Cumbres Borrascosas, Jane Eyre o Anna Karenina, dándole vida a la novela rosa.

Welcomes. XX

El amante de Lady Chatterley (1928) uno de los libros más polémicos de la primera mitad del siglo XX, del inglés D.H. Lawrence, cuenta sin ahorrar tinta el adulterio de la esposa bien con el bárbaro sirviente (jardinero o leñador fornido). Su marido, inválido de la I Guerra Mundial, solo quiere disfrutar del té social y una vida sin explosiones. Las anti-feministas dijeron que esta obra representa el triunfo del falo por sobre las clases sociales en la Inglaterra colonialista y burguesa. Para ellas el erotismo de la novela de D.H. Lawrence, era prueba de que no hay trincheras donde esconderse del deseo, la cama discrimina.

Henry Miller

El peor, sin embargo, estaba por llegar: Henry Miller, con Trópico de Cáncer (1934) y Trópico de Capricornio (1938), prohibido hasta el infinito y más allá.Miller coloca la pornografía (la relación con las prostitutas, según definición de diccionario), a la altura de una religión.

Emmanuelle Arsan, autor de Emmanuelle, y Dominique Aury, autora de Historia de O, también defienden el incomprendido, sórdido mundo de la prostitución. Más de alguno/alguna habrá visto las tristísimas versiones en la tele de Emmanuelle, porno hervida sin sal que amontona gente en un zeppelín dominado por máquinas orgásmicas y otras payasadas para trasnochados.

Distinta y ya figura del selecto grupo de las consagradas, Anaïs Nin será de las primeras literariamente reconocidas en el género erótico. Citada, pero rara vez leída -como suele ocurrir con los autores famosos-, escribió cosas así: “Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo. Libre o no libre, casado o soltero, heterosexual u homosexual, son aspectos que varían de cada persona. Hay quienes son más expansivos, capaces de varios amores. No creo que exista una única respuesta para todo el mundo”.

Con Lolita (1955)el ruso Vladimir Nabokov entró al húmedo, resbaloso territorio de las relaciones niña-mujer oninfetas (niñas sexualmente deseables de 9 a 14 años) con el hombre maduro. Lolita se publicó en París en inglés y se prohibió inmediatamente en Francia e Inglaterra. Para una Europa que venía de sepultar 60 millones de personas y ve circular por las calles a otros 50 millones mutilados por la guerra (los bombardeos masivos, las bombas químicas, las violaciones a granel, los campos de concentración) esta novela parecía demasiado violenta para el establismen cultural. Como ocurre en estos casos, la historia de un profesor enamorado y su hijastra de 12 años, pronto se convirtió en un clásico mundial. Sacudió la moralina y la opinión de yeso de todos, al punto que el término lolita se usa hoy en muchos países para referirse a las adolescentes que promedian esta edad (en Chile, en Japón).En 1962llega al cine con Stanley Kubrick y en 1997, con AdrianLyne.

A finales del siglo XX y principios del XXI, los libros eróticos narrados a modo de autobiografía femenina ganan espacio en la mesita de luz y hasta el prestigio literario que tanto pelearon los escritores anteriores. Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, Cien Cepilladas antes de Dormir, de Melissa Panarello, o Diario de una ninfómana (2003), de Valérie Tasso. El crítico en estos casos es el mercado editorial preocupado del marketing, las series televisivas o las revistas de consultorio. En las últimas décadas, la novela erótica ha sido la trilogía "Cincuenta sombras de Grey", escrita por E.L. James.Y su éxito se explica, dicen, por la sed de información, aventura, pasión- especialmente de las féminas-, hartas de una vida de amas de casa con título de grado, justo en esta era en que el mundo parece divertirse, al menos en el cine y a ciertas horas prohibidas para los niños.

La telenovela o el amor para todos

El éxito de Las mil y una noches, versión telenovela, no tiene que ver con “la mala fama” de este clásico universal. La telenovela que ha motivado a tanta gente que vivía en paz con su tristeza, aprovechó un título que sabe prestigioso en el imaginario popular y lleno de connotaciones. Toma de ese clásico la desigualdad de poder entre hombre y mujer, como disparador de una serie de historias domésticasy actuales y trae a debate cuestiones como el machismo (que se ajusta fácil a los países latinoamericanos) y la fuerza de las féminas del s.XXI, el amor que vence, etc. Condimentado con un paisaje exótico, a la manera de algunos hoteles de la ruta. Seguramente estaba destinada a triunfar acá más que en otras sociedades donde la mujer (principal consumidora de la telenovela) ocupa un espacio menos condicionado.

Las mil y una noches


La polémica, sin embargo, no pasa por la propuesta indecente-bastante vista, aceptada en nuestra comunidad y comentada incluso porsus protagonistas en los programas alcahuetes de la siesta-; la polémica pasa por las horas de exposición que ha obtenido el país turco, la imagen bonachona y civilizada que exporta. Verdad que a las señoras que comparan al irresistible Onur con sus maridos abducidos por fox sports, no les preocupa que en Estambul centenares de policías se enfrenten con manifestantes; las sospechosas concesiones a la OTAN o las protestas contra el islam político. Ignoran -el público de la telenovela en su conjunto- que los turcos como Onur, profesionales o empresarios de las grandes ciudades, pelean a muerte contra el autoritarismo de Recep Tayyip Erdogan; los controles a la prensa del primer ministro, los cepos al consumo del alcohol; la construcción y reconstrucción de mezquitas, la imposición lenta y peligrosa del islamismo fundamentalista que se avecina cual tormenta de arena.

Pestañear es peligroso para quienes lavan sus pies en las costas del Mediterráneo.

A la expansión de EEUU en la cabeza de África con sus aliados matones, a la debilidad o indiferencia política de los que ostentaban el rojo hasta no hace tantos años, hay que sumarle la otra violencia que viene de grupos radicales como el Estado Islámico, cada día más fuerte y atractivo, porque entre otras cosas, opta por combatir la violencia con más violencia y en YouTube.

A diferencia de los cuentos de Sherezade, nadie parece tener tiempo en Oriente para oír a nadie. Menos para convencerse de que hay otras realidades posibles, o que la vida puede continuar si logran llegar vivos al amanecer.

Las mil y una noches hace tres o cuatro siglos pertenece a la humanidad, así lo entendió Borges y hasta el taciturno Draghi Lucero, por citar a dos de la casa que también se humedecieron con los vapores calientes de esta obra sin padre.

Jorge Luis Borges

Borges, aunque nadaba lejos del erotismo y el río turbio de la carne, decía que éste podía ser el libro infinito, que en él parecían caber todas las historias del mundo. Muchos de los modos, estilos, ritmos, nombres en la literatura de Borges, se entienden definitivamente a partir de su enamoramiento con esta milenaria, heterogénea cultura, aunque el mismo decía no poder definir qué es eso que llamamos lo oriental y lo occidental.Al fin y al cabo, ambas partes del mundo son un cuerpo que comparte milenios de pesadillas y un dudoso destino.

Hay historias que son eternas como se suele decir, cuando no se sabe muy bien qué decir. Esta es eterna porque con gracia cuenta desgracias eternas: el autoritarismo de los gobernantes (reyes, sultanes, califas, señores, soldados); la astucia para sobrevivir de los pobres gobernados; el poder de la belleza femenina y las variantes de acuerdo a las circunstancias, la crueldad, el egoísmo, el destino, la magia, el milagro.

Este compilado de cuentos sin origen rastreable, sin raza, sin fecha real, nos dice que el hombre necesita y puede reinventarse o descubrirse eternamente; que de noche estamos solos y no lo queremos, que la literatura nos salva de los otros y de nosotros mismos, que el amor reivindica o el sexo o su recuerdo, un poco, eternamente.

Y que los libros anónimos en realidad no son anónimos, los hemos escrito todos, son los únicos que tienen autor.


Dionisio Salas Astorga.

Escritor, editor y profesor. Ha publicado entre otros Sábanas sin flores (2003); Las aventuras de Cepillo el león (2007); Como en las películas y últimas oraciones (2013) y Crónicas Cínicas (2014).


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