opinión

Uruguay, la región y el futuro

América Latina tiene sed de desarrollo y éste sólo puede ser consistente a través del diálogo y de la complementación. Sin integración no hay futuro.

Uruguay, la región y el futuro

 Quienes concebimos la sociedad desde ideas de izquierda tenemos la convicción que los procesos sociales y políticos se nutren de la convergencia en la diversidad. Y a condición de la participación ciudadana. Sin ella están condenados al fracaso.

Pluralidad y acuerdos cooperativos son sinónimos de progresismo. El crecimiento concebido desde la cooperación y no desde la competencia como receta única. Aquel paradigma neolibeal que tanta miseria trajo a nuestros pueblos. Aquellas políticas de los ‘90 que nos condujeron a ser el continente más desigual del mundo.

En esta década, con un nuevo enfoque político y social, en nuestra Latinoamérica son 100 millones de personas las que han salido de la pobreza. Y aún falta mucho más por avanzar y mejorar.

Latinoamérica conforma una región llena de riquezas naturales desde todo punto de vista: suelos, agua, minerales, materias primas, hidrocarburos. Lo único que escasea es la integración. Solo nos falta unirnos —verdaderamente— para que Latinoamérica tenga un papel protagónico a nivel global, y ciudadanos con oportunidades multiplicadas.

Somos conscientes de disputas y situaciones incomprensibles, que no nos hacen bien, que conspiran contra el progreso y que nos alejan de la voluntad de los pueblos, de sus sueños, de sus legítimas expectativas.

Quiero poner el acento en este punto. Los gobernantes progresistas tenemos el enorme desafío de profundizar y mejorar las relaciones de nuestras naciones. Sin excusas. Ejemplos concretos:

Salud:

- Atención recíproca de ciudadanos en emergencia.

Educación y cultura:

- Reválida de títulos universitarios

- Proyectos de formación para la integración y la ciudadanía en escuelas de frontera

- Industrias culturales, patrimonio, derechos culturales

- Circulación y comercialización de libros y obras de arte

Comercio:

- Potenciar la complementariedad

- Reconocer asimetrías

- Potenciarnos como región

Infraestructura:

- Telecomunicaciones

- Carreteras

- Canales de navegación

Sabemos que en estos temas se trabaja constantemente, y que se les busca dar un impulso mucho mayor. Y a muchos otros. No los estoy descubriendo desde esta columna. La falta de resultados no nos debe desanimar. Aunque debe ser una alerta para no sucumbir en la inercia de la enunciación. La ausencia de resultados a la velocidad que los exigen las potencialidades que disponemos retrasa el desarrollo.

Debemos lograr complementación a través de inteligencia colaborativa.

Debemos unirnos para la construcción de cadenas de valor. Y lograr modernizar la infraestructura como aceleradora del desarrollo: carreteras, comunicaciones y energía. La suma de ellas representa una poderosa palanca para la integración y para la expansión productiva. La que devuelve trabajo y mejores condiciones de vida dignas, y más para los ciudadanos de nuestra Latinoamérica.

Se debe tener aún más determinación y visión de largo plazo. Se debe invertir en el desarrollo de las capacidades tecnológicas de la región. Ello permitirá emancipación tecnológica y cultural. E Implica desarrollo inclusivo —sino no es desarrollo— y a condición de ser ambientalmente sustentable.

Nuestros países deben seguir impulsando proyectos e inversiones también en educación e investigación. Debemos continuar sembrando y jerarquizando la educación técnica. Debemos continuar diversificando todo lo que hace a las energías renovables, y a todas las ciencias así como al desarrollo tecnológico. En nuestro país, vamos a triplicar la inversión en ciencia y tecnología.

Debemos definir metas y, por ejemplo, preguntarnos: ¿es viable aumentar en un 25 % los intercambios regionales en la próxima década? Junto a ello debemos discutir con fundamento los mecanismos y acciones que permitan alcanzarlas.

No solo es posible, es necesario e impostergable.

Las acciones de cooperación se deben coordinar de tal modo que se ejecuten verdaderas políticas transversales e integradoras. Aquí radica el próximo desafío. Y que va más allá de las fronteras de cada país. Aquello de que “la unión hace la fuerza” no es una cuestión caprichosa ni un eslogan, es una imperiosa necesidad.

En los objetivos que se tracen deben conjugarse los esfuerzos de la sociedad civil y gobernantes. La ciudadanía debe demandar y movilizarse. Y los gobernantes debemos responder con acciones sensibles y resultados acordes a las legítimas demandas ciudadanas.

Estas cuestiones definen las vidas de las personas. Impactan en la cotidianeidad de las actuales y de las futuras generaciones, a través de acceso a mejores trabajos y a servicios públicos que registren niveles incrementados de calidad tangibles.

Tengo la plena convicción que la raigambre progresista es naturalmente integradora en todas sus dimensiones: social, política y regional. Y como dice la compañera presidenta de Chile, Michel Bachelet, "nos encontramos en un momento privilegiado" para el impulso regional.

Conocemos a quienes tienen otros intereses y un pensamiento diametralmente opuesto a éste. Los neoliberales jamás han tenido confianza en la fuerza de nuestros pueblos. Tienen complejo de inferioridad. Aquello de “la maldición de Malinche”. Nunca tuvieron las agallas para invertir en el desarrollo de nuestras naciones. ¿Recuerdan? Desmantelaron el Estado para rematarlo todo. Nuestro continente fue el banco de pruebas.

Para que nuestras democracias sean inclusivas y de mayor calidad, no podemos limitarnos a la participación ciudadana en los actos electorales. Se deben seguir mejorando las instituciones y desarrollando estrategias de convivencia e inclusión, que abarquen los derechos de todas las personas.

Ningún manual prescribe a la ciudadanía a hibernar entre elección y elección. Participación, involucramiento y toma de decisiones conforman la tríada de una ciudadanía empoderada. Y en esto también tiene un rol fundamental a jugar. No se trata de un partido de fútbol en el cual soy hincha de la integración o me pongo en la tribuna de enfrente. Son temas de fondo que definen nuestro futuro. Un vigoroso proceso de integración es condición para el desarrollo. Nadie racionalmente lo puede negar, y todos tenemos para contribuir.

Debemos transformar voluntarismo en hechos. Debemos convertir intenciones en realizaciones. Debemos desarrollar verdaderos mapas colaborativos. Debemos trabajar para la creación de mecanismos y nuevos paradigmas de largo plazo, que prevalezcan sobre las dinámicas cíclicas. Debemos seguir luchando juntos por mayor integración que permita mejores condiciones de vida para nuestros pueblos.

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