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"Birdman", Iñárritu abandona el sermón y emprende un vuelo audaz

Tras un puñado de films solemnes, el director sorprende con una creación intensa e inquietante. El ego, el temor al olvido y el triunfo de lo periférico en el mundo del arte; son algunos de los temas que el film sobrevuela entre la comprensión y el sarcasmo.

Birdman, Iñárritu abandona el sermón y emprende un vuelo audaz

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) representa antes que nada, un poderoso giro en la filmografía del mexicano Alejandro González Iñárritu. Después de un puñado de películas solemnes y mesiánicas, entre las que pueden citarse 21 gramos, Babel y Biutiful; el director sorprende con un relato en el que prevalece su habitual cinismo; pero con la saludable vuelta de tuerca de plasmarse a través de un oblicuo sentido del humor y una mirada menos sentenciosa hacia sus criaturas.

Riggan Thomson (un grandioso Michael Keaton), es una ex estrella de Hollywood caída en desgracia. Tras protagonizar veinte años atrás la exitosa trilogía de un popular superhéroe, su figura perdió vigencia y se transformó en una suerte de pieza de recuerdo vintage. Ahora Riggan vuelve por más. No sólo busca regresar a la escena del espectáculo, sino conquistar el prestigio artístico que nunca tuvo. Para esto, se encarga de adaptar, dirigir y protagonizar un relato escrito por Raymond Carver. Hasta aquí, el film podría ser otro de esos cuentos de redención transitados ya mil veces por el cine. Pero no, Iñárritu le agrega múltiples capas y lecturas a una historia que desde los primeros minutos se vuelve inquietante.

De movida y con mucho movimiento, el realizador nos zambulle en el mundo tras bambalinas en un teatro de Broadway. En esos laberínticos entretelones y pasillos, nos convertimos en testigos de las diferentes batallas de ego entre los protagonistas. Todos luchan con su personal cuota de narcisismo, y a la vez se ven obligados a enfrentar la de sus vulnerables compañeros de elenco. Riggan, con una autoestima personal y profesional muy dañada, oscila entre la brillantez y la locura. Mientras que su co su protagonista en escena, Mike Shiner (Edward Norton), arrasa con un combo de déspota-caprichoso siempre dispuesto a la confrontación. En el medio está Lesley (Naomi Watts), una actriz cuya inseguridad se oculta tras la enorme ilusión de haber llegado a uno de los escenarios más prestigiosos del mundo. Birdman recorre cada rincón de la trastienda teatral con gracia y precisión, descubriendo un momento desopilante (que aquí no adelantaremos), cuando Riggan, entre escena y escena de la obra, sale a fumar un pucho a una callecita que se encuentra tras una puerta lateral del escenario.

Michael keaton edward norton

Desde lo cinematográfico, la película es tan arrogante e intensa como sus protagonistas. Un simulado plano secuencia eterno recorre toda la historia desde el principio hasta el final, aunque puedan adivinarse los empalmes cuando la cámara pasa por alguna zona oscura. Una proeza con la que el director de fotografía, Emmanuel Lubezki, busca repetir el Oscar que ganó el año pasado por Gravedad. Una puesta que conecta con los zigzagueantes movimientos de cámara de films como Boogie Nights y Magnolia, de Paul Thomas Anderson. A esta parafernalia visual, se suma una banda sonora construida puramente a partir de los sonidos de batería y percusión, con un crispado acento jazz. Unos pocos arreglos orquestales irrumpen en los momentos de tono fantástico del relato, o bien en las escenas de la obra de teatro que se representa en el escenario. Estos artificios podrían sonar pretenciosos si Birdman fuese un producto vacío y grandilocuente, como lo fueron los bodrios anteriormente mencionados en la carrera de Iñárritu. Pero no, aquí estamos ante una creación furiosamente viva, por lo tanto todo virtuosismo formal queda a la altura de la poderosa vibración de esta película.

La principal candidata al Oscar no agota sus cartuchos en el lenguaje cinematográfico, sino que también habla sobre cine. Por un lado, con una mirada crítica hacia la masiva alienación que generan los films de superhéroes, sumando el simpático guiño autorreferencial de que Michael Keaton fue el Batman de Tim Burton; y lidiando con la angustia que padece Riggan al interactuar con la tormentosa voz interior del personaje alado que alguna vez lo llevó a la cumbre de la fama. Por otros costados, Birdman sobrevuela una suerte de desazón generalizada; tanto sobre las nociones de éxito que hoy triunfan en la pantalla grande, como sobre los paradigmas que actualmente rigen la idea de bienestar y suceso personal. 

Iñárritu navega una marea de planteos incómodos, como el del temor al olvido y los vínculos familiares truncos. En el centro del conflicto está Sam, la hija y asistente de Riggan (una maravillosa Emma Stone), escupiéndole en la cara a su padre una verdad tan punzante como difícil de digerir. Pero no todo es odio y recriminación en el universo de Birdman. La película tiene unos sutiles momentos de detención en que los personajes se miran con comprensión. Estas instancias no equivalen a la negación de las falencias, sino a la chance de un amor y entendimiento que va más allá de sus dolorosas fisuras.

Birdman

¿Y qué hay de la concepción del arte y el espectáculo en el mundo de hoy?. Aquí es donde Alejandro González Iñárritu lanza su dardo más certero. A través de algunas escenas que deambulan entre el dramatismo y el absurdo, el realizador deja en claro que actualmente poco importa una puesta teatral, un disco, un film; o cualquier otro tipo de expresión creativa. Lo medular ya no está en la obra sino en lo periférico. La valoración que haga un crítico a través de un medio importante, la viralización de un video en Youtube, o el revuelo que genere en Twitter alguna frase o imagen relacionada con el hecho artístico en cuestión; son los que determinan el éxito o el fracaso. Suena demasiado críptico y sentencioso, pero Birdman tiene el poder del humor y la ironía para elevarse por encima de la oscuridad. 

Birdman / 2014 / Estados Unidos / 119 minutos / APM 13 / Dir.: Alejandro González Iñárritu / Int.: Michael Keaton, Zach Galifianakis, Emma Stone, Edward Norton, Naomi Watts, Andrea Riseborough. 

Opiniones (1)
20 de agosto de 2017 | 13:09
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20 de agosto de 2017 | 13:09
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  1. Birdman no es más que espejitos de colores que mucha gente compró... es el mismo cine de González Iñárritu de 21 Gramos o Babel, donde sus personajes son miserables y toman decisión equivocada tras decisión equivocada; la película completa es la muestra de "miren todo lo que soy capaz de hacer"; es cine masturbatorio para que todos le aplaudan. Es un pasticho lleno de escenas vacías que no llevan a nada. Está plagado de escenas sueltas vacías que no tienen sentido en la historia (¿ejemplo? La escena de Naomi Watts en el vestuario con su compañera). Técnicamente es brillante, y por supuesto, que le juega también en contra, porque un rato después cuando se puede ver en frío uno se da cuenta que la grandilocuencia técnica tapó todas las falencias de la película. Flojísima Birdman
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