opinión

Familia somos todos

El ex sacerdote mendocino Andrés Gioeni envía una nueva carta a la jerarquía católica.

Familia somos todos

Queridos Obispos:

¡Paz y bien!

Les escribo como hijo, más que como hermano. En pocos días comienza la Cuaresma, tiempo de reflexión, meditación y preparación para la Resurrección. Me atrevo a trazar estas líneas, con mucho respeto y preocupación, sabiendo que son como el sonido de un pequeño grillo en medio de una noche donde resuenan infinidad de sonidos ensordecedores. Acéptenlas como “quien balbucea desde afuera” en medio de tantos teólogos y pastoralistas que opinan desde “un lugar de comunión”.

Se aproximan cada vez más oportunidades para que, como Iglesia, se analicen y amplíen algunas concepciones acerca de la familia. Este año 2015, muchas reuniones eclesiales en diversas diócesis están poniendo el foco en este trascendental y crucial tema. No es para menos, se aproxima el Sínodo General de la Familia, en el mes de octubre. ¡Qué hermosa ocasión para rejuvenecer y restaurar la visión de familia! Para encaminar y encauzar esas energías positivas que se esfuerzan intentando comprender las nuevas y amplias posibilidades de convivencia humana.

Me animo a transmitirles algunas inquietudes comunes, fruto de conversaciones entre sacerdotes, pastores, comunidades, creyentes de diversos credos, y pares que compartimos e intercambiamos visiones. En consonancia con estas confidencias, pero sin pretender arrogarme la representatividad de todos ellos, reflejo algunas impresiones que son las que más se repiten:

En primer lugar, ponderamos muy valioso el camino de diálogo en el Sínodo donde se respetan las opiniones de todas y cada una de las diócesis, donde se aceptan y escuchan las voces diferentes. No se dejen amedrentar por aquellos que desde afuera ven el Sínodo como una serie de peleas internas para ver quiénes tienen más poder, si los “liberales y progresistas” o los “conservadores y dogmáticos”. Sin miedo a la discrepancia, al disenso o al pensamiento heterogéneo, sepan desde allí brindarnos respuestas pluralistas. Tengan como ejemplo a los Padres de la Iglesia, no tanto para repetir de memoria sus catequesis, sino porque lo más valioso de ellos fue su creatividad y astucia para captar, adaptar e inculturar el mensaje evangélico en sus comunidades contemporáneas. Nosotros queremos ser fieles a nuestra fe y confiamos en que ustedes pueden ofrecernos elementos de discernimiento. Con una identidad definida y sin pedirles algún tipo de reconocimiento, queremos que, desde nuestros lugares, nos ayuden a acercarnos más a Dios.

En segundo lugar, vemos sumamente necesario profundizar la confianza en los medios de comunicación. Promuevan el diálogo con todos ellos. Algunos creen oportuno mezquinarles información suponiendo que será filtrada o presentada según lecturas parciales. Pero para muchos de nosotros, es la única fuente de noticia de sus coloquios. La verdad de las discusiones, tarde o temprano, sale a la luz, y termina iluminándonos a todos.

En tercer lugar, les pedimos un esfuerzo extra examinando las diferentes realidades de familias en clave de máxima libertad y verdad. Perseveren en su tarea de ampliar la totalidad de escenarios estimando todas sus problemáticas. ¿Recuerdan que el año pasado el Papa Francisco les pedía que no tuvieran “miedo de hablar”? Lo decía porque es consciente de que hay muchos ambientes a los que todavía no se les puede dar respuesta, a causa de que en muchas diócesis no se animan a reconocer las nuevas realidades emergentes. Sucedió así que en octubre del año pasado muchos consideramos que no fueron presentadas todas las situaciones con claridad. ¡Cuántos de nosotros sentimos que se seguían hablando de nuestras vidas desde preconceptos infundados!

En cuarto lugar, ayúdennos a entender que la generalidad de las exigencias no siempre debe tomarse como norma particular. Cuántos de ustedes comparten la visión de que muchas veces en los sermones y la catequesis se presenta una cosa y otra muy distinta en el confesionario o el acompañamiento espiritual. Debemos aceptar y advertir que, por la escasez de vocaciones consagradas, no todos tienen acceso a una charla íntima y personalizada de su propia situación particular y terminan por tomar como recta y personalizada una regla universal que los determina a la infelicidad. Es necesario re-presentar las diversas variables y posibilidades en las catequesis, en las homilías, en los retiros espirituales de modo que cada ser humano pueda encontrarse con los elementos de discernimiento que lo ayude a optar por un camino de santidad desde su lugar concreto (su “aquí” y su “ahora”). Implementen nuevos caminos de educación en la fe responsable y madura, que sirva de testimonio para el mundo actual.

Hay tantas cuestiones particulares para abordar dentro del gran tema de la FAMILIA, pero cuánto cuesta asumirlas desde la complejidad de aristas. Reiteren su vocación misionera y salgan al encuentro de la diversidad para mirarla con los ojos del Evangelio. Como exponía Pablo VI: “la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre”.

Revivan el compromiso con las personas divorciadas y vueltas a casar. Muchas de esas personas son estigmatizadas en sus parroquias y comunidades religiosas y reciben periódicamente mensajes que los hacen desistir de transitar por su propia senda, elegir un camino correcto y dejar actuar a Dios en su historia única e irrepetible. ¡Cuántas alocuciones religiosas no se cansan de atacar y condenar decisiones de vida que pueden encausar la felicidad de tantas personas! Y les prohíben el acceso a los sacramentos, como si en la doctrina cristiana, los sacramentos fueran “premios por portarse bien”, en lugar de “alimento y gracia para continuar la peregrinación”.

¡Cuántas de esas parejas se animaron a poner punto final, muchas veces con dolorosa renuncia, a situaciones de violencia, ya sea física o psíquica! a situaciones de indiferencia; a situaciones de engaño; a situaciones de desamparo; o simplemente a situaciones de insatisfacción. Y no sólo fueron capaces de dar ese paso significativo de dejar atrás lo que los dañaba, sino que decidieron correr el riesgo de recomenzar su camino y darse una nueva posibilidad, un nuevo sendero de liberación. ¡Vaya ejemplo para capitalizar! ¡Vaya testimonio de vida de quienes no se quedaron mirando hacia atrás, sino que siguieron caminando!

Muchas veces atrás de una mujer golpeada hay una persona que intentó seguir la recomendación de un cura obtuso que le dijo que debía seguir al lado de su marido a pesar de todo. O atrás de un matrimonio infiel y desdichado hay una insistencia desmedida en preservar el valor de un sacramento a costa de la mentira, el ocultamiento y la falta de respeto.

Nos repreguntamos una y otra vez: ¿qué sentido tiene permanecer juntos cuando hay rivalidades, odio y mentiras de por medio? ¿A causa de que en algún momento de sus vidas juraron estar unidos hasta la muerte? ¿O porque creyeron que esa relación iba a ser para toda la vida y se dieron cuenta en el trayecto de que no funcionaba más? ¿O porque creemos que el “Sacramento” del matrimonio es una instancia de encadenamiento más que un mutuo consentimiento de amor? Cuando ese “mutuo consentimiento” ha dejado de estar presente, ese matrimonio no tiene razón de ser ni siquiera a los ojos de Dios.

Y esto no quiere decir que no haya que luchar por alimentar a diario la semilla del amor. Esto no quiere decir que las personas no seamos conscientes de que un paso de semejante envergadura no conlleve la paradójica responsabilidad de luchar por lo se ha conseguido y se quiere conseguir.

Refuercen el compromiso de conducir y custodiar el proceso de los novios acompañándolos desde un respetuoso reconocimiento de su camino de discernimiento. Hablándoles con todos los elementos, escuchando la experiencia de organismos humanos que también velan por valores que atañen al bienestar y salubridad de las personas. Muchas veces atrás de la condena a las relaciones prematrimoniales terminan enlazando personas que ni siquiera sabían que no se complementarían en la cama, siendo el entendimiento sexual un factor importantísimo para el desarrollo de su intimidad. Muchas veces atrás de un persistente desprecio por el preservativo (sin referirme en este contexto a los pormenores que denuncia la OMS acerca de las enfermedades) impulsan a una pareja que no supo contenerse a apresurar su decisión y proyecto de vida, por formalizar un marco social y religioso que reciba a un nuevo integrante. El noviazgo es esa etapa preparatoria para ofrecerles las nociones, los instrumentos y fundamentos, que definan el paso significativo a una unión definitiva.

Aprovechen el diálogo con las ciencias para optimizar el crecimiento responsable de los miembros de las familias. Los deseos, alegrías y sueños de muchas familias en su camino de concepción y transmisión de la vida, muchas veces se ve atravesado por dolores, angustias y dificultades. Para las familias no es fácil tomar decisiones juiciosas y comprometerse en un camino de paternidad responsable como para restringirle técnicas oportunas que conlleven a un objetivo eficiente. Si bien el fin no justifica los medios, no siempre lo óptimo es lo más conveniente. Conmemoren las palabras de Pablo VI cuando les decía que el matrimonio sería “una de las responsabilidades más urgentes del tiempo actual”. Relean este encargo ante los nuevos signos de los tiempos. Es un mundo complejo y todavía con vastas posibilidades para escudriñar. Muchos nos preguntamos si usufructuar de la ciencia respetando las leyes del proceso generador en función del amor conyugal y la recepción de una nueva vida en el seno de una familia, no es también cooperar y hacer presente a Dios en su designio creador. Tanto para aquellos que no pueden concebir por diversas razones, como para quienes quieren regular sus nacimientos, la administración de las herramientas humanas pueden contribuir a llegar a sus objetivos sin menospreciar el plan de Dios ni la naturaleza.

¿No sería más razonable en lugar de prohibir a las parejas el control artificial de la natalidad, y pedirles su regulación exclusiva a través de métodos naturales, si se optara por informar, acompañar, y luego dejar decidir libremente sin alguna coacción de conciencia? ¿Cuántos pastores, no por falta de voluntad o búsqueda sincera, pero sí muchas veces con ingenuidad, creen que el camino de solución es “entrometerse en la cama” de las parejas, o en sus bolsillos o proyectos?

Insistan en la formación de los futuros pastores, que si bien pueden exhortarlos, aconsejarlos, dialogar con ellos y presentarles las mejores opciones, nunca deben tomar la decisión que sólo a las familias les compete.

Promuevan y fomenten que los científicos ahonden sus esfuerzos para buscar nuevas técnicas de reproducción, y regulación, y así vivir una paternidad responsable en la que participen las leyes biológicas y el avance y evolución de la ciencia.

Integren y abran las puertas de la Iglesia a las personas que, teniendo una tendencia homosexual, forman parejas, y se encaminan hacia un proyecto de vida en común donde deciden brindar sus capacidades y servicios al bien de sus comunidades. También ellos merecen llamarse familias, y no es un insulto ni una burla hacia esa institución. Es reconocer y aceptar que las relaciones humanas crecen, maduran y se repliegan a lo largo de la historia, con respeto y diversidad. Nadie debería arrogarse el derecho de restringir ese nombre por discriminación de algún tipo, ni impedir la posibilidad de llamar con esa palabra sus valiosas experiencias familiares.

Algunos de nosotros nos cuestionamos cómo es posible que quieran saber cómo vivimos nuestras familias, pero no somos invitados a dar testimonio. Pareciera que se siguen moviendo con paradigmas y mitos acerca de una realidad que desconocen. Muchos nos rechazan sin aceptar ni reconocer que somos también personas, y como tales, únicas e irrepetibles. Otros pretenden hablar de nosotros sin respetar nuestra idiosincrasia. Son pocos los que se acercan a entender nuestras opiniones y muchos menos los que se animan a experimentar de cerca la belleza fecunda de las familias homoparentales. ¡Por favor! Escúchennos si pretenden vislumbrar nuestros desafíos y dificultades. También muchos de nosotros necesitamos consejos para la fidelidad, la apertura, el perdón, la aceptación de las diferencias. También nosotros tenemos crisis matrimoniales y queremos afrontarlas con madurez y sacrificio. También nuestras familias están expuestas a la falta de trabajo, a la marginalidad, a la drogadependencia, a la violencia, etc. También nosotros necesitamos de su ayuda para la educación de nuestros hijos.

Por último, y con respecto a los sacramentos. Nos dicen que lo jurídico no puede estar por encima del Evangelio, pero muchas veces consultan el Derecho Canónico antes que la Biblia. La pastoral debe velar por la felicidad y por el acceso a los sacramentos de todos los que quieren caminar en Gracia. Uno debería poder caminar en la fe desde su propia situación, desde su propia concepción, siempre informada y formada de su realidad, y decidir en conciencia qué debe hacer. No debe ser una imposición externa.

No sean ustedes quienes nos excluyan del banquete celestial, teniendo un Dios de amor que nos invita a comulgar con él. Somos responsables de nuestros actos, los asumimos, los redimimos. Jesucristo no vino a buscar a los buenos, sino a los publicanos y pecadores. Y todos, en mayor o menor medida, participamos de esa condición.

La familia, cualquiera que sea su situación, debe ser recibida. La diversidad no debe ser vista como una amenaza sino más bien como una riqueza para la humanidad. La Iglesia debe tener las puertas siempre abiertas a todos los hombres y mujeres. Por más que cueste entender sus historias de vida, sus opciones y decisiones.

Dios nos ha creado con creatividad, por lo tanto la clave más acertada para leer las familias es la clave de Dios, un Dios misericordioso, comprensivo y compasivo. Un Dios que sabe que así como hay diversidad de personas también hay diversidad de familias. Un Dios que no convierte al diferente en enemigo, sino que lo respeta, lo integra y lo promueve. Un Dios que defiende y respeta la vida, educada en un ámbito de amor, respeto y cariño.

Opiniones (3)
17 de octubre de 2017 | 18:48
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17 de octubre de 2017 | 18:48
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  1. Alguien me puede decir los motivos científicos porque la OMS puso la homosexualidad como enfermedad y los motivos científicos porque la OMS la saco como enfermedad?
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  2. Andrés, dejá de soñar. Con solo ver las fotos de campaña de Bergoglio en Eslovaquia uno ya sabe que la iglesia no se puede esperar ninguna apertura.
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  3. Señor Andrés Gioeni, veo que sabe manejar muy bien la manipulación estratégica del lenguaje, pero me parece que Ud. desconoce varios pasajes de la biblia y del dogma católico. Si Ud desea seguir a Cristo dentro del catolicismo debe cumplir con su dogma, sino puede tomar o hacerse de la religión que más le convenga sin ensuciar y manchar a la Iglesia. Ya bastante la ha enlodado con sus actitudes y caprichos... si quiere seguir en la iglesia cumpla con lo que determina ésta, no con lo que Ud. le conviene; y deje de burlarse y hacer pública esta comedia que desde hace rato nos viene repiqueteando como una campana!!!
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