opinión

Odisea del espacio. No es una charla de computadoras

El psicólogo Hugo Ocaña escribe sobre nuestra relación con la tecnología.

Odisea del espacio. No es una charla de computadoras

 La máquina va a fallar, eso otorga una posibilidad que puede derivar en una apertura hacia un camino distinto. Pero ¿Qué es la “compu” ésta?

En Heidegger es el “Uno”, en Lacan el “Otro”. Pero en la madre de un chico de 13 años que consulta porque su hijo repitió de año, es algo que puede aproximarseen términos de aconteceres cotidianos y corrientes, en representaciones como “no se pone a estudiar sólo”, “es un vago”, “le doy de todo y me responde de esta manera”, etc. Permítase leer estas frases como archivos del programa que se encargan de ocultar y disuadir al “ser”, pues no “dicen” algo de este joven, o aún peor, reaseguran el ocultamiento de un ser en un ente. Entonces la mamá dice: “está todo el día callado en la “play”, en el “face”(o cualquier obturador que se le venga a la cabeza),yo le digo que se ponga a estudiar y no me hace caso”. Señora venga y si está el papá dígale que también lo espero…siéntese, vamos a conversar, su hijo vendrá después.

Es usual en la clínica de hoy escuchar a los adolescentes diciendo “mi mamá me seca, me mata la cabeza”. Es en este contexto dondela mesa está servida para la ciencia. Si tiene problemas de aprendizaje entonces “tiene que aprender métodos de estudios”. Si no presta atención entonces llamamos a la “Señora Pastilla” que viene con un martillo y acomoda la inquietud con un mazazo químico y así la “compu” prevé para cada acontecer una respuesta lógica y fundamentada desde las universidades más prestigiosas del mundo en relación a qué es lo que sigue cuando falla este aparato, esta maquinaria divina.

Léase esta máquina como un sistema de retroalimentación cerrado que funciona con una autonomía especifica lejos del dominio de cada quien. Es más, esta “compu”, es tan particular que nos hace creer que “depende de cada uno” de “la propia voluntad”, “esfuerzo”, etc., que las cosas “cambien”, “se modifiquen”, etc. De hecho hay todo una corriente psicológica tendiente a alimentar esto con inventos como “autoestima”, “madurez psico-emocional”, etc; que no son otra cosa que un archivo más de la “compu” para favorecer todo cierre, tododistanciamiento del ser. Esto es lo que Heidegger denomina como “el olvido del ser”. Es la torpeza habitual hasta hoy, si la “compu” se rompe o falla, ya se empieza a buscar al técnico que tenga el saber para “arreglarla”.

La verdadera odisea es encarar a la máquina en este viajedesde la apertura que puede desprenderse de la falla de la computadora. El tema es bancarse esta posición sin llamar al técnico. La repitencia escolar, por dar un ejemplo sintomático, puede ser un motivo de consulta que haga las veces de señuelo donde se pueda empezar a vislumbrar un camino inédito y hasta ahora encubierto que dirija la mirada hacia otra dimensión, otro espacio.

Algo llama desde otro lado. En psicoanálisis se llaman “manifestaciones del inconsciente” (lapsus, sueños, síntomas, actos fallidos). Son vías de accesibilidad posible... donde la camarita del ojo rojo de la “compu” pestañea.

Si habla va a fallar y ahí está la escucha del analista para que en el discurso de esa subjetividad que habla,ésta pueda confrontarse con su propia máquina, esa misma que le dice que “va a cambiar sólo”, “el tiempo acomoda todo”, “ya va a crecer”, “es medio tonto, no como la hermana mayor” y un sinfín de frases que caracterizan la matriz de algo que repele cualquier “luz de salida posible” que hace las veces de esto que se puede denominar como “circuito cerrado”, donde se vuelve siempre al mismo lugar.

Hay que meterse en la “compu” a romper “cableados”, cintas de significantes que aplastan, mandatos consolidados que a la larga “nos hablan” tanto que nos olvidamos quienes somos, dónde o para qué estamos, para dónde direccionar la nave o cuánto no nos hemos permitido ser en todo este tiempo.

Todo esto es vía angustia en la clínica, ahí la sensación de falta de aire es terrible pero entiendo que sea el único camino posible. En “2001 Odisea del espacio” de Stanley Kubrick se ve bien cuándo el astronauta se propone penetrar la máquina que ya ha cerrado sus puertas, es el paso anterior para desmontar el cableado y dar inicio a todo viaje auténtico. Antes hay que permitirse una interrogación, un instante que albergue la verdadera pregunta por el ser, esa que indica los caminos posibles en el devenir existencial, la auténtica pregunta que no está contemplada en ningún disco rígido; después de todo…esto no es una charla de computadoras.

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24 de octubre de 2017 | 03:41
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