opinión

Del monolito canónico de normas al poliedro evangélico de Francisco

El papa Francisco y su huella en la Iglesia, analizada por un teólogo.

Del monolito canónico de normas al poliedro evangélico de Francisco

(Cuestionario del Sínodo. Pregunta 2: Ante los aspectos positivos y negativos del cambio y diversidad culturales, ¿se percibe la posibilidad de encontrar elementos comunes en el pluralismo cultural? ).

El Papa Francisco usa a menudo la imagen del poliedro para conjugar el núcleo de criterios con la flexibilidad ante la diversidad de situaciones.

El poliedro es conjunto armónico que no anula las características de cada una de sus caras, ni las homogeneiza como la superficie de una esfera o la rigidez del monolito. Por el contrario, el monolito encarna la imagen de una moral de normas rígidas sin excepciones.

El cuestionario del Sínodo, heredando una problemática principal del Concilio Vaticano II, afronta sin miedo la realidad de la comunicación e intercambio entre la diversidad de las culturas, así como la velocidad de los cambios culturales en la actualidad. Por eso la pregunta n.2 plantea cómo encontrar elementos comunes en el pluralismo cultural.

Responderíamos: con una “moral de monolito” (o de semáforo en rojo), no se encontrarán. Con una “moral de poliedro” (o de brújula), sí se encontrarán.

Pero, en vez de imágenes y conceptos abstractos, ejemplifiquémoslo con un caso concreto: la disciplina canónica acerca del bautizo de una persona casada civilmente en una sociedad que admite la poligamia.

Desde una perspectiva de “moral monolítica”, que define normativamente la “unidad e indisolubilidad” como “propiedades esenciales del matrimonio” (según el canon 1056 del Nuevo Derecho Canónico, de 1983), le dirían al cónyuge que desea bautizarse lo que dice el canon 1148 del mismo código: “Al recibir el bautismo en la Iglesia católica un no bautizado que tenga simultáneamente varias mujeres tampoco bautizadas, si le resulta duro permanecer con la primera de ellas, puede quedarse con una de las otras, apartando de sí a las demás. Lo mismo vale para la mujer no bautizada que tenga simultáneamente varios maridos no bautizados”. (Según el Código de 1917, se obligaba a permanecer con la primera esposa como cónyuge legítima).

Desde una perspectiva de “moral poliédrica”, el criterio de valoración moral no se pondría simple y monolíticamente sin más, en la aceptación exclusiva de la monogamia y el rechazo sin excepciones de la poligamia, sino en el “elemento común” dentro del pluralismo cultural de monogamias y poligamias.

Por ejemplo, ese elemento común podría colocarse en la exigencia de respeto a la dignidad y los derechos de todas y cada una de las personas, en el reconocimiento mutuo, en la comunidad de vida y amor, en la justicia, reciprocidad e igualdad de trato en las relaciones etc., tanto en el caso de una cultura de relaciones de monogamia como en la de poligamia.

Por supuesto, desde esta perspectiva de una moral centrada en lo principal y con flexibilidad para admitir la diversidad en lo secundario, resulta inconcebible e injusta , por no decir una barbaridad, la disciplina eclesiástica del canon 1148. No es extraño que los obispos de algunos países africanos donde se ha planteado más agudamente este problema hagan oir sus voces . Pero para explicarlo bien se necesita una teología moral en la línea "del poliedro y la brújula”.

Para entender bien y aplicar debidamente esta clase de moral del poliedro, ayudará tener presentes los párrafos 34 al 49 de la exhortación Evangelii Gaudium, donde insiste Francisco en los temas siguientes:

“Centrarse en lo esencial”, “algunas verdades son más importantes por expresar más directamente el corazón del Evangelio”, “la misericordia es la mayor de las virtudes”, evitar la desproporción de cuando “se habla más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios”, que la moral cristiana no sea una“ética estoica ni un catálogo de pecados y errores”,que evolucione, "madure y crezca la Iglesia en su interpretaciçon de la Palabra y comprensión de la verdad”, no empeñarse en “una doctrina monolítica defendida por todos sin matices”, reconocer que “la expresiçón de la verdad puede ser multiforme”, que “los preceptos dados por Cristo son poquísimos”,como decía santo Tomás, y que “hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas de posible crecimiento”, que “el confesionario no debe ser sala de torturas” y que "la misericordia del Señor nos estimula a hacer el bien posible”... ¡Todo un programa para revisar y reformar la clase de teología moral!

(*) Juan Masiá. Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas, Asesor de la Asociación de Médicos Católicos de Japón, Consejero de la Asociación de Bioética de Japón, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), Colaborador del Centro Social “Pedro Claver”, de la Compañía de Jesús en Tokyo.

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