opinión

La polémica en torno a la telenovela turca

Hay un entuerto internacional que involucra a esta novela. Aquí te lo cuenta nuestro columnista.

La polémica en torno a la telenovela turca

Una polémica de política internacional (aunque parezca de espectáculos y algunos diarios lo pongan en esa sección para minimizarla) estalló esta semana en torno a la telenovela “Las mil y una noches” que emite Canal 13 de Buenos Aires y su repetidora Canal 12 de Córdoba.

Es que la comunidad armenia de Argentina protestó contra la utilización política de la tira y sobre todo contra la intención (nunca desmentida por las autoridades del canal) de que el último capítulo se emita el próximo 24 de abril, justo cuando se conmemoren los 100 años del inicio del Genocidio Armenio.

Entre 1915 y 1923, el Imperio Otomano (luego de 1918 ya la República de Turquía) exterminó a un millón y medio de armenios. Un millón y medio de seres humanos. Igual que la actual población de la ciudad de Córdoba. Aún hoy la República de Turquía sigue negando ese genocidio y gasta enormes cantidades de dinero en un lobby alrededor del mundo para contrarrestar o poner en dudas ese genocidio.

Argentina es uno de los países que reconoce el Genocidio Armenio, un reconocimiento que salió por ley en diciembre de 2006 y fue promulgado por el ex presidente Néstor Kirchner en enero de 2007. Eso fue el resultado de la voluntad política de un gobierno que entendió que las políticas de memoria, verdad y justicia son universales, pero sobre todo fue el resultado de una larguísima lucha de la comunidad armenia de la Argentina. Aquí viven más de 120.000 descendientes de armenios, todos ellos nietos o bisnietos de víctimas o sobrevivientes de aquel, que fue el primer genocidio del siglo XX.

Con ese cuadro de situación, se puede empezar a entender algo de la polémica por la novela del Grupo Clarín.

El soft power (o poder blando) es una táctica de penetración cultural muy importante, una herramienta que tienen las naciones, y que como toda herramienta se puede usar para bien o para mal. Estamos hablando de la marca de un país, la promoción de sus bellezas naturales, de su historia, de su cultura en los distintos campos, puede ser desde la música y la literatura hasta el fútbol y la gastronomía.

El objetivo puede ser atraer turistas al país, o influir en los mercados, o hasta la dominación política.

Brasil lo hace muy bien con su bandera, el carnaval, la música, las playas, la caipirinha, etc.

España con sus costas soleadas en una Europa gris, sus paellas o (en otros tiempos) sus corridas de toros.

Francia con sus vinos y gastronomía, lo mismo que Italia.

Irlanda con sus poetas y sus duendes.

Suecia y Noruega con su sol de medianoche.

México y Perú con sus culturas y ruinas precolombinas.

Hasta la Argentina lo ha estado usando bien con su tango, su gran capital que es Buenos Aires, sus clásicos de fútbol y sus bellezas naturales desde el norte hasta el sur.

Estados Unidos lo ha hecho desde siempre con una política imperialista, incluyendo culturalmente en todo el mundo con su gran “sueño americano”, desde las rubias de New York, pasando por la comida chatarra y hasta la música y el cine de Hollywood.

En este contexto nadie duda de que una telenovela es una forma de penetración cultural y política sin igual.

En el caso de “Las mil y una noches”, el producto enlatado es potenciado por otros programas del Grupo Clarín que se pasan todo el día dándole manija. El resultado es un éxito importante ya que una gran parte de las mujeres (¿y hombres?) de la Argentina están alienados con la serie.

Dejando de lado la sórdida historia y las pocas virtudes estéticas, lo importante del tema es que este caso forma parte de los esfuerzos económicos y políticos que está haciendo la República de Turquía para usar el soft power o poder blando, justo en este 2015, cuando se cumplen 100 años del Genocidio Armenio.

Además del dinero que habría puesto la República de Turquía (millones de pesos) para que la telenovela se emita casi sin cortes publicitarios, también están los viajes pagos a presentadores del Grupo para que viajen a Turquía a entrevistar a los protagonistas y agigantar el show bussiness.

Sin embargo, si la intención de la República de Turquía era ocultar o eclipsar el centenario del Genocidio Armenio, el tiro le salió por la culata. Porque hoy, con el estallido de la polémica, se está hablando mucho más del Genocidio Armenio. Gracias a esta denuncia y en definitiva, gracias a la telenovela, mucha gente que no conocía sobre el tema se está interesando.

Por supuesto que lo importante no es la telenovela, ni nadie cuestiona el derecho de cada uno de ver lo que quiera. Nadie podría decir que hay que dejar de leer los libros de Orham Pamuk o mirar las películas de Nuri Bilge Ceylan. Lo que está en cuestión es la decisión de la República de Turquía y el Grupo Clarín para usar políticamente la novela en la negación del Genocidio Armenio.


Mariano Saravia. 

Opiniones (4)
16 de diciembre de 2017 | 12:31
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16 de diciembre de 2017 | 12:31
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  1. sera este flaco un zurdo quizas?
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  2. Mariano, ya que estas, escribiré algo sobre el mayor y más cruel genocidio de la historia, perpetrado por Mao. Si, ese mismo genocida chino que vanagloria la presidenta cris ahora mismo en su viaje al gigante chino. Espero tu columna al respecto
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  3. mucha conspiración, pero el chiste es que esa novela se empezó a emitir ANTES en Chile y Colombia.
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  4. Muchachos! ¿todo lo que venga del grupo clarín tiene que pasar por la guillotina de ustedes?. Estamos viendo novelas del narcotráfico colombiano (que les enseña a nuestros ciudadano), novelas venezolanas, brasileras, viudas negras y nadie dice nada. Ësta como es del grupo Clarín no sirve. y eso que hemos visto películas donde se mataban a millones de judios y otros tantos. Seguro que cuando se enteren del concepto que tienen de nuestra presidente los españols, Zas! nos sacan esos canales. Libertad, libertad, libertad!!!!
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