opinión

¿De qué se ríen? ¿Por qué se enojan?

El director de MDZ analiza el inicio del año electoral y la reacción de oficialistas y opositores ante los problemas vigentes.

Un niño de hoy podrá estar distraído en mil pantallas que parecen consumir toda su atención pero, además, por algún fenómeno de este tiempo, también tiene la capacidad de desarrollar un nivel de percepción sensorial que los adultos no podemos poner en marcha.

“Papá, ¿por qué los políticos o están muy contentos o están muy enojados?”, fue la pregunta que desató la escritura de esta columna. ¡Y es cierto! Es una obviedad la reacción de toda una generación de políticos surgidos del marketing de la nueva democracia argentina los obliga a posar ante la realidad. Quieren mostrarse confiados y sólidos y por eso sonríen y son capaces de hacer chistes en medio de un velorio. O lo que pretenden es aparecer como golpeados, indignados, más que el que más lo está, aunque no sufra en su propio cuero lo que sí aquel. La idea de “representación” sale del andarivel del republicanismo y la elección de voces con las que se identifiquen porciones de la sociedad, para pasar a su uso artístico: la que se formula sobre un escenario virtual.

En la Argentina, además, optamos por enredarnos y complejizar las situaciones que requieren de todo lo contrario. De ese modo, pareciera ser que ningún camino de salida a los problemas aparecerá ante la sociedad como fácil, de sencillo tránsito hacia la solución. Eso hace que los “expertos” coticen más. Se reirán a carcajadas y harán chistes por TV. Se enojarán a más no poder y golpearán la mesa con su puño, según quieran empujar hacia la continuidad o el cambio.


Así, la ciudadanía se anestesia y cree que ese –el de la política- no es su lugar: termina por convencerse de que, como le parece de locos reírse tanto en medio de las dificultades o gruñir tan vehementemente mientras la situación reclama calma y pensamiento crítico y no furia.

¿Quién gana?, es la pregunta que debería plantearse a continuación. Pero antes de que nos permitamos hacerla nos surge de inmediato las dos que nos separan y alinean en forma enfrentada: “¿De qué se ríen?”, “¿por qué se enojan tanto?”. Ambos canales nos llevan a una política en estéreo que si bien no ayuda a cambiar al realidad, les permite a ambos sectores sobrevivir en su roles, seguir desarrollando su papel en el teatro de las vanidades argentinas.

¿Será que tendrá que haber algún niño que nos zamarree en medio de tal alucinación y nos provoque a mirarnos a los ojos y descubrir que no es el presente el momento en el que debemos enredar nuestros pensamientos sino el futuro?

La Argentina vive un momento de crisis institucional de altísima gravedad. La confusión no solo se impone por peso propio en medio de realidades enfrentadas por quienes ríen a carcajadas por ella o quienes se enfurecen exageradamente ante su sola mención, sino que es promovida por usinas que saben lo que hacen. Si no sabemos qué pasa, no sabremos cómo superarlo. Es más: ni siquiera nos plantearemos la idea de dar un paso hacia delante.

Lo cierto es que 2015 en nuestro país es un año bisagra. La Presidenta no consiguió su reelección. Se lo impidió, en gran medida, la derrota sufrida en las elecciones bonaerenses de hace dos años. En ese momento, la ciudadanía pudo ordenarse y decirle, de algún modo, que “todo está bien con este gobierno, pero no queremos que se eternice por decisión propia: en todo caso, queremos opinar”.

Luego, ante la posibilidad del cambio, muchos sectores de la oposición aspiraron apresuradamente a ocupar el lugar. Pero lo llenaron de nombres, no de proyectos. Baste elegir uno solo, al azar, y preguntarse qué haría con esto, con aquello y con lo otro y, con matices, veríamos que es muy dificultoso hacerse a la idea de que alguno pueda desembarcar dentro de muy poco tiempo y remplazar con su apellido, su gesticulación, sus hombres y mujeres, su estilo, su acción todo este espacio gigantesco que el actual Gobierno ha abierto como representación de su paso por el poder.

Dicho de otro modo: ¿Quién será antes de que termine este año el Presidente, sus ministros? ¿Queremos extender la carcajada y comprender por qué hay que reírse cuando pasan tantas cosas tristes, horrendas en realidad o decidiremos sumarnos a la indignación, privándonos del disfrute de haber logrado superar algunos escollos críticos de la economía que antes condicionaban la institucionalidad misma?

Hay un camino diferente que es pensar en esto individualmente y provocar debates colectivos. No es un concurso de TV a lo que se nos invita a participar cuando se convoca a elecciones: se elige quien liderará el desarrollo del país en el que vivimos nosotros y nuestros hijos y tenemos que saber hacia dónde irán, iremos, nos llevarán o acompañaremos.

Opiniones (2)
19 de octubre de 2017 | 11:39
3
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19 de octubre de 2017 | 11:39
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  1. DE NOSOTROS... O QUEDA ALGUNA DUDA?????
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  2. Excelente nota. Felicitaciones Gabriel !!!!!!
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