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Politiquines

Más opositores que propositores se posicionan en el mapa electoral de un juego perdido de antemano si no aparecen las ideas.

Politiquines

El reloj de arena político hacia 2015 comenzó a correr hace ya varios meses, pero la cuenta regresiva marca desde hoy 28 días cruciales en los que se hará, deshará, dirá y desdirá de todo.

El último día de febrero los partidos deben bajar sus cartas a la mesa de la Justicia Electoral pero, a decir por el desarrollo del juego, ya todos perdimos de antemano.

Mientras la política espera en un rincón de telarañas a que la convoquen, los politiquines especulan.

Los politiquines no son estadistas sino estadistiqueros. Hacen sus encuestas o leen las ajenas para ver quién mide; analizan quién podría ser su salvavidas y quién su chaleco de plomo; resuelven complejos sudokus de bancas legislativas y gastan todas las servilletas del café garabateando nombres y reparticiones.

Los politiquines no son estadistas sino estadistiqueros.

Primero fue el Estanciero de las fechas: que si desdoblan los caciques, que si desdobla el patrón o si acompañan todos.

Después comenzaron los movimientos del Tetris. Por estos días los radicales acusan al peronismo de preocuparse más de sus internas que de la gestión, mientras juntan los vidrios rotos en la trastienda de la foto de la “fórmula de la unidad” Cornejo-Montero.

En la vereda de enfrente una decena de potenciales candidatos se mide en el peronómetro (ahora más bien el sciolómetro y el kirchnerómetro) para heredar el trono.

Mientras, la política sigue allí en el rincón con sus ideas como convidado de piedra en la “fiesta de la democracia”.

Los politiquines quieren garantizar el rumbo o torcerlo (90 o 180º según corresponda). Unos quieren dejar atrás años perdidos y otros, ir por lo que falta.

Unos llegarán a junio con los tobillos marcados a patadas y las ruedas sin lugar para más palos y otros, probablemente, lo hagan también en diciembre de 2019.

Porque en el mundo de los politiquines están los buenos y los malos.

En el mundo de los politiquines hay nombres, no ideas o propuestas.

Después de tres años, parece que algunos no eran tan malos ni otros tan buenos, y comienzan a mezclarse. Mientras unos resuelven el último tramo de la gestión ordenando fichas internas, los opositores abren la tranquera a un “gran frente opositor”.

Tal vez si desempolváramos aquel rincón abandonado hoy podríamos estar hablando de propositores o “un gran frente propositor” en el que el punto de cruces, debates y hasta confrontaciones sean las ideas y no los nombres.

 Tal vez hoy podríamos estar hablando de política y no de politiquines. 

Tal vez hoy podríamos estar hablando de política y no de politiquines.

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20 de agosto de 2017 | 07:20
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