opinión

La columna de Padilla: "Crónica de una fiesta"

Los radicales siguen siendo radicales. Los peronistas siguen siendo peronistas. Algunos han muerto. Otros no quieren morir.

La columna de Padilla: Crónica de una fiesta

La fiesta terminó a eso de las seis y media de la mañana. Eso supongo, porque me levanté a las siete y ya no sonaba la música ni se escuchaban conversaciones.Madrugada de un domingo nublado en la población cuando desperté, definitivamente. Me acosté muy cansado a las once de la noche luego de un día largo, un día de mucho sol en el pueblo. La fiesta se realizó a dos casas de la mía. Sin embargo, recién a las cuatro de la mañana me enteré de su existencia cuando sobresaltado con los gritos de la gente y las arengas de un hombre a través del micrófono, me incorporé de la cama. Fui al baño, oriné y me asomé por la ventana. Puro bochinche. No se veía nada porque la fiesta se hacía dentro de una casa, en el patio interno. Igual podía escuchar nítidamente todo. El parlante del micrófono estaba al máximo y el hombre que lo manipulaba cantaba arriba de la canción que sonaba de fondo. Era una canción de los Wawancó, una cumbia: “la cosecha de mujeres nunca se acaba, la cosecha de mujeres nunca se acaba”, decía el estribillo. Y todos los participantes la coreaban mientras el hombre del micrófono la afirmaba con sus gritos. Por la calle, una bandada de chicas y chicos que volvían del centro del pueblo pasó a la altura de la casa, y, excitados por esos cantos, pidieron entrar a la fiesta echando gritos desde la vereda. No sé si luego se concretó su participación en la fiesta. Di un par de vueltas por la casa, y,entre-dormido, volví a la cama; aintentar descansar un rato más. La fiesta seguía a todo volumen y, supuse, debía acabar cuando amaneciera. Me dormí. Y en el sueño me llevé la fiesta y sus gritos.

***

En el sueño yo estaba en un antro nocturno. Uno real. Un bolichón donde solíamos ir a bailar con mis amigos y amigas de la universidad cuando teníamos 19 años. “San Agustín” se llama, si es que existe, todavía. En ese bolichón, ubicado en el Challao, cerca del zoológico de Mendoza, íbamos dos veces por semana. Un sitio cutre. Con música de cumbia y ska, y al final de la noche, “lentos”. Muy oscuro pero pacífico. Conocido por muchos como sitio de “trampa”. Nosotros no íbamos de trampa en el sentido indicado, íbamos a trampear al dueño del lugar porque no teníamos un centavo. Juntábamos monedas y billetes y éramos no menos de 6. A veces dejábamos los relojes empeñados. Galopamos mil estrategias.Como le caímos bien al dueño desde un principio, siempre nos dejó entrar. Y allí la pasábamos bien. A veces íbamos un lunes a la noche cuando no había nadie y tomábamos el lugar. Entre ese sitio y la universidad, más la militancia política, hacíamos la vida un poco más soportable. Estábamos por entonces en el inicio del menemismo. La mayoría de las familias habían sido destrozadas por la hiperinflación. Las casas eran tristes y se comía lo que había. La gente, una parte importante, se iba del país a un exilio económico. Unos morían de infarto. Otros se cáncer. Las enfermedades fueron plaga. Un síntoma del malestar que se extendería por mucho tiempo más. Se vivía una situación desesperante pero nosotros hacíamos nuestra fiesta a como diera lugar. En el sueño, recuerdo que estábamos bailando en el centro de la pista. Desaforados. “La cosecha de mujeres nunca se acaba”, una y otra vez. La misma canción de la fiesta que me despertó de madrugada. Por entre medio de los bailarines pasaba un tipo con un aerosol desinfectante y rociaba la pista. Eso lo hacía a cada hora.

***

La fiesta había terminado cuando me levanté. Quedaban la casa y enfrente el mar. Y entre ellos un silencio pasmoso y aletargado. Era una hora ausente. De esas que se perciben en los arranques de los domingos. Agria. La casa y el mar. Y el silencio. Una tríada solo posible en eselapso. Una complicidad solo interrumpida cada tanto por el catarro de las olas en la playa. No había un alma por las calles del pueblo.

***

Nosotros por entonces, en la universidad, conformábamos una agrupación política de izquierda. No troska. Había peronistas y radicales que no encontraban espacio en sus partidos, desencantados con sus partidos. Había comunistas de la “fede”. “Independientes” -como se les llama a los que no se definen por algunos de los partidos existentes, pero con ideas de izquierda. Intransigentes y humanistas. En esos años: 88, 89, 90, leíamos a Martha Harnecker - una marxista chilena que editaba libros de formación política de muy buen nivel, formada en Francia con Louis Althusser.Leíamos además: a Frank Fanon, Shafick Handall, Omar Cabezas, John William Cooke. Literatura de guerrilleros. Veíamos películas de ese tono: La Patagonia Rebelde, La Batalla de Argel, Estado de Sitio. Con esos libros y esas películas nos formábamos en la discusión política. Intercambiábamos además literatura. Soriano, Henry Miller, Bukowski, Asís. Un cóctel. Un cóctel explosivo que nunca explotó porque solo éramos un grupo de universitarios que creíamos que la revolución estaba a dos cuadras más de la que imaginaban los troskos. Y revolución no hubo. Nos peleábamos principalmente con los radicales –tal vez eso fue lo más cerca que estuvimos de la revolución, pelearnos con los radicales de entonces. Muchas veces a las trompadas. Luego de las asambleas estudiantiles o en alguna peña donde nos cruzábamos, a propósito. Con los peronistas teníamos celo pero buen diálogo. En ese entonces los peronistas de la universidad asistían al ocaso. Se los relacionaba directamente con el menemismo, aunque ellos no tuvieran nada que ver, en el sentido estricto de su participación. Más bien eran renovadores. Del sector de Cafiero que perdió la interna con Menem para las presidenciales anticipadas en la debacle del alfonsinismo. Con los troskos disputábamos un espacio común. El espacio de la izquierda. Sabíamos que nunca podríamos ponernos de acuerdo. Porque ellos estaban tan a la izquierda que se caían del mapa. Y aburrían. Como aburren todos los troskos en el mundo. Generacionalmente, aquellos radicales y peronistas con los que participábamos de la política universitaria, hoy están en el poder. Algunos dirigen intendencias, otros ocupan ministerios, secretarías, puestos técnicos en el estado. Y nosotros espacios académicos, en la docencia universitaria o secundaria, en la investigación, haciendo literatura, periodismo, o becados en algún país africano. Con el tiempo algunos nos hicimos peronistas, o nos dimos cuenta que lo éramos sin saberlo. Otros abrazaron solamente al kirchnerismo a partir del 2003. Mientras que otros se fueron para el lado del ecologismo porque se enteraron que al planeta se lo estaban devorando los capitales y los usos sociales de la destrucción. Los radicales siguen siendo radicales. Los peronistas siguen siendo peronistas. Algunos han muerto. Otros no quieren morir.

***

El sueño se disipó con la última rociada de aerosol desinfectante en el San Agustín. A mí me suena en el computador la música de Paris-Texas. Quedan: la casa y el mar, y un silencio oceánico. La fiesta ya no es más fiesta. El pueblo despierta lentamente de su bochinchera noche de sábado. Los pescadores se aprestan a vender los frutos de su cosecha. Es un día nublado, de domingo.

Opiniones (5)
19 de agosto de 2017 | 17:57
6
ERROR
19 de agosto de 2017 | 17:57
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Siempre he sido, lo reconozco, un áspero crítico de lo que este autor deja aqui. Tanto descaro en su desmesura habitual en defender posturas antagónicas a las mías y encima con argumentos y herramientas literarios que me resultaron molestos. Pero hoy debo dejar de lado esa coraza habitual. El autor me acerca de forma cortés y elegante a sus tiempos. A días confusos e inocentes, días simples. Días suaves. Días desde donde aquellos actores hoy son otros, complejos, enemigos o aliados. Como todos. Siempre perdí los estribos con Padilla, un error muy argentino el de no tolerar. Gracias por estas imágenes.
    5
  2. Grande la definición de kirchnerista de joecuervo. Jaaaa....jaaaaaaaa
    4
  3. algunos como vos también quieren seguir colgados de la mamadera... aplaudiendo y escribiendo incoherencias indefendibles porque teclear el teclado es gratis... un kirchnerista es un menemista que no conoció Paris...
    3
  4. Lo único que se puede percibir es que te la pasaste mas de joda que laburando. Hoy también estás para San Agustín, pero la playa donde se tiran los trastos de cuatro y dos ruedas secuestrados. Nadie va a notar que uno de esos trastos suda y caga.
    2
  5. CET ARTICLE EST PATHETIQUE, TYPIQUE PERDANT. FAIS DE BEAUX REVES PADDY ...
    1
En Imágenes
Bunkers de la Segunda Guerra Mundial
15 de Agosto de 2017
Bunkers de la Segunda Guerra Mundial