opinión

El dilema de acceder a la información pública en Argentina

El financiamiento de la ex SIDE y la falta de un control por parte del Estado.

El dilema de acceder a la información pública en Argentina

“Un gobierno que no rinde cuentas no se somete realmente a derecho. Un gobierno que no rinde cuentas no aporta información para definir el voto con independencia. Un gobierno que no rinde cuentas traiciona la soberanía popular y la igualdad política". 

                                                                                                         Villoria, Manuel

Parece que fue Napoleón el que dijo que los hombres luchan mejor por sus intereses que por sus derechos y, tal vez, esto también sea aplicable ahora. Es posible que en estos momentos de crisis económica se vea más necesaria la exigencia de transparencia, no ya como un derecho para acceder a la información, sino como un mecanismo de defensa de los propios intereses. ¿A qué se destina nuestro dinero? ¿Cuáles son los gastos y las inversiones que se están haciendo? ¿Cuáles son los servicios que se están dado y cuáles los que se dejan de prestar?

En este contexto, si hablamos de transparencia no podemos dejar de hablar de corrupción, no solo desde un punto de vista ético o de calidad democrática, sino también des de un punto de vista económico y de gestión eficiente de los recursos disponibles, que es un aspecto que tiene especial importancia en estos tiempos de crisis: ¿Qué supone la corrupción para los presupuestos del Estado? ¿Y para el de las empresas? ¿Qué servicios se podrían prestar o mantener si se redujera la corrupción? ¿Qué impacto tendría una mayor transparencia?

Tras la muerte del fiscal Nisman y con ella, el descubrimiento para gran parte de la ciudadanía de los oscuros manejos de los agentes de inteligencia de nuestro país, pusieron de relieve un problema que Argentina arrastra desde hace varias décadas: la autonomía e independencia de un ente estatal pero reservado, con amplios fondos presupuestarios y tareas que siempre están vinculadas a delitos de alta gravedad.

El presupuesto oficial de la SIDE se duplicó desde 2007. Es un gasto que aumentó moderadamente, en comparación con otras áreas y con la inflación de por medio. La cifra proyectada para 2015 supera los $800 millones. Pero esa foto es una imagen que distorsiona la realidad: se trata de dinero que no tienen ningún tipo de control. El mecanismo de control parlamentario no funciona.

Un costado negro de nuestra democracia, que sin lugar a dudas se convierte en una de las deudas pendientes de todos los políticos que han pasado por la Casa Rosada. En efecto, actualmente, no se conoce su planta de empleados. No se sabe qué tareas cumplen sus agentes. Su organigrama no es público. No tiene página web y, menos, cuenta de Twitter, como sus colegas de la CIA. Sólo es auditada por una comisión legislativa que está paralizada. La SIDE es un reducto en el que reina el secretismo y la falta de control. Eso se desprende de la investigación académica "El (des)control democrático de los servicios de inteligencia" publicada esta semana por la Asociación por los Derechos Civiles (ADC).

Así pues, se advierte que la raiz de todos los problemas de la SIDE es su opacidad. Se escudan en el argumento de que no tienen que dar información para resguardar el secreto pero… ¿Cómo pueden hacerlo en el exterior entonces?", cuestionamiento que comparto con Torcuato Sozio, director ejecutivo de ADC.


Tal como lo indicaba Argullol, en el libro de C.M. Bowra "La Atenas de Pericles", que es un estudio sobre la génesis de la democracia ateniense, Pericles, hombre culto y de ideales elevados, al que acompañaba una justa fama de incorruptible, advirtió tempranamente que la corrupción era el enemigo por antonomasia de la nueva libertad. Él quería que los representantes populares exhibiesen una estricta honradez ya que, precisamente, la deshonestidad y la codicia habían abortado los intentos anteriores de instaurar una democracia en Atenas. Nos podemos remontar a la Atenas de Pericles para ver que estos principios y valores vienen de antiguo y que estas peticiones, de una manera u otra, se han ido reclamando durante siglos, pero actualmente, los podemos reclamar de otra manera y tenemos a nuestro alcance nuevas herramientas, nuevos mecanismos impensables en aquella Atenas: las tecnologías de la información y la comunicación

Pero de nada sirven estas nuevas tecnologías si no exigimos un gobierno abierto, basado en los principios de transparencia, participación y colaboración. Esto, supone una estrategia de innovación democrática: apertura de datos y rendición de cuentas, y en cuanto a la transparencia, para generar confianza y permitir la participación y la colaboración. La democracia de calidad requiere también una ciudadanía virtuosa, es decir, implicada, exigente. Pero ello no será posible si los ciudadanos se desentienden de la política y desconfían de las instituciones

Para llevar a cabo cualquiera de estas iniciativas dentro de una estrategia de gobierno abierto hace falta voluntad: un cambio de actitud y decisiones políticas que estén a la altura del cambio de paradigma que está produciendo. Cuando hay voluntad para hacerlo, las nuevas herramientas tecnológicas son las que permiten su implementación. El gobierno abierto se fundamenta en tres principios, en tres pilares y como indica Nagore de los Rios, por ese orden: "Transparencia, participación y colaboración pero por ese orden. Si no tenemos transparencia jamás podremos colaborar con total garantía y mucho menos cogestionar. Estas tres palabras encierran un potencial muy grande, muy importante para todos aquellos que creemos que la política debe cambiar, y lo antes posible.

De ahí que sea preciso que la ciudadanía recupere la confianza política y la confianza en sus capacidades como sujetos de la democracia. Esta recuperación de confianza no será posible si la Administración es opaca, no rinde cuentas, no abre vías de participación y control.".

Finalmente me parece oportuno reflexionar respecto de varias tragedias ocurridas en nuestro país, a lo largo de los distintos gobiernos democráticos y que –sin duda- han provocado heridas muy profundas en nuestra sociedad. Tal es el caso del queridísimo e inolvidable Dr René Favaloro, quien se mató porque Argentina era demasiado corrupta para alguien que solo aspiraba a curar. ¿Qué menos haría quien solo buscaba justicia, como el fiscal Nisman? Nisman es nuestra víctima, asesinado también por una sociedad anómica, y un sistema político disfuncional.

Tal vez empezamos a matarlo cuando asesinaron a José Luis Cabezas en 1997, un reportero gráfico que seguía pistas de corrupción entre contratistas del Estado, o cuando desapareció Jorge Julio López en 2006, querellante en un juicio por violación de derechos humanos por quien la justicia no hizo demasiado.

Como afirma Stiglitz, J. (1999), existe el derecho básico de conocer, de estar informado sobre lo que el gobierno está haciendo y porqué lo está haciendo. Hemos de tener en cuenta que las Administraciones Públicas se financian con fondos públicos, que provienen de los ciudadanos, y tiene como misión principal servir a estos y es por eso que todos los datos que generan pertenecen a los ciudadanos. La importancia del derecho a la información pública, queda reflejada en el siguiente párrafo: "Este derecho de acceso a la información pública supone una herramienta indispensable para adquirir aquellos conocimientos que nos permitan controlar la actuación de los gobiernos y prevenir y luchar contra la corrupción así como contrarrestar la violación de nuestros derechos”.

Opiniones (1)
19 de agosto de 2017 | 12:44
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19 de agosto de 2017 | 12:44
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  1. GENIAL ALICIA. Recuerdo que cuando estábamos en AGORA muchos salían a criticarnos diciendo que nos ocupáramos de cosas mas importantes, cuando insistíamos con la transparencia de la gestión publica y el LIBRE ACCESO A LA INFORMACIÓN PUBLICA. Hoy esta claro que la única salvación para la Democracia esta en acceder a mecanismos de control directo y transparencia en la gestión publica. Espero que, como un ejercicio, vayamos ocupándonos del tema y exigiendo que el Libre Acceso a la Información Publica sea una realidad.
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