Opina el director del BA Herald: Juegos sucios de Inteligencia

Sebastián Lacunza, director del Buenos Aires Herald, compartió con MDZ la traducción de su columna publicada en el diario de lengua inglesa.

Opina el director del BA Herald: Juegos sucios de Inteligencia

En 1983, Raúl Alfonsín heredó servicios de Inteligencia que acababan de participar de una de las masacres más graves del siglo XX en América Latina. Uno de los represores de la dictadura, el agente de Inteligencia Raúl Guglielminetti, llegó a ser custodia presidencial. En la difícil tarea de reconstruir la democracia, Alfonsín no supo, no quiso o no pudo transformar a la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE, hoy SI). Mientras el gobierno de la UCR se veía acosado por asonadas militares y múltiples conspiraciones, lobos de Inteligencia aparecían vinculados a secuestros extorsivos.

Incluso, cuando la presidencia de Alfonsín ya se encontraba en extrema debilidad, la oposición peronista acusó a la SIDE de organizar disturbios para enlodar masivos actos de protesta en Plaza de Mayo. Una vez más, la mano negra de los servicios aparecía en el debate público.

Con el peronista conservador Carlos Menem, la Inteligencia argentina cobró dimensiones desconocidas. Los “sobres” a periodistas y medios de comunicación pasaron a ser legendarios. El exjefe de gabinete kirchnerista Alberto Fernández habló de una lista de periodistas a sueldo del gobierno durante el menemismo, a la que dijo no encontrar nunca. No todo fueron sobres. También explotaron los célebres videos extorsivos, alguno de los cuales tuvo como protagonista a un juez federal que sirvió a todos los gobiernos desde entonces. Al cabo de los diez años de Menem en el poder, la famosa “inseguridad” pasó a ser un megatema de la agenda pública, de la mano de las “malditas policías”. Los servicios de inteligencia, una vez más, la vieron pasar. Desde 1994, la SIDE trabajó activamente en la causa AMIA, ensuciándola.

Del gobierno del radical conservador Fernando de la Rúa, que llegó con la promesa de transparentar la administración pública, se recuerda a la SIDE por el aumento descontrolado de fondos, denunciado por el propio Alfonsín, que era del mismo partido que el entonces Presidente. Alguna tapa de revista contra un adversario interno del gobierno y otros vicios, pero ninguno tan importante como el papel de Inteligencia para el pago de coimas a senadores para aprobar una reforma laboral draconiana; extremo que, para la Justicia argentina, nunca existió.

Llegamos a los Kirchner. La Presidenta acaba de descubrir un nido de víboras capaz de cometer las peores cosas. El oficialismo sugiere que la mafia del espionaje pudo haber dominado a un fiscal, instarlo a denunciar a la Jefa de Estado de orquestar una “conspiración criminal” para encubrir a los presuntos responsables del atentado terrorista contra la AMIA. Esa misma mafia también pudo haber sido, según insinúa la Casa Rosada, la que asesinó o instó al suicidio del fiscal Alberto Nisman el día antes de acudir al Congreso a exponer sus argumentos.

Ya se ha dicho, con evidente razón, que el argumento del gobierno lo deja en una posición incómoda. Esos grupos, ahora señalados como mafiosos, ocuparon un rol central en el manejo de la Inteligencia hasta diciembre pasado. Si Antonio Stiusso, principal proveedor de información de Nisman, es el responsable de todos esos pecados luego de más de tres décadas de tareas de operaciones y contraespionaje, no hace falta explayarse cuánto pudo haber hecho durante doce años de kirchnerismo en su relación con la Justicia y otros factores de poder. Las operaciones contra opositores, sean graves, burdas y hasta bizarras, acompañaron al kirchnerismo desde el año 2003.

Dos organizaciones serias, Asociación por los Derechos Civiles y el Centro de Estudios Legales y Sociales, se pronunciaron esta semana sobre la situación de los servicios de Inteligencia. Ambas coinciden en marcar la relativa autonomía de los espías argentinos como una constante.

Una paradoja frecuente es que algunos de los que aparecen como víctimas de la inteligencia turbia, sean jueces, fiscales o periodistas, también emergen como principales usuarios de sus servicios negros, con lo cual, la denuncia contra un sistema en esencia antidemocrático queda entrampada en su laberinto.

La presidenta Cristina Kirchner, jefa del Estado que debe poner todo al servicio de aclarar las circunstancias de la muerte de Nisman, se dedicó esta semana a pronunciarse a través de la red social Facebook. Commentator-in-Chief, de acuerdo a la lúcida definición del columnista del Herald Marcelo García.

En uno de esos comentarios, ponderó la tapa del Herald en la que se daba cuenta de la notoria endeblez argumentativa de la denuncia del fiscal Nisman.

En efecto, este diario tiene a una rigurosa periodista como principal redactora del caso, Luciana Bertoia, y sus editores constatamos que la denuncia del fiscal Nisman sobre una impunidad orquestada para levantar las alertas rojas contra los sospechosos e incrementar el comercio bilateral carece de sustento. No sólo porque fue desmentida con claridad por un exjefe de Interpol, sino porque la denuncia completa, difundida el martes por el Centro de Información Judicial dependiente de la Corte Suprema, se basa en especulaciones, recortes periodísticos y escuchas con relativo valor.

El juzgado federal de Ariel Lijo decidirá sobre el pedido de indagatoria de la Presidenta, el canciller Héctor Timerman y otros funcionarios. Quizás, nadie debería descartarlo, el resultado sea el procesamiento de una red de lobistas o de espionaje compuesta por individuos de baja calidad y escasa influencia. De su existencia también deberá dar cuenta el Gobierno. Mientras tanto, en el Herald creemos que la mejor forma de ser independientes es conservar apego a los hechos y respetar a los lectores.

Mientras se imprime este diario, Damián Pachter, un joven periodista que trabaja en el BuenosAiresHerald.com y fue el que primero informó la noticia de la muerte del fiscal Nisman desde su cuenta personal de Twitter en la medianoche del domingo pasado, estará fuera del país. Damián tuvo el gran mérito de confiar en una fuente clave y vivió su semana profesional más importante. Antes de partir, afirmó al sitio Infobae.com que tenía información de que su vida corría peligro y por ello se vio compelido a dejar el país en la madrugada de ayer. Aparentemente, los lobos de inteligencia siguen sueltos. El Herald seguirá fiel a sus principios, investigará el origen de las amenazas narradas por Pachter y exigirá a las autoridades que le brinden la seguridad que se merece.

Dirty Games

In 1983 Raúl Alfonsín inherited intelligence services that had recently participated in one of the most serious massacres of the 20th century in Latin America. One of the dictatorship’s repressors, the intelligence agent Raúl Guglielminetti, was even part of the presidential security detail. Facing the difficult task of reconstructing democracy, Alfonsín did not know how to, did not want to, or wasn’t able to transform the State Intelligence Secretariat (SIDE, now the Intelligence Secretariat, SI). While Alfonsín’s government was surrounded by military mobs and multiple conspiracies, intelligence wolves were linked to kidnappings.

Meanwhile, the Peronist opposition accused the SIDE of organizing disturbances to besmirch the massive protests at the Plaza de Mayo. Once again, the dark hand of the intelligence services appeared in the public debate.

Under the conservative Peronist Carlos Menem the Argentine intelligence world reached unprecedented proportions.

The “envelopes” for journalists and media groups became the stuff of legend. Not everything was done by envelopes. They also exploited infamous videos to extort, some of which had a federal judge who had served under all of the governments, including the current one, as a protagonist. Ending the Menem era, the notorious “insecurity problem” became a megatheme in the public agenda with guidance from the “damned police.” The intelligence services, once again, watched it all pass by. From 1994 onward, the SIDE actively worked on the AMIA case, sullying it in the process.

Conservative Radical Fernando de la Rúa’s administration, which arrived in power with the promise to make government transparent, featured an uncontrolled increase in funds for the SIDE — and was denounced by his fellow Radical Alfonsín. The period featured the occasional magazine cover against one of the government’s internal enemies but nothing as important as the role that state Intelligence played in paying bribes to senators so that a draconian labour reform could be passed. Bribes that for the Argentine courts never existed.

And then we have the Kirchners. The president has just discovered a pit of venomous snakes that is able to commit the worst acts. The ruling party suggests that the espionage mafia could have coerced a prosecutor and pushed him to accuse the head of state of orchestrating a “criminal conspiracy” to cover-up the alleged perpetrators of that terrorist attack against the AMIA.

That same mafia could have, according to Government House, murdered Prosecutor Alberto Nisman or pushed him to commit suicide.

It has already been said, with evident truth, the argument the government uses places it in an uncomfortable position. Those groups that are now considered part of a mafia played a central role in the administration of the Intelligence services until December.

If Antonio Stiusso, Nisman’s main information supplier, is responsible for all of those sins after more than three decades of operations and counter-intelligence, it is not necessary to elaborate just how much he could have done during 12 years of relationships with the legal branch and other elements of power. Operations targeting rivals, be they serious, clumsy or even bizarre, have accompanied Kirchnerism since 2003.

Two serious organizations, the Association for Civil Rights (ADC) and the Centre for Legal and Social Studies (CELS), made their positions on the intelligence services known this week. Both agree on highlighting the relative autonomy that Argentine spies enjoy, a feature that has remained unchanged since 1983. A frequent paradox is that some of those who appear as victims of shadowy intelligence, be they judges, prosecutors or journalists, also emerge as the primary users of their dark services. A situation in which accusations against a system that is essentially anti-democratic become entrapped in their own labyrinth.

President Cristina Fernández de Kirchner, a head of state that must be putting all of the state’s resources to ascertaining the circumstances of Nisman’s death, this week made statements through Facebook. Commentator-in-Chief was the Herald’s columnist Marcelo García’s lucid description.

In one of those comments, she addressed the Herald’s front page that reported on the notorious argumentative weakness of prosecutor Nisman’s accusation.

In effect this newspaper has a rigorous journalist as the main writer on the issue in Luciana Bertoia, and as editors we have ascertained that the accusation by the prosecutor alleging an orchestrated impunity to lift the “red notices” against the suspects and to increase bilateral trade has not been substantiated. Not only because it was clearly denied by a former head of Interpol, but because the complete accusation — released on Tuesday by the Supreme Court’s Centre for Judicial Information (CIJ) — is based on speculation, press clippings and wiretaps of questionable value.

Ariel Lijo will decide on the request for the president, foreign minister and other officials to be interrogated. Perhaps, and no one should rule this out, the result will be the indictment of a network of influence-peddlers or an espionage ring made up of shady individuals with scarce influence. The government must take accountability for that. Meanwhile, at the Herald we believe that the best way to be independent is to maintain our commitment to the facts and respect our readers.

As this paper goes to press, Damián Pachter — a young journalist that works for BuenosAiresHerald.com and was the first to report the news of Nisman’s death from his personal Twitter account around midnight last Sunday — will be abroad. Damián had the great presence of mind to trust a key source. Before he left he told the website Infobae.com that he had information that his life was in danger and for that reason he was compelled to leave the country at dawn on Saturday. Apparently the intelligence wolves are still loose. The Herald will investigate the threats reported by Pachter and will demand that he be granted the security that he deserves.

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