opinión

Antes y después de Nisman

Un repaso por la historia reciente del fiscal que apareció muerto horas antes de su declaración. Nada aquí es nuevo aunque ahora gane en peso hacerse el distraído.

Antes y después de Nisman

 Hay un antes y un después en Nisman. Hay un antes, bastante reciente si se quiere y un después precipitado e inmediato que se desboca tras la sospechosa muerte del fiscal que investigaba el atentado más cruento que sufrió el pueblo argentino.

Claro que el después, trae a cuestas la insoportabilidad de la muerte, más aún cuando esa muerte ocurre horas antes de que el fiscal se aprestara a presentarse en el Congreso de la Nación para presentar las pruebas que aseguraba, involucraban directamente a la cabeza del Poder Ejecutivo y a otros actores políticos de peso al menos en estos últimos diez años.

Nisman fue Nisman cuando el expresidente Néstor Kirchner decidió colocarlo en ese lugar. Fue Néstor quien le confió la investigación por la cual ahora todos se rasgan las vestiduras. Por esa época por ejemplo, era Néstor también el que había dejado de atenderle el teléfono a Luis D'Elía y era el piquetero quien mandaba día a día emisarios a la Rosada advirtiendo que tenía "toda la gente" necesaria para rodearle la Casa Rosada al kirchnerismo.

En ese antes, el kirchnerismo confiaba contra viento y marea en el ahora culpable y ahora recién descubierto agente de Operaciones de la Secretaria de Inteligencia, Jaime Stiusso. Desde mucho antes de la llegada al kirchnerismo, era un rumor  a voces que el agente aprovechaba su rol para investigar, pinchar y escrachar a cuanto político fuese posible; a modo de salvaje resguardo.

Cuando Gustavo Béliz, también en ese entonces convocado al poder por Néstor Kirchner, quiso deshacerse de él, no pudo y terminó casi huyendo del país. Ese Stiusso tenía ese poder. El mismo Stiusso que ahora todos miran como si hubiese caído del cielo, o subido desde el infierno.

Stiusso presionó al kirchnerismo en su momento. Bien lo cuenta el periodista Miguel Bonasso y bien lo dicen fuentes cercanas a las carteras de Seguridad e Inteligencia. El kirchnerismo sabía con qué buey araba, pero nadie tenía la mano santa como para arrojar la primera piedra.

Ese Stiusso era la mano derecha de Nisman a la hora de encontrar información y pruebas. El mismo Nisman lo afirmó días antes de su muerte ante las cámaras de televisión. Stiusso no tenía códigos pero era impecable en su tarea.

Esa Secretaría de Inteligencia que hoy todos miran con desdén, sigue teniendo dentro al enemigo publico de Stiusso, Fernando Pocino. Otro agente que entremezcla sus tareas de investigación con prácticas extorsivas. Esa Secretaría sigue teniendo agentes denunciados e investigados por ser partes o partícipes de redes de trata y prostitución que veían en mujeres brutalmente esclavizadas un negocio redondo. Esa Secretaría sigue teniendo un órgano parlamentario compuesto por oficialistas y opositores que debe controlarla pero que pese a tener un presupuesto millonario, solo se reunió dos veces el año pasado.

Nada aquí es nuevo aunque ahora gane en peso hacerse el distraído.

Ese Nisman tuvo un antes, respaldado por el kirchnerismo y apoyado por el agente estrella del kirchnerismo. Ese Nisman, vapuleado ahora por más que ya es cadáver por Sergio Burstein, referente de la agrupación Amigos y Familiares de las Víctimas del atentado a la AMIA , era el mismo Nisman que era aplaudido por Burstein meses atrás.

Ese Nisman, su teléfono celular, fue el mismo que ayudó al gobierno nacional a disparar la causa por las escuchas telefónicas que mantiene procesado al jefe de gobierno Mauricio Macri, al ex jefe de la Policía Metropolitana Jorge Fino Palacios y al ex agente Gerardo Ciro James. El celular sobre el cual Burstein denunció una "pinchadura" ordenada supuestamente por Macri, era el que usaba exclusivamente para comunicarse con Nisman.

Ese antes de Nisman es el que le encargó en pleno escándalo de las escuchas al juez Ariel Lijo que amplíe el procesamiento por encubrimiento del atentado a la AMIA del ex comisario Jorge Palacios, por su supuesta participación en las “maniobras tendientes a encubrir a Alberto Kannore Edul como miembro de la conexión local en el atentado”. Esta investigación se abrió como un desprendimiento de la causa central del atentado ocurrido el 18 de julio de 1994 y que provocó 85 muertos tras la voladura de la sede de Pasteur 633.

Con el Fino Palacios ya al frente de la Metropolitana, Nisman volvió a la carga y pidió al juez Lijo el reprocesamiento para Palacios, el enemigo de Stiusso por una vieja rencilla entre fuerzas de Seguridad y le puso una estrella negra al nacimiento de la policía "de elite" de Macri.

El periodista Gabriel Levinas en su libro La ley bajo los escombros, aclara aún más el panorama, un panorama que ya se torna constante: “En Argentina, los jueces actúan como investigadores y fiscales. En teoría al menos, la policía y los organismos de seguridad deben ayudar a los jueces. Pero el sistema, rara vez funciona”.

Clarisa Ercolano

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18 de diciembre de 2017 | 09:05
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    7 de Diciembre de 2017
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