opinión

Refundar la democracia

Dos hechos relevantes destaca el columnista: la reasunción de Evo y casi seguro triunfo de Syriza, en Grecia.

Refundar la democracia

Esta semana hay dos hechos que para mí son los más importantes a nivel internacional: la reasunción de Evo Morales como presidente de Bolivia y el triunfo del domingo que viene de Syriza en Grecia.

En Bolivia, Evo asumió por tercera vez la presidencia que ocupa desde 2006 y que lo tendrá por lo menos hasta 2020. Para los periodistas del poder, seguramente es un ejemplo de “lo peligroso que es perpetuarse en el poder”. Con su cinismo e hipocresía, para los colegas de Clarín y La Nación, mientras el tercer mandato de Angela Merkel la ratifica como una líder mundial, en Bolivia se corre el riesgo del autoritarismo. Pero lo que realmente está demostrando el tercer mandato de Evo es que no hay categorías absolutas ni inamovibles en ciencia política ni en las sociedades. Que la ratificación de un liderazgo que está cambiando a Bolivia radicalmente puede ser muy sana, y que la alternancia por la alternancia misma puede ser muy enferma.

Evo morales


Por ejemplo, en Venezuela funcionó lo que se llamó el Pacto de Punto Fijo, entre 1958 y 1998. Según ese pacto, se alternaban en el poder los socialdemócratas de Copei y los socialcristianos de Acción Democrática. Es decir, alternancia perfecta. Pero durante esos 40 años se enseñoreó el más cruel neoliberalismo, con los mismos resultados de todos nuestros países: destrucción del aparato productivo, saqueo o entrega de los recursos naturales y pauperización del pueblo. Durante esos 40 años de la Cuarta República la gente votaba con tarjetas de colores. Un color para AD y otro color para Copei. Porque la inmensa mayoría no sabía leer ni escribir. Luego del ’98, con la llegada del proyecto bolivariano, Venezuela experimentó una verdadera revolución. Hoy, según la Unesco es un país libre de analfabetismo. Y alguien podría tener la hipocresía de decir: “Pero no hubo alternancia en el poder”. Claro que no, ni la va a haber, porque el pueblo se dio cuenta de que sí se puede encarar un proceso político digno, independiente del Imperio, democrático, nacional y popular. Lo mismo que en Bolivia y en otros países de nuestra Patria Grande.

El miércoles 21 Evo Morales fue investido como líder supremo de los pueblos originarios en la Puerta del Sol de Tiahuanaco, una ruina preincaica, sagrada para los aymaras principalmente, pero también para los quechuas y el resto de las naciones indígenas. Allí, Evo se purificó de la mano de los amautas (sabios ancestrales) para seguir conduciendo a su pueblo.

El jueves 22, en tanto, asumió su tercer mandato como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Y el dato novedoso fue que los atributos de mando (medalla, banda y bastón presidencial) fueron entregados por los movimientos sociales, desde la poderosa Central Obrera Boliviana hasta la Asociación de Mujeres Bartorila Sisa (en honor a la legendaria luchadora y esposa de Tupaj Katari). Este simbolismo es muy importante porque ratifica que el poder reside en el pueblo, en los movimientos sociales, que lo delegan circunstancialmente en el presidente. Y reafirma aquello que siempre repite Evo: “Hay que mandar obedeciendo”.

Cuando estuvo en Córdoba para recibir el Doctorado Honoris Causa de nuestra universidad nacional, tuve el honor de entrevistarlo, y allí me dejó una frase que me quedó grabada: “El mundo está necesitando una nueva teoría política y va a salir desde los pueblos originarios”.

Esta nueva teoría política y esta nueva forma de entender la democracia es lo que estamos viendo en Bolivia.

Nacimiento, muerte y resurrección

Por otro lado, en Grecia puede empezar un cambio que se puede extender a toda Europa. Si el domingo gana Syriza, como anuncian todas las encuestas, en setiembre puede ganar Podemos en España y luego el Sinn Fein en Irlanda. Alexis Tsipras podría ser para Europa lo que fue Chávez para Sudamérica. Una mancha de aceite que se va expandiendo. Un buen ejemplo que es tomado por otros pueblos, con sus matices y sus diferencias por supuesto.

En Grecia nació el concepto de democracia (gobierno del pueblo). Y en Grecia se hundió definitivamente, ya que en los últimos años hemos asistido a un golpe de mercado descarado por el cual tomó el control directo del país la Troika, formada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Los gobiernos neoliberales también tomaron la forma de la alternancia formal entre Nueva Democracia (conservadores) y el PSOK (socialismo de bajas calorías). Pero en realidad gobernaban los banqueros que impusieron ajuste tras ajuste, a cambio de salvatajes para ellos mismos, o sea para el sector financiero. El resultado fue lógico: 30 por ciento de desocupación, 40 por ciento de pobreza, y un drama humanitario que se ve concretamente en la gente que se queda sin casas o que hace colas para comer de la caridad.

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Sin embargo, el pueblo griego es un pueblo heroico, que luchó contra la ocupación nazi en un momento y contra la dictadura de los coroneles luego. Hoy, las mismas fuerzas fascistas que estuvieron detrás de aquellas experiencias están desesperadas ante la pérdida del poder. La campaña que termina fue una campaña del miedo como las que venimos soportando desde hace años aquí. Que nos caemos del mundo, que no se puede prometer lo imposible, que lo que necesitamos es estabilidad y previsión, no improvisación, etc. Lo repiten desde los líderes políticos como Antonis Samarás, Mariano Rajoy, Angela Merkel y François Hollande, hasta los escribas de los medios de manipulación social.

Pero ese pueblo heroico ha decidido que allí donde nació la democracia se tiene que reinventar. Por eso este domingo va a ganar Syriza, con un programa de gobierno que saca muchos puntos de las experiencias políticas de Sudamérica (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina). Pero sobre todo con un punto sobresaliente de su propuesta electoral: renegociar la deuda externa que está asfixiando al pueblo griego y lograr una quita como la que lograron los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. El ejemplo se propala, ha prendido la hierba.

Y se está refundando la democracia, no sólo en Sudamérica, ahora también en Europa.


Mariano Saravia. 

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19 de septiembre de 2017 | 11:27
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19 de septiembre de 2017 | 11:27
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