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Disturbios, insultos y el bigote de Hitler: ¿El declive de Pegida?

Nadie pone en duda que el fenómeno social y político más trascendente de los últimos meses en Alemania sufrió esta semana un terremoto interno

Disturbios, insultos y el bigote de Hitler: ¿El declive de Pegida?

Cuando los analistas alemanes y extranjeros intentaban aún explicarse el fulminante éxito del grupo islamófobo Pegida, muchos auguraron ya su extinción después de una accidentada jornada que incluyó una estremecedora foto "hitleriana" de su líder, su renuncia forzada y enfrentamientos con la policía en las calles.

El polémico movimiento, que en pocas semanas pasó del anonimato a reunir 25.000 personas en Dresde "contra la islamización de occidente", "podría seguir avanzando a ese ritmo, pero en la dirección opuesta", ironizó hoy el semanario "Der Spiegel". "En Pegida ya se oyen los primeros cantos de cisne".

Las grietas en el grupo fueron provocadas por su propio fundador y jefe, Lutz Bachmann. Mientras su foto con el típico bigote y el gesto delirante del dictador nazi Adolf Hitler se difundía por todos los medios, la aparición de un comentario xenófobo en Facebook llevó a la Justicia a abrirle un sumario por "incitación al odio".

De nada sirvió que la portavoz de Pegida, Kathrin Oertel, aclarara que la foto era "una broma", que el comentario en la red social fuese antiguo y estuviese eliminado o que el polémico líder de 41 años renunciara la noche del miércoles después de que se anunciara la investigación.

El golpe estaba dado. Y en el punto más frágil de un grupo que insiste en negar sus tendencias xenófobas o racistas para atraer también a ciudadanos desencantados pero no radicales, cuyo apoyo explica en gran parte el crecimiento exponencial de Pegida.

"Siento haber dañado los intereses de nuestro movimiento", señaló Bachmann en su escrito de renuncia refiriéndose al polémico comentario en Facebook, en el que calificaba de "ganado" y "montón de basura" a los inmigrantes.

Los intereses del movimiento terminaron de verse dañados la noche del miércoles cuando una nueva marcha en Leipzig con 15.000 personas -menos de las 40.000 anunciadas- derivó en choques con la policía y contramanifestantes, agresiones a periodistas y lemas que resultaron excesivos hasta para la propia conducción central.

"Todo lo que se dijo y exigió en Leipzig no fue acordado con nosotros", dijo la portavoz de Pegida, Kathrin Oertel. "Es algo que puede resultar contraproducente para la percepción de nuestro movimiento como una unidad".

Mientras también diarios como "Bild" y el "Süddeutsche Zeitung" especularon con una precipitada disolución de Pegida, politólogos como Werner J. Patzelt señalaron que esa posibilidad no es más que "un deseo".

"Muchos se sentirán incluso aliviados de no tener que lidiar más con la vergonzosa biografía de Bachmann (estuvo preso y fue condenado por diversos delitos) y sus inaceptables comentarios en Internet", dijo a dpa el experto del Instituto de Ciencias Políticas de Dresde.

Pegida (siglas de "Patrióticos Europeos contra la Islamización de Occidente") podría en efecto aprovechar la crisis para reinventarse. Y cobrar un perfil más "burgués" y "aceptable" que se adapte a la dimensión que fue cobrando a una velocidad que pudo tomar por sorpresa a sus propios líderes.

¿Hacia dónde mutaría Pegida? Los analistas alemanes barajan ya varias opciones. Bachmann podría ser sustituido por la portavoz Oertel, madre de tres hijos que carece del prontuario o las salidas de tono del fundador y que se presenta como "una mujer corriente salida del pueblo".

El grupo avanzaría además en la coordinación de sus ramas para evitar patinazos como el de Leipzig y se abriría a un diálogo hasta ahora casi inexistente. Tanto con la prensa, a la que viene tachando de "mentirosa", como con los partidos políticos. Por el momento sólo los euroescépticos de Alternativa para Alemania coquetearon con Pegida.

Nadie pone en duda que el fenómeno social y político más trascendente de los últimos meses en Alemania sufrió esta semana un terremoto interno. Habrá que esperar, al menos hasta su próxima marcha el lunes en Dresde, para saber si el sacudón lo reorganiza o lo derrumba.

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