opinión

Posibilidades de diálogo entre Laicismo y Catolicismo

Una visión de un fervoroso creyente sobre cómo puede darse este coloquio y la respuesta a un "no católico".

Posibilidades de diálogo entre Laicismo y Catolicismo

 Con cierta perplejidad he leído la columna del Dr. Lombardi, asiduo colaborador del Diario MDZ, en que encomia mi disposición al diálogo con “integrantes de sectores sociales y culturales no católicos”, en los cuales se enlista; no obstante lo cual me apostrofa poco después de “pedante” y me acusa de sostener una posición “antievangélica”. Mi perplejidad inicial se agigantó cuando caí en la cuenta de que el autor, luego de proclamarse “no católico”, reconoce en nota a pie de página haber sido católico, al menos, durante el lapso en que se desempeñó como abogado de los Tribunales Eclesiásticos de Mendoza. No me interesan los motivos personales de su apostasía, ni la posibilidad de que sus críticas a la religión Católica estén causadas en cierta inquina personal; pero tal revelación me permite exigirle cierta mayor precisión en torno a algunas cuestiones en que sus equívocos no pueden considerarse inocentes[1].

En efecto, a cuento de una mención al infierno, el Dr. Lombardi me tilda como “conservador”, cuando –a mi gusto- lo más apropiado hubiese sido caracterizarme como “ortodoxo”. “Ortodoxia” es, por cierto, un muy buen libro de Chesterton que, entre otras cosas, explica con sencillez por qué el Dr. Lombardi no tiene razón. Ahora bien, en el artículo que yo escribí, intentando responder a una serie de acusaciones del Dr. Lombardi contra el Papa y la Iglesia, introduje esa mención para explicar que la doctrina católica, si acaso pudiera considerarse dura, al menos no era –como suele decirse ahora- discriminatoria, sino que era igualmente dura con todos. Pero el Dr. Lombardi hace pie en tal mención para informarnos que él no cree en el infierno, descreimiento en el que acomuna a “la masa de los bautizados”. Sazona tal declaración con un apunte cuya fidelidad no fundamenta, y que tampoco me interesa discutir: afirma que la teología católica, según los “sociólogos de la religión”, estaría conformada por una variedad de opiniones tal que permitiría hablar con mayor propiedad de distintos “catolicismos”. La afirmación del autor supone la idea de que cada católico, sin por ello perder su condición de tal, puede tener sobre artículos de fe –como es la existencia del infierno- la opinión que le plazca. Pues bien: esto es algo que un “experto en derecho canónico” no puede aseverar tan a la pasada.

No desconozco que la sola mención del infierno es, hoy en día, francamente impopular. En un mundo donde la tecnología parece ponerlo todo al alcance de la mano, la idea de una eternidad en ausencia de Dios resulta de ardua digestión, aun cuando tal destino esté reservado para quien en vida haya rechazado pertinazmente a ese mismo Dios. Bien puede que la multiplicación de posibilidades que provoca la tecnología moderna embote en cierto sentido nuestra apertura a las nociones trascendentes. Sin embargo, no sería la primera vez que el hombre tropieza con algún tipo de dificultades culturales que complican su ascenso al orden de tales nociones. En esas ocasiones, la Iglesia ha procurado facilitar dicho conocimiento mediante la enunciación de una serie de verdades fundamentales que, aun siendo muchas de ellas tranquilamente asequibles a la razón humana, estimó conveniente definir a modo de dogmas. El “Credo” que rezamos los católicos es una prieta síntesis de esas verdades.

Si yo me declarase “laicista” y postulase, al mismo tiempo, que el verdadero laicismo consiste en una completa subordinación del Estado a la Iglesia Católica, a la vez que la justificadísima ira del Dr. Lombardi, estaría propiciando un magnífico equívoco terminológico. Lo mismo ha hecho él al soltar que tan católico es quien cree en el infierno como quien no. Es decir, ha minado toda posibilidad real de debate, pues es menester que quienes discuten asignen a las palabras que usan un mismo significado. Y el Dr. Lombardi no sólo no atina a precisar qué entiende por “católico”, sino que bajo tal acepción engloba caóticamente una serie de creencias que bien poco tienen de católicas.

En mi anterior respuesta me referí al dogma de la infalibilidad papal como un resorte que aseguraba la continuidad histórica entre la Revelación –principalmente contenida en el Evangelio- y sus formulaciones o precisiones doctrinales posteriores. Es necesario suponer, en tanto tal mecanismo asegura la cohesión doctrinal entre generaciones, que exista algún otro que procure el mismo propósito entre los integrantes de una misma generación. Pero como la Iglesia mal podría forzar a nadie a adherir a su doctrina, sólo puede lograr este propósito mediante la autoexclusión de los disidentes. Esto es algo muy fácil de entender. Si usted tiene ganas de alentar por Boca, no pretenda hacerlo en la hinchada de San Lorenzo. Pues bien: si usted cree que puede vivir en la impiedad sin riesgo de que su rechazo a Dios merezca castigo, pues dígase como quiera, pero no se diga católico. Lo mismo, por ejemplo, si no está dispuesto a creer que Jesucristo, en la Cruz, nos ganó la salvación y el perdón de nuestros pecados. Y otro tanto si no cree que en la Santa Misa se renueva ese mismo Sacrificio, de manera real, bien que incruentamente. O si duda de que allí, para que ese Sacrificio pueda consumarse, Cristo se hace verdadera y realmente presente, por el misterio de la Transubstanciación, bajo los accidentes de pan y vino.

Es claro que estas proposiciones suenan a desatino a oídos del mundo moderno. Pero no sería la primera vez que el mundo estuviese equivocado, y mucho menos el mundo moderno. La cuestión es que ninguna de estas proposiciones son desvaríos que haya que creer para poder integrar una suerte de club de extravagantes. Por el contrario, la Iglesia entiende que estas verdades, así como todas las que promulga como de profesión necesaria, gozan de eficacia salvífica y, por ello, las salvaguarda como sus bienes más preciados. Cristo mismo destacó esa virtualidad cuando a la hemorroísa, al ciego Bartimeo, al leproso samaritano, a la Magdalena –en aquella ocasión en que ungió con perfume sus pies-, les aseguró: “Tu fe te ha salvado”. Ni los méritos personales, ni la caridad, ni el tesón, ni la humildad. La Fe. ¿No es entonces necesario que la Iglesia ponga en la custodia de esa Fe tantos recaudos como sea menester?

Así, pues, acaso tenga razón el Dr. Lombardi cuando impugna de infundada la pretensión de la religión católica de ser “mayoritaria”. No me detendré a rebatir tal objeción, insólita de por sí en boca de un “pluralista”, pues la condición de más o menos debiera ser indiferente en orden al reconocimiento de los derechos. El punto es que, así como quien descree de un artículo de fe (dogma) o quien desconoce la autoridad de su cabeza visible (el Papa), se extrañan voluntariamente al redil de la Iglesia, así también, quien no ha podido recibir el bautismo, pero ha vivido conforme los dictados de la Ley Natural, se incorpora a la Iglesia por virtud de lo que se conoce como “bautismo de deseo” (Summa Theologica III, q. 66, a. 11); es decir, el deseo implícito de recibir el bautismo en caso de que hubiera tenido conocimiento de la Revelación de Jesús y de la necesidad de dicho sacramento en orden a su salvación. Es que la Iglesia Católica, continuadora histórica de la misión salvífica de Cristo, aspira, como la propia Redención ganada por Jesús, a ser universal, al modo de la red que se echa al mar y recoge toda clase de peces, o la pequeña semilla que se transforma en un árbol tan grande que termina por dar cobijo a todas las aves del cielo. Es, por tanto, mucho más populosa de lo que el Dr. Lombardi nunca podrá imaginar, aun cuando tal dato carezca de toda relevancia en orden a la discusión que dice quiere mantener.

Luego de haber aclarado lo que debe entenderse por “Iglesia Católica”, quedaría aún por concertar cómo pueda llevarse a buen puerto el diálogo que propone el Dr. Lombardi. Pues aun cuando se declara entusiasmado con tal posibilidad, el Dr. Lombardi hace pie en mi afirmación de que la religión católica es la única verdadera para preguntarse retóricamente: “¿Se puede ser tan pedante de considerar a las otras perspectivas religiosas como ‘falsas’?” Estimado Dr. Lombardi, ¿acaso Ud. mismo no acusa de falsa a la religión católica? Y si no es así, ¿no debiera por fuerza tenerla por verdadera? Confío en que, como en mi caso, el respeto por las ideas del otro no lo conduzcan al amaneramiento de ocultar su íntima convicción de estar en lo cierto; pues, por mi parte, no estoy dispuesto a perder el tiempo discutiendo sino sólo con quien sinceramente crea tener razón.


[1] Lo mismo ocurre con la insidiosa afirmación, huidizamente deslizada, en torno al carácter sectario de instituciones eclesiásticas que, empero, gozan de plena regularidad canónica, como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo.

Opiniones (7)
20 de septiembre de 2017 | 21:37
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20 de septiembre de 2017 | 21:37
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  1. Sbragagnolo Primer error: Decís:"Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Es al revés: El centro del Equilibrio humano donde se encuentra Dios, está por encima del pensamiento y voluntad del hombre, que son partes que lo representas pero no es el TODO como el Equilibrio. Evidentemente no sabes donde esta, sino no lo dirías. No hay pensamiento y voluntad correctos si no parten de tu Equilibrio. A eso hay que someterse, al Equilibrio. Segundo error: Fe en el Equilibrio real no es ignorancia, hace falta saber, investigar, probar, experimentar, etc., sólo hace falta creer con pruebas. Justamente esto es lo tolerante y no lo intolerante desequilibrado, que por no saber dónde está el Equilibrio, no permite dialogar. Empezá por ahí y después dialogamos.
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  2. sbraganolo: Desde mi humilde perspectiva la fe y la razón son complementarias... Una sin la otra no podrían subsistir. Si yo creo en la ciencia como el camino cierto a la verdad, estoy precisamente "creyendo" (por fe, sin dudas) porque nadie podrá llegar a tener la precisión de todo el saber para tener todos los argumentos racionales que demuestren que, infaliblemente, la ciencia es el único camino a la verdad. Por otra parte la fe no puede ir nunca en contra de la razón, porque si lo hace así se autoelimina. Pero hay áreas de la experiencia humana que van más allá de lo demostrable. La idea de Dios es un buen ejemplo: Yo CREO que Dios existe y otro CREE que Dios no existe. Dios es por sí o por no una afirmación de FE. Es que ni el creyente ni el ateo pueden demostrar científicamente lo que CREEN como su verdad. Por otra parte, si Dios pudiera ser demostrado por la limitada capacidad científica del hombre, entonces no sería Dios, porque si Dios es Dios entonces es infinito; y la mente humana es finita. Yo apuesto por la posibilidad de una FE RACIONAL (necesitaría mucho espacio para explicar este concepto, aunque creo que puede ser medianamente entendido) Por ende estimo que Bragagnolo se equivoca yendo a posiciones extremas y su propuesta se autodestruye, precisamente a través de un esfuerzo meramente racional... A menos que sea escéptico y/o agnóstico... Allí estaríamos perdidos: el escéptico niega la fe en forma absoluta, de manera tal que termina perdiendo plenamente la esperanza y su destino final, ineludiblemente, es la negación de la propia existencia, porque al negar la fe no puede creerse ni a si mismo.
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  3. Estimado arvb, te paso lo que la iglesia católica entiende por fe: "Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios." No me lo inventé, está acá, en el sitio oficial del vaticano: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c3a1_sp.html - Lógicamente habla de someter la inteligencia, porque no hay otra manera de que una persona crea las barbaridades que afirman las religiones como no sea a través del sometimiento de su inteligencia y de su voluntad, no a los diversos dioses creados por la imaginación de la gente a lo largo de la historia, sino a sus "voceros" en la Tierra, personas muy hábiles para manipular la ignorancia y las necesidades afectivas y psicológicas de la gente. Fe es justo lo contrario de razón. La fe es el refugio de la ignorancia, ya que para tener fe no hace falta saber, investigar, probar, experimentar, etc., sólo hace falta creer sin pruebas independientemente de lo inverosímil que sea la afirmación. Cuando una persona acepta estas "verdades" absolutas y asume que no puede cuestionarlas, traslada esa imposiblidad a los demás y reacciona con intolerancia cuando alguien se atreve a cuestionar sus creencias infundadas. Hoy nos horrorizamos con los crímenes de los extremistas islámicos, pero el cristianismo tiene su propia historia de genocidios cometidos en nombre de la fe, empezando por las Cruzadas y siguiendo por la conquista de América, la Inquisición, etc. Todos estos episodios de la historia de la humanidad podrían haber sido evitados si la gente actuara mediante razonamientos tolerantes en vez de creencias intolerantes. Ojalá la humanidad deje atrás las religiones y las supersticiones pronto, porque viviremos mejor y podremos dialogar en serio.
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  4. Respuesta al Dr. Pithod: Por razones de inmediatez (y no abusar de la paciencia de MDZ), le respondo al Dr. Pithod como un forista más. Nuevamente me encuentro con una respuesta que no refuta ninguno de los puntos planteados en la nota original (¿Por qué el papa no habla con los gays? (http://www.mdzol.com/opinion/574868/). Desconozco si Pithod no sabe debatir, o no tiene argumentos para oponer a los hechos que se discuten. Esta segunda respuesta se asienta en argumentos como cuestiones personales; el tema del infierno (no tratado en mi nota, introducido por Pithod, y respondido luego por mí); y el tema de las mayorías religiosas desde lo sociológico. Por razones de cortesía voy a responderle a Pithod - reiterando - que ninguno de los puntos planteados en la nota original pudo rebatirlos. 1. Relativos a su perplejidad: Considerar que Ud. tiene una posición pedante y antievangélica responde al tenor de sus palabras. Sostener que existen religiones verdaderas y otras falsas denota una actitud de vanidad que contraría su propia biblia (Ec 1,2, Biblia de Jerusalén). Le sugiero remitirse a la misma. Si se quedó perplejo porque fui católico y ahora no, no se haga problema. Resulta sumamente liberador haber salido de una institución tan corrupta y contraria al Galileo, que no fue católico, ni fundó iglesia alguna. Me califica de apóstata. No hay problema, no hay nada negativo en ello y sí mucho de enriquecedor por la libertad que se respira. Sin embargo no he cumplido con el trámite formal de apostasía (único para que la iglesia considere que un bautizado dejó de ser miembro de la institución). Para su consuelo, formalmente ¡sigo siéndolo!! Tampoco hay inquina. Me especializo en diversos temas que tienen que ver con su religión e iglesia, sobre todo, en el ámbito académico. La diferencia está en que todo ensayo que escribo lo fundo con evidencias (en eso consiste un ensayo), las mismas que Ud. no puede rebatir. Quedan contestadas, pues, estas primeras consideraciones no incluidas en la nota original. 2. Relativos al infierno: Si no le gusta que lo tilde de conservador y prefiere la palabra ortodoxo, está muy bien. Tomo nota. Ud. mismo confirma su posición ideológica dentro del catolicismo, una entre tantas. Solo, se coloca en un extremo. Le confieso que no he leído el libro de Chesterton asique iré a comprarlo para leerlo, gracias por la sugerencia. Sin embargo, se equivoca de nuevo al mencionarlo para justificar ?por qué no tengo razón?. ¡Es que no busco tener razón! Se equivoca al calificar a los temas planteados en mi nota original como ?acusaciones contra el papa y la iglesia?. No tengo espíritu inquisidor sino crítico, fundado en evidencias. Supuse que lee trabajos de investigación en el campo de la sociología de las religiones, me equivoqué. Pues bien, vaya y lea cualquier trabajo de los investigadores del CONICET Mallimaci o Esquivel que hablan de ?catolicismos?; o diríjase a cualquier biblioteca donde hayan libros de teología y verá que existen en ese campo diversas perspectivas (además de la oficial, que Ud. como ortodoxo adhiere), y métodos de interpretación de lo que el catolicismo llama sagradas escrituras. Dice Ud.: ?La afirmación del autor supone la idea de que cada católico, sin por ello perder su condición de tal, puede tener sobre artículos de fe ?como es la existencia del infierno- la opinión que le plazca?. Es así. Aunque existen diversos niveles de obediencia a la que tienen que atenerse los católicos (contempladas en el Código Canónico), la teología crítica ? reitero ? contempla perspectivas contrarias al pensamiento oficial. Que el mismo ordene obedecer, está muy bien. Eso no quita que se siga investigando, como lo hacen numerosos teólogos/as. Le sugiero leer los trabajos de Tamayo o del ex jesuita Castillo relativos al infierno. El argentino Ariel Alvarez Valdes tiene también trabajos muy buenos pero no ortodoxos como le gusta a Ud. No le achaque culpa alguna a la tecnología respecto a la impopularidad del infierno. No sólo la masa de bautizados no cree (como tampoco en otros dogmas y doctrinas papales), sino que numerosos teólogos llegan a conclusiones distintas. La noción de trascendencia es decididamente relativa. Hay diversas perspectivas. Lo que Ud. considera trascendente para otros no lo es. Los hombres viven en la inmanencia, no llegan a aquello que está fuera de la misma. La propia biblia sostiene que a Dios nadie lo ha visto. El propio Jesús sostuvo que primero están las personas, luego la religión. Esta es otra prueba que Ud. no es cristiano, sólo cree en una religión, que no es lo mismo que tener fe. Dice Ud. que su iglesia ha ?procurado facilitar dicho conocimiento mediante la enunciación de una serie de verdades fundamentales que, aun siendo muchas de ellas tranquilamente asequibles a la razón humana, estimó conveniente definir a modo de dogmas. El ?Credo? que rezamos los católicos es una prieta síntesis de esas verdades?, y está muy bien. Está recitando de memoria el catecismo con cero juicio crítico. Aquello es sólo creencia para los que libremente lo acepten. Para la mayoría no lo es. Su concepto de trascendencia, cielo e infierno sigue siendo elaboración humana (del clero). Nada hay de ?divino? ahí, y sí mucho de antropomórfico. Tan católico es quien cree en el infierno como el que no. Reitero que la iglesia considera apóstata sólo a quien ha formalizado dicho trámite. No definí qué considero católico porque no fue tema de debate en la nota original. Si Ud. se considera ?muy? católico, lo felicito. Otra cosa es ser cristiano. 3. Relativas a las verdades fundamentales: Repetir de memoria el catecismo (dogma de la infalibilidad papal, etc.), está muy bien. No me dice nada, ni rebate los temas de la nota original. Es sólo su creencia. Pero hay un dato que lo pinta de cuerpo entero: siempre se refiere a la iglesia y a su ideología, lo que demuestra que Ud. cree en la religión, en el hecho cultural de la religión. Su fe es extremadamente débil. Una cosa es la religión, otra la fe. Por eso insiste en que la religión católica es populosa, mayoritaria, verdadera, etc. Le da tranquilidad estar en el sector ?correcto?. Adhiere a la posición bíblica de los fariseos, los ortodoxos de su época. Finalmente, si creo que su religión es falsa, dicho así, es relativo. Son falsos todos aquellos postulados que se atribuyen a un dios o a una persona que jamás tuvo intervención en la formulación de los mismos. Ejemplo, la fundación de su iglesia. El galileo jamás fundó religión ni iglesia alguna. Remito de nuevo a la teología crítica. El hecho cultural de la religión es algo evidente. Que las hayan verdaderas o falsas dependerá de si se ajustan a los hechos, a la realidad. Ud. cree que su religión lo es, y está muy bien. El resto, evidentemente, opina lo contrario. Nuevamente tengo que decir que no busco tener razón. No me jacto de poseer verdades ?absolutas? (¿Vió? Al final voy a terminar siendo más cristiano que Ud.). Si no quiere perder el tiempo en estas discusiones, pues no lo haga. Ud. solito se metió en el ?berenjenal?, y no pudo salir. No rebatió ninguno de los argumentos de la nota original, repitió de memoria el catecismo, introdujo temas no tratados y quedó empantanado. Lo saludo atentamente. Respuesta a la nota a pie: Con evidente molestia, dijo: ?Lo mismo ocurre con la insidiosa afirmación, huidizamente deslizada, en torno al carácter sectario de instituciones eclesiásticas que, empero, gozan de plena regularidad canónica, como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo?. No hay deslizamiento ?huidizo?. Dichos colectivos tienen características sectarias, tanto en su conformación, dinámica, organización, ideología, cooptación de personas, métodos de control, sentido de pertenencia, secretismo, manipulación mental, inoculación de sus cuadros en ámbitos públicos para ?recristianizarlos?, etc. Hay excelentes obras sobre la materia. También dije que desconocía si Ud. pertenece a esos grupos, sería bueno que lo aclarara como yo lo hice respecto a mi actuación en tribunales eclesiásticos. Que el Código Canónico califique, por ejemplo, al Opus Dei como ?prelatura? no significa que no sea una secta o un grupo con características sectarias. Es un fenómeno social estudiado por las ciencias (psicología, antropología, sociología, etc.). Mientras que lo de los Legionarios es aún más penoso por el encubrimiento (por acción u omisión) de los crímenes de su fundador.
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  5. sbragagnolo,la Fe es razón.Que no entendes?
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  6. Asombra leer por internet una discusión propia del siglo X. Cuesta entender que en pleno siglo XXI haya gente que elige la superstición por sobre la razón. La fe es claramente la creencia sin cuestionamiento alguno, y es muy necesaria para la existencia de organizaciones de poder como la iglesia. Las afirmaciones de las religiones no resisten análisis alguno, y por lo tanto necesitan de la fe, de la creencia ciega, irracional y que no cuestiona, para sostenerse. Seria bueno que la humanidad abandonara definitivamente las creencias supersticiosas y las religiones, que han sido las fuerzas más destructivas de su historia, y abrazara el razonamiento por sobre todas las cosas. Nos iría mucho mejor como humanidad si hubiera un diálogo entre seres que pueden pensar por si mismos, ya que es imposible un diálogo entre quienes toman como verdades absolutas e incuestionables a libros escritos hace cientos de años y editados según la conveniencia de los patrones religiosos de turno.
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  7. Las cosas son lo que son, independientemente de lo que cada uno crea o no. El Papa Benedicto decía: El infierno existe porque sino sería lo mismo portarse bien que mal. Científicamente seria Equilibrado o no. La ciencia dice que fuera del Equilibrio esta el caos y el sufrimiento en la búsqueda de un nuevo orden. Por otro lado las religiones al hablar en abstracto dan lugar a interpretaciones personales, no oyendo la religión católica el pedido de Pio XI, relacionen la religión a la ciencia, como camino para que los seres humanos se unan. La unión esta, pero no lo oyeron y hasta que no lo hagan,( pidan ayuda si son humildes), seguirán los Doctos debatiendo hasta el fin de los tiempos. ¿Cuánto tiempo van a seguir perdiendo?
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