opinión

La columna de Padilla: Marxismo hediondo, peronismo sentimental

"El pueblo es insoportable por la contradictoria forma de resolver su existencia", sostiene el autor en su nueva columna.

La columna de Padilla: Marxismo hediondo, peronismo sentimental

Cuando era niño, en mi casa, no había libros. Mi vieja y mi abuela no leían. Y Padre no había. Eran, según los parámetros educativos que ponderan el nivel de instrucción, “ignorantes”. En mi barrio la mayoría de la gente era ignorante. Almaceneros, empleados de comercio, peluqueras, enfermeros, obreros. Nadie leía un libro y pocos terminaban la primaria. Nunca conocí a un vecino que hubiera terminado la secundaria. 

“Ignorantes”. Así se les llamaba, despectivamente, a los que no estudiaban. La ideología escolar montó un discurso universal sobre el saber y el conocimiento. Y la escuela fue el dispositivo de control para medir la acumulación de saber organizada en etapas según los años de los niños. Bueno, eso no lo vivíamos. Éramos “ignorantes” arrojados al mundo. Entre muchos otros ignorantes arrojados al mundo. Eso era común hace 40 años. Y cobra vigencia en estas épocas. Porque al pueblo no se lo soporta. El pueblo es insoportable por la contradictoria forma de resolver su existencia. Sin embargo, bajo ese patrón dominante de la cultura, la gente encontraba (y encuentra) intersticios para construir un saber propio por fuera del aparato escolar, por fuera de la medicina, por fuera de los mandatos religiosos. 

El saber ignorante. Saberes expulsados, estigmatizados, no-saberes. En esos saberes impuros y paganos había conocimiento más que saber. Como reza el aforismo 5to. de Nietzsche en “El ocaso de los ídolos”: “La sabiduría marca límites incluso al conocimiento”. “Conocer”, era para mi abuela “vivir la experiencia” (en toda la dimensión simbólica que la incluye, por fuera del estigma positivista de izquierda). Recurrir a la fantasía no-ideológica para encontrar herramientas del pensar. Escuchar el sonido del viento. Llamarlo con un canto. Leer los ladridos de los perros. Conversar con las plantas. Tener a mano y en la memoria ignorante remedios caseros para las enfermedades. Y sobre todo, el mayor de los saberes aprehendidos: la calma. 

Esto me lleva a relacionar el aforismo de Nietzsche con una afirmación del filósofo argentino Rodolfo Kusch: “Los pueblos no quieren hacer la revolución”. Es una sentencia fuerte pero sirve para pensar sin prejuicios. Las formas de vida, las costumbres populares, los rituales, las ceremonias que cohesionan a la gente, son saberes malditos para el saber occidental. Y en su condición de saberes malditos, en esa situación de subalternidad, constituyen una resistencia concreta. 

La gente resiste con sus no-saberes para no obstaculizar la posibilidad de seguir conociendo. Suena discordante. Aparenta una contradicción. Y sí, es una contradicción asumida en todo caso por quienes llevan vidas sencillas. Es una manera de aceptar el abismo existencial. Y salir del laberinto por arriba. “Los pueblos no quieren hacer la revolución”, “La sabiduría marca límites incluso al conocimiento”. Las dos sentencias invitan a pensar. Y en la cavilación puede que aparezca “el pensamiento oblicuo”. Pensamiento indomable. Tenso. Transformador. No sé. Una especie de Marxismo hediondo o Peronismo sentimental.

Opiniones (9)
18 de agosto de 2017 | 17:23
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18 de agosto de 2017 | 17:23
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  1. Pregunta, es tan vacio, inocuo y falto de existencia el peronismo que hay necesidad de relacionarlo directamente con la ignorancia?. Por otra parte, si te agarra un marxsista descubriras realmente cuntas partes del cuerpo pueden dolerte, porque la aberracion de endosarles el peronismo es realmente duera de cualquier logica!
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  2. Muy bueno Marcelo, salvo cuando metiste al Peronismo y al Marxismo. ¿Qué puta tiene que ver?
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  3. Me parece bien la cita de como era el pueblo "ignorante" en aquellos tiempos, pero no veo la relación con el Marxismo hediondo, y mucho menos con el Peronismo que para mí de sentimental no tiene nada. Creo que otra sería la nota si relacionáramos al actual Peronismo con la "educación del trabajo" que todos tenían en aquella época, época en la cual ser llamado ignorante no era un insulto, solo indicaba que no tenía estudios formales y eso era todo, época dónde se valoraba más la voluntad de trabajo que el estudio, época dónde se valoraba más la honradez y la palabra que lo que uno poseía como capital o bienes. Época hermosa Padilla, pero muy mal relacionada con un simple término como el de "ignorante" definido por la Real Academia Española simplemente como: que no tiene noticia de algo. Yo creo que ya no sabe de que hablar y busca artículos mal fundados y contradictorios porque, si usted pregunta como incluso yo lo he hecho con mis abuelos, ellos, los ancianos de esa "época" son los que menos entienden la falta no de educación, sino de "valores", de "voluntad", de "esfuerzo" y por supuesto de "trabajo" en las nuevas generaciones y en los Gobiernos actuales, algo de lo que hace mucho no habla y que se relacionan cada vez más con palabras como "desempleo", o frases como "bajo nivel educativo", "feriados puentes", etc. Hablemos de lo que hay que hablar Padilla, y dejémonos de sinsentidos, gracias.
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  4. Mmmmm muchos patrones egoístas se huele en los comentarios
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  5. Dicho menos sanatero y más asertivo, vox populi vox Dei.
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  6. Te equivocaste en el título, Padilla, algo más cercano a la realidad sería "Marxismo muerto y Peronismo corrupto".
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  7. A ver, Padilla; usted escribe: "Esto me lleva a relacionar el aforismo de Nietzsche con una afirmación del filósofo argentino Rodolfo Kusch: ?Los pueblos no quieren hacer la revolución?..." Pero usted sostiene una y otra vez que el pueblo argentino es peronista (y ahora kirchnerista)... Si esto es así, usted está sosteniendo que el pueblo no quiere hacer la revolución... Entonces ¿El peronismo/kirchnerismo es una hipocresía? Ay Padilla... Usted se condena y lapida a si mismo una y otra vez..: Y da pena.
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  8. Soy nieto de inmigrantes y ellos no tuvieron más escolarización que un antiguo tercer grado. Mis viejos completaron ambos el secundario de grandes. Mi viejo antes de casarse para conseguir un mejor laburo y mi vieja cuando yo tenía 20 años, dándome el lujo de pedir me permitieran entregarle el diploma. De todos ellos recibí esa educación paralela que mencionás, la del conocimiento, la de las cosas como son, de los valores compartidos y que aseguran una vida digna. Pasé la adolescencia creyendo que todos eran "ignorantes" hasta que me dí cuenta que si no los escuchaba, si no aprendía lo que tenían para transmitirme, yo también iba a ignorar algo tanto o más importante que la educación institucional. Me puse frente a mis abuelos y en largas horas de charlas con ellos escuché toda la historia familiar y social que hizo posible que yo esté hoy aquí. Es más, le pedí a uno de mis abuelos que escribiera todo lo que se acordaba de su vida. Ese cuaderno con esas notas escritas con una ortografía horrible y una gramática espantosa, es el mejor libro que tengo.
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  9. También podría ser marxismo sentimental y peronismo hediondo.
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