opinión

Un soldado del Reino de Valparaíso

Un hombre solitario, dos muchachos franceses y Valparaíso. Otra de las historias de nuestro columnista Marcelo Padilla.

Un soldado del Reino de Valparaíso

JD habla por teléfono. Sostiene una conversación perfecta con alguien que, aparentemente, le contesta. JD se mueve por el estar de la casa como un pez en la vigilia de su conciencia. No llega a los muros. Tal vez –como un acto de preservación de libertad imaginaria- no pueda querer. Conversa. Al inicio de su comunicación hay noticias de intercambio. Ha pasado ya media hora y JD arrasa con su monólogo. Del otro lado del teléfono hay cansancio y rendición. JD habla y habla, al final, consigo mismo. Cita frases del Talmud, se dice Soldado del Reino, insiste con la trilogía “Fe, Paciencia, Amor”. Es chileno, no es judío, nacido y criado en Valparaíso, sueña con vivir en Israel. Es músico. Tiene 44 años.

JD no ha dormido en la noche. Se siente solo, está solo. Quiere conversar (arrancar) con él. Conversar con él a través de otro. Inventa personajes. Obsesivamente lava y seca platos, cucharas y tenedores. Los ordena. Devora el tiempo. Devora la noche. JD vive en Valparaíso, solo. Físicamente solo. Sin embargo conviven con él: una mujer, un padre rescatado del dolor, un par de amigos (Diego e Iván) con los que habla siempre por teléfono. Existen -¿existen?-. Para JD existen: las bajadas de los cerros, ríos rápidos que emergen en la madrugada, aquí en Valparaíso. 

Benuar y Borko (dos muchachos franceses que viven en la casa) duermen la jornada. Son dos militantes de una organización anticapitalista francesa. Participantes de rebeliones europeas de corte anarquista. JD canta: “levántate hombre flojo” (una especie de marcha espiritual) con su boca pegada a la puerta donde duerme Benuar. Luego entona el himno francés, provocándolo. En Valparaíso, a esta hora de la mañana, suena solamente la canción del mar. La que trae el viento a los cerros y se cuela por los intersticios de las maderas de las casas impasibles. Esta isla resiste. La canción tiene mensajes indescifrables pero todos aquí la entienden. En todo caso el código es la melodía. Una melodía de silencio y soledad. 

JD ha pasado por la casa a bañarse porque en la suya no tiene agua. Y el agua, su ausencia, es una excusa para comunicarse con él a través de otros. Susana baja de su cuarto rápidamente. Saluda y se prepara un té. Susana se lo toma en dos segundos y parte a la ex cárcel de Valparaíso, apenas a 4 cuadras de la casa, donde trabaja dictando clases de danza afro. Allí funciona desde hace unos años un Centro Cultural. Así, todos los días. JD se habla a través de Susana y camina. Saluda y camina. Sube al primero y segundo piso y baja. Sus pasos son inigualables. Son pasos de zapatos con tacos firmes que, sobre la madera de los pisos, retumban. Todo sucede en la casa que no es más que una casa donde sucede Valparaíso. Sucede nublado. Sucede. 

JD, cansado, finalmente se sienta y apoya su codo derecho en la pierna y deja caer su cabeza en la palma de su mano. De la euforia baja una angustia de elefante. JD está solo finalmente. Cansado. Muy cansado.

Opiniones (3)
22 de agosto de 2017 | 02:37
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22 de agosto de 2017 | 02:37
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  1. Ay, Padilla, qué manera de escribir pelotudeces
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  2. quedate a vivir en valparaiso padilla no te vamos a extrañar
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  3. Uhhhh Padilla descubrio Valparaiso, ahora hay que aguantarselo 6 meses escribiendo boludeces de Valpo. Hace un par de meses descubrio Old Boy ( peli que es del 2003 y mas conocida que Michael Jackson). Si esta es la vangardia cuyana estamos al hornooooo....
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