opinión

¿Qué les molesta de Francisco?

El autor explica por qué es criticado por viejos vaticanistas y vaticanólogos.

¿Qué les molesta de Francisco?

El papa Francisco ha recibido estas fiestas críticas por parte de periodistas vaticanistas y vaticanólogos que no acaban de entender a este Papa y por ello manifiestan sus dudas y perplejidades sobre su actuación. No entienden ni su espontaneidad, ni su transparencia, ni su afán reformista-administrativo, ni su apertura a todos los hombres y organizaciones sean del color que sean.

¿Qué es lo que sorprende tanto del papa Francisco? A unos les sorprende que diga las cosas como las piensa sin subterfugios diplomáticos, a otros les duele que sea amigo de periodistas latinoamericanos y judíos dejando a un lado a los italianos vaticanistas “de toda la vida”, a otros les molesta que hable tanto de los pobres de modo que se acerque al comunismo (esto es para nota), a otros que utilice una liturgia tan simple que contrasta con la solemnidad que tenía Benedicto XVI (siempre hay comparaciones) y finalmente hay a quienes les molesta que el Papa abrace a todo el mundo: protestantes, judíos, musulmanes y ahora lo hizo con el líder de los yizadíes, los iraquíes perseguidos por el Estado Islámico (EI).

En este breve artículo no pretendo salir en defensa de un Papa muy querido en todo el mundo, que ha abierto horizontes en todos los campos y que va precisamente a las “fronteras” del cristianismo para dar conocer la Buena Nueva del Evangelio, empujando al mismo tiempo a los católicos a que salgan de su comodidad y vayan a las “periferias”.

Está desapareciendo en la Curia Romana este morboso secretismo del que se nutrían bastantes periodistas vaticanistas, especialmente los italianos, que son los que más critican al Papa por lo que ha hecho y dicho de la Curia Romana y su modo “extraño” –dicen—de gobernar, nombrado a cardenales que “no tocan”, pues este Papa no es previsible y se sale de todas las coordenadas tradicionales romanas.

Lo mismo le pasó a san Juan Pablo II, que era polaco y venía de “un país lejano”.

Dicen estos periodistas que hay “algunos cardenales” que se han arrepentido de haber votado a Bergoglio. Y si eso fuera así, entonces estos cardenales no fueron dóciles al Espíritu Santo en el pasado Cónclave.

Los cardenales sí que conocían al cardenal Bergoglio, pues aunque no menudeaba por Roma eran conocidísimas sus intervenciones en Argentina y su modo de actuar, desplazándose en autobús o en metro.

El Papa Francisco ha dicho en numerosas ocasiones que él no es un teólogo ni un filósofo --aunque está bien dotado intelectualmente-- y que no ha venido a cambiar nada de la doctrina.

Lo que ha cambiado Bergoglio es el modo de gobernar la Iglesia, lejos de los usos romanos seculares en la Curia y con una mentalidad de ejecutivo propio de un jesuita. Todo eso lo sabían los cardenales que, dóciles al Espíritu Santo, eligieron como Papa al arzobispo de Buenos Aires.

Por otro lado, algunos pensadores, ya un poco mayores, no han entendido que el Papa Bergoglio viene de América Latina, un continente alejado de Europa no sólo en su mentalidad, sino en las ideas y en modo de hacer las cosas.

Es un Papa que, de acuerdo con los cardenales electores, visualizó la necesidad de descentralizar a la Curia, pues la Iglesia no puede ser “romanocéntrica” y por eso nombró al Consejo de ocho cardenales que siguen pensando en reformar la Curia desde fuera de Roma. El Papa dijo que “el poder de un Papa está en servir”.

¿Qué más les preocupa del Papa? El papa Bergoglio tiene un modo de gobernar la Iglesia bastante distinto de los anteriores papas. Su doctrina es diáfana: baste leer su única encíclica Evangelii Gaudium, donde anuncia ya toda su pastoral como Obispo de Roma, y como tal, sucesor de Pedro y cabeza de toda la Iglesia.

Todos los papas, como todos los gobernantes, tienen su modo de gobernar, que podrá ser más o menos eficaz, o más o menos agradable, pero para eso son elegidos.

El Papado en Europa tiene un significado más profundo –por la larga historia cristiana europea—que en América Latina, o que en África, o que en Asia. En estos continentes tienen una visión más sencilla del Papado aun sin recortar lo más mínimo su autoridad en materia de fe.

Por otro lado, hay que entender que el Papa Francisco es un amante de la polémica, que le gusta el debate, como sucedió en el anterior Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la familia, porque después del debate sereno la doctrina sale más purificada racionalmente. Que trabaje la fe con la razón como dijo san Juan Pablo II.

Es, podríamos decir, un Papa provocador. ¿Demasiado públicas las discusiones? Son decisiones de gobierno y como tales opinables. No hay que confundir la doctrina con la acción de gobierno.

¿Qué es lo que preocupa detrás de estas críticas? No preocupa el descontento de algunos, pues la Iglesia es plural, sino el maniqueísmo que parece estar detrás de algunas críticas, que inciden en la división maniquea de la Iglesia --como se ha hecho desde el Concilio Vaticano II-- entre progresistas y conservadores.

Los progresistas son los que ahora apoyarían al Papa. Hay algunos apoyos al Papa que causan hilaridad por cuanto ellos siempre habían hablado mal del Papado como institución.

El Papa, hay que decirlo otra vez, representa el signo de unidad de la Iglesia y es –junto a los obispos que están en comunión con el Papa-- quien debe custodiar el depósito de la fe recibido por Dios en la Revelación. Por lo tanto cuando se habla del Papa hay una dimensión que puede afectar también a la fe.

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20 de agosto de 2017 | 01:18
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