editorial

Un mal arquero que se lleva la pelota

Es preocupante la situación institucional de Mendoza. Desde el Gobierno se impulsan normas a la medida de las necesidades partidarias del oficialismo.

El Gobierno de Mendoza ha reaccionado con medidas que representan un alto riesgo institucional ante el armado político que realiza la oposición.

Atentos al “peligro” que en apariencia para ellos implica la alternancia en el poder, dando por sentada la posibilidad de un triunfo opositor, avanzan en la reglamentación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) en Mendoza de una manera inconsulta, queriendo ordenar a quiénes deben responder los partidos de la oposición a nivel nacional y pretendiendo impedirles hacer alianzas y frentes.

Alertados de la inconstitucionalidad de la actitud del Gobierno una vez que se dejó trascender el contenido del decreto (que, por otra parte, surgió a las apuradas debido a la rebelión interna del FPV en el que los intendentes desdoblan en catarata sus elecciones municipales para no perder el poder que ya tienen, presintiendo una derrota en la provincia) duplicaron la apuesta y salieron a militar la presentación de un proyecto en el Congreso para que lo que aquí se quiere impedir en torno a que los partidos lleven en la boleta a más de un candidato a Presidente, esté plasmado en la ley nacional.

Son los intendentes del oficialismo los primeros en “sacar los pies del plato”. Sin embargo, primero se pretendió frenar las elecciones anticipadas en la Ciudad de Mendoza y San Carlos, bastiones opositores, negándoles el correspondiente financiamiento.

El planteado es un panorama inusual para Mendoza, más propio de las prácticas de provincias a las que siempre miramos de reojo por su baja calidad institucional. Mendoza, “la isla”, la que fue “ejemplo de institucionalidad”, luce su peor faceta.

Como cualquier otra, Mendoza carece de diálogo político y desde un solo sector político, el que gobierna, se pretende imponer –sin el acuerdo de la ciudadanía, que no otorgó mayorías absolutas en la Legislatura a nadie- medidas en beneficio propio, para ganar “por decreto”. Se aferran a un poder que se sostiene como si se tratara de un bien propio, y no como una concesión limitada por parte de los ciudadanos.

El Gobierno, condicionado por las circunstancias políticas de su propia fuerza partidaria que no lo acompaña, parece tomar como rehenes a lo más preciado que tiene y tuvo Mendoza: la institucionalidad.

Como un arquero en el potrero que está allí sólo porque es el dueño de la pelota, decreta el final del juego llevándosela. Y se cree triunfal.

Opiniones (1)
18 de octubre de 2017 | 17:53
2
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18 de octubre de 2017 | 17:53
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  1. Y es un pesimo arquero, porque estamos perdiendo 48 a 0, en todo
    1
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