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"La felicidad", una joya del teatro que vuelve por más

La obra apuesta a una mixtura que incluye melodrama, comedia rosa, ciencia ficción, humor macabro y un crispado suspenso. Está iniciando su tercera temporada en cartel.

La felicidad, una joya del teatro que vuelve por más

La obra dirigida por Ariel Blasco, que ha tenido una gran cantidad de funciones a sala llena durante un par de años, comenzó anoche su tercera temporada en la Nave Cultural (España y Maza), y repite presentaciones hoy y mañana a las 21:30. La felicidad fue la apuesta en la que confió en 2013 el municipio de la ciudad de Mendoza en el marco de la Comedia Municipal Cristóbal Arnold, un certamen que le da chance a directores y actores locales para presentar un proyecto al que se premia con el financiamiento total de su ejecución, desde los ensayos hasta la puesta en escena.

Al talento y oficio de Blasco, también responsable de la elogiada Reflejos, se suma el exquisito y filoso texto de un dramaturgo como Javier Daulte; quien ha escrito algunas de las obras más estimulantes del teatro argentino de los últimos años, incluyendo Gore, Bésame mucho y Nunca estuviste tan adorable. En tanto que en televisión fue responsable de uno de los mejores guiones que haya tenido una serie nacional reciente, estamos hablando de Para vestir santos.

La felicidad

En su puesta porteña, La felicidad recibió algunas críticas adversas por su extendida duración y cierta repetición de conceptos. En la adaptación local, Ariel Blasco supo condensar lo esencial y hacer que en poco más de una hora muy compacta, el conflicto se retuerza y estalle. Respetando la matriz de los textos y puestas de Daulte, el director mendocino dotó a la obra de matices muy cambiantes.

La historia abre con un relato en off en vivo a cargo de Mónica Borré, y la presentación de los personajes: una familia que aspira al bienestar y la armonía en su grado máximo, aún al precio de dinamitar los límites de la realidad y hacer de su hogar un micromundo ilusorio. El vestuario y la escenografía aportan una textura retro, mientras que la actuación y la puesta remiten durante los primeros minutos a un híbrido entre el costumbrismo y la telenovela. Pero como en todo texto de Daulte, las cosas pueden cambiar de un momento a otro, y así el espectador queda inmerso en una irresistible mixtura genérica que incluye melodrama, comedia rosa, ciencia ficción, humor macabro y un crispado suspenso.

La felicidad 2


El elenco local de La felicidad se desenvuelve de forma impecable sobre cada una de las aristas de sus criaturas. En el centro de la acción la tenemos a Rosa (María Paz Giambenedetti), una chica tan bella como manipuladora. Un brote de discrepancia con su novio Sergio (Gonzalo Bendelé), la llevará a confirmar que el amor eterno es una noción tan absurda como imposible. Pero allí estarán sus padres, Fina (Silvia Del Castillo) y Omar (Carlos Romero), para apuntalar a la joven a través de un experimento tan riesgoso como extrapolado. A este cuadro de familia disfuncional se suma la presencia del robot Christopher (Diego Quiroga), un personaje tan insólito como querible. La versatilidad que despliega en escena Del Castillo, con un arsenal de histriónicos recursos, es uno de los puntos fuertes de la puesta. En tanto que la notable destreza corporal de Quiroga, depara más de una sorpresa.

Como todo texto apasionante, La felicidad se sostiene no solo por lo que dice, sino por lo que contiene entre líneas. Más allá del fluido ritmo del relato y de un imparable in crescendo dramático, que llega a su apoteosis en una desopilante escena en que los personajes practican un ritual de espiritismo; la obra cobra entidad por los enormes e incómodos conceptos que aborda. El pánico al quiebre absoluto de la armonía, la voluntad de querer guionar la vida a nuestro antojo,  el absurdo de la mentira, la dependencia del engaño; y por sobre todas las cosas, el sinsentido de creer en el amor como entidad pura y verdadera. 

La felicidad 3

La felicidad es una de esas obras que, sin apostar a la solemnidad discursiva, pasa con ligereza sobre el escenario y nos deja una serie de reflexiones e interrogantes. En tiempos de tanto producto dominado por una lectura unidimensional, las múltiples capas del texto de Daulte sacuden temas tan existenciales como cotidianos.


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12 de diciembre de 2017 | 19:17
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