opinión

La ingesta batracia de la presidenta

Los batracios tienen proteínas y son sabrosos de vez en cuando. Pero el abuso hace mal a la digestión y puede convertir las ideologías de la gente en peligrosos atisbos de realidad. La dieta batracia de Cristina, plato por plato.

Dicen por allí que llegaron hace 500 millones de años con los dinosaurios. Y han sobrevivido hasta nuestros días a pesar de la persecución, el escarnio, la mala prensa, la discriminación, cuando no el olvido. Ya hace cientos de años la literatura fantástica los tomaba como signo de lo más espantoso. El colmo era que la princesa debía besar al sapo para que éste se convirtiese en príncipe. Pobres anfibios. Ni Clarín los maltrató tanto.

Alguien descubrió alguna vez que para salir de los asuntos complejos de la política con alguna chance de sobrevida, había que ingerir batracios. Trasegarlos uno tras otro aumentaba las chances de sobrevida. No es fácil tragarse un sapo. La ingesta batracia es dolorosa. Deja la garganta aterida y áspera, inflamada… Y el estómago tieso, escribimos alguna vez. La boca amarga y unas asquerosas escamas entre los dientes espantan a los amigos de los degustadores de sapos. Pero los batracios, a pesar de la mala imagen que le impulso el conquistador, prolongan vidas si se digieren a tiempo. Todos los presidentes tuvieron su dieta batracia.  La Semana Santa del ’87 fue la indigestión batracia de Raúl Alfonsín. Las leyes del perdón fueron la dieta de sapos de los radicales de entonces. Menem, de tanto comer sapos, se hizo adicto. A De la Rúa le gustaban los sapos que se alimentaban a sushi y viajaban en helicóptero. Néstor prefería los sapos que en vez de croar decían “¿¿¡¡Estás nerviosho!!??”. Se moría de la risa el presidente patagónico, que se devoró sapos de todos los colores. A uno, le puso “Cleto” y lo soltó en los jardines de Olivos.

-¿Y Cristina?

A la presidenta no le gustan los platos con carne batracia. Pero… Hay hambres muy urgentes. Veamos cómo se alimentó la presidenta con su ingesta en estos días tan difíciles.

20-N: Sapos a la provenzal

Los cacerolazos del año pasado marcaron el principio del fin de la relación masiva del kirchnerismo con la gente. Muchos políticos del oficialismo colaboraron con la dieta batracia de la presidenta mientras la clase media salía por millones a la calle, agitando consignas que reivindicaban valores tales como la justicia, la libertad, la seguridad… Y varios “no”: a la corrupción, a la mentira, a la soberbia, a la tozudez, a la falta de diálogo. El enojo era grande. Fue el año de las frases más insólitas de CFK: la arquitecta egipcia, los abuelos amarretes, los caranchos de adentro, estamos en Harvad, y tantas otras. Pero en la Casa Rosada vieron –en lugar de una protesta de proporciones- a un montón de argentinos frívolos que querían ir a Miami a gastarse los dólares, malditos traidores cipayos alcahuetes de Magnetto y del campo.
 
La verdad, no hay peor cosa que intentar correrle el bulto al sapo cuando está ahí, sobre nuestro plato... listo para ser devorado. Si el momento histórico indica comerse el sapo, lo mejor que se puede hacer es relajar la garganta y empezar a deglutir el batracio. La cabeza primero, indican los sabedores. Pero Cristina intentó regurgitarlo y fue peor. La ingesta regresó en forma de atracón.

CFK la pasó más o menos bien unos meses, casi ni pensaba en los batracios hasta que le dijeron que Sergio Massa iba a ser candidato a diputado nacional por fuera del PJ y que Scioli coqueteaba con él. Cristina devoró media docena de renacuajos que había en la heladera de Olivos y los bajó de golpe con un trago de Evian. Eso fue sólo el principio. La ingesta verdadera vino después.

Durante meses los principales voceros del gobierno y la propia presidenta se habían negado a hacer cambios en el Impuesto a las Ganancias, porque ello significaba validar la inflación. Además, siempre es muy duro hacer las modificaciones que la oposición pide Sobre todo si está embanderada con Hugo Moyano o el propio Massa, por ejemplo. Pero hubo que hacerlo, atropellados por la realidad. Marche un batracio a la plancha para Cristina.

La dieta batracia admite variedades pero siempre dentro de la incomodidad. Entre las primarias de agosto y las elecciones del 27 de octubre hubo mucho de todo esto. A saber: El fracaso de los Cedin (2 sapos, 400 calorías); el asunto del general Milani (ranitas de chocolate, 150 cal. por porción); el triunfo de Cobos en Mendoza (escuerzos anfibios a demanda, empacho seguro: 10.000 calorías); la derrota en la pelea con LAN (sapos y culebras a la chilena, 3.000 calorías); el intento de arreglar con los fondos buitre (sapos cada 4 horas, como los analgésicos. Con grasas trans, 2.500 calorías); aumento en los topes del monotributo (batracios en lata, 300 calorías porque reconocen la inflación); el mes de reposo (patitas de rana hervidas y sin sal, 30 calorías diarias); Scioli el salvador y Boudou Presidente (twins frogs, 4.000 calorías); subir el ritmo de la devaluación (una cucharada batracia cada 12 horas, 250 calorías); que EEUU espíe a Merkel y a Dilma y no se interese en ella (sapitos congelados, 300 calorías); nuevas derrotas ante la oposición en las principales provincias (plato esperado, 4.000 calorías).

La primera parte del tratamiento batracio no fue realmente sorprendente. Lo más duro, los sapos más gordos vinieron después de los comicios del 27 de octubre. A ver…  cuando hay encarnizamiento terapéutico con las enfermedades sociales, políticas y económicas del país, la dieta batracia debe ser reforzada, dicen los doctores.

YPF, de no valer un peso para Repsol a arreglar en secreto por 5.000 millones de dólares más los intereses de los bonos. El cambio de relato justifica la ingesta de un grueso guiso de escuerzo. 7.000 calorías y contando.

¿Se acuerdan del “desendeudamiento”? De allí al “Cristina nos dijo que traigamos dólares”, arreglos con el CIADI, el Club de París y el FMI, sólo pudo haber mediado un adecuado tratamiento batracio. 3.500 calorías más para la dieta. Hay más: Moreno a Italia, sólo pudo ser justificado con un plato de sapos del Mediterráneo. La presidenta hizo “glup” por la salida de su funcionario y consejero preferido y siguió adelante. Marcó del Pont antes de irse dijo “hay inflación”. Cristina no pudo con ese sapo y lo regurgitó. La funcionaria fue eyectada.

“Nos vamos a asociar con quien tengamos que asociarnos”. Un sapo de calibre internacional que cotiza en dólar blue. Después hubo tisana de carqueja para bajar el escuerzo. Del Código Civil progre y revolucionario, a la reforma del artículo 19 con “la vida empieza en la concepción”. Sapo religioso para la presidenta: 2.300 calorías. No más congelamiento y liberamos los precios de las naftas, que no son más nac and pop. Batracio energético de 2.400 calorías.

El postre de la ingesta batracia de Cristina vino con el cambio del equipo económico y el inicio del camino del ajuste, el sapo más grande de todos.

Hay quien dice que el arte de la política es salir limpio, o lo más limpio posible, de las zonas más oscuras.  Un make up o un cambio de rumbo pueden ayudar. Pero para ello hay que seguir al pie de la letra la ingesta batracia. Cristina lo hizo, y con ella el kirchnerismo. Muchos funcionarios se vieron obligados en estas semanas a decir o hacer lo que hubiesen preferido olvidar. Pero la presidenta es así. No iba a ser la única en comer sapos.

Para finalizar, el último escuerzo es de índole turística, con el pobre de Martín Insaurralde paseando por exclusivas islas de las Antillas con su bella novia Jésica Cirio. Una imagen muy poco revolucionaria, así es que sapos a la parrilla para todos.

Los políticos suelen tener el cuero duro. Tal vez por eso dicen que la dieta batracia ayuda a fortalecer la epidermis más que la vitamina E, cuando arrecian las críticas o en momentos de debilidad. Y es probablemente por eso que la presidenta ha empezado su propia ingesta. La pregunta es cuándo va a terminar, y cuántos sapos más deberá digerir para mantener el relato a flote. Por ahora, no se saltea ni una sola comida, como prescriben los buenos dietólogos de  la Argentina. Total, mientras los batracios alcancen… vamos andando.
Opiniones (5)
17 de diciembre de 2017 | 05:36
6
ERROR
17 de diciembre de 2017 | 05:36
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Muy buena nota de un periodista a quien no conozco personalmente pero con el que la gran mayoría de las veces coincido... Con tal de conservar el sillón quién no se tragaría un sapito o un sapo? Hace mucho que aprendí a no decir de esta agua no he de beber...hay que estar en los zapatos de un jefe de estado... de un jefe de oficina o de un simple empleado... hagamos examen de conciencia... Por cierto, faltó un sapo, yo diría un sapón: la frase de Mujica *esta vieja es peor que el tuerto*... para una mujer una frase lapidaria..
    5
  2. El tema son los sapos que nos tragamos todos, en buena hora que se trague todos los sapos que hagan falta para sacarnos de donde nos metió. El día que tengamos seriedad, reglas justas y lógicas para TODOS nos encaminaremos.... Ojalá encamine el rumbo para que no suframos más en este bendito país, duele ver amigos, vecinos y gente en las noticias en condiciones de no saber si cierran o esperan un poco más para ver un cambio. Cómo puede ser que un boleto cueste en teoría $9!!! Porqué no explican cómo llegan a ese número antes de publicarlo, es lo mismo que con la verdura, de $0,15 el kilo de lechuga al finquero a $6 en la verdulería? Van a tener que promover seriamente la permacultura o el estado deberá producir todo lo que necesitemos. ES MUY DIFÍCIL PRODUCIR cualquier cosa HOY.
    4
  3. Creo que ya debe ser conocida (y proverbial) mi sentimiento Ultra antiK, pero no era esto lo que buscaba el stablisment y la oposición? no querían que la cosa cambiara?, es cierto que para hacerlo tuvieron que tragarse los batracios mas amargos como bien lo describe el amigo "recien" casado Montacuto y eso corrobora nuestra percepción de una total falta de ingenio o inteligencia por parte de la presidente y sus secuaces como así tambien su único y futil objetivo, el de perpetuarse en el poder. Tuvieron que cambiar, rompiendose los dientes contra la muralla de la realidad que ellos mismos supieron crear no aprovechando en forma inteligente (y honesta) esos años de grandes ganancias que ya, lamentablemente pasaron. No obstante todo esto, creo que si tienen la suficiente visión como para cambiar sus posturas erradas, todavía estamos a tiempo de no tener que sufrir mas de la cuenta para encaminar el rumbo, ojo, nada de rerere ni nada de eso.
    3
  4. Los KK no defienden el status quo y no son conservadores??? el peronismo no es el partido MAS conservador que ha tenido la argentina? Si alguien cree lo contrario es un ridículo total y no sabe "leer" los hechos de la historia de los últimos 70 años. No el relato: la realidad. Cada vez más pobres y menos clase media. Cada vez menos movilidad social. Una brecha entre ricos y pobres que se agrandó exponencialmente. Una casta gobernante que hace y deshace a su antojo, diga lo que diga el discurso, mientras se enriquece a espaldas del pueblo. ¿No es lo que uno leía sobre la década del 30? Esto al margen de montacuto, que la historia de batracios que cuenta es real (y evidentemente a los robolucionarios les caen indigestos).
    2
  5. Más allá de que la crítica a los políticos aquí presentados no me afecta ningún sentimiento ya que ninguno tiene mi aprecio, sí debo confesar que me invade al leer ésta nota, una cierta sensación de rabia porque me he preguntado varias veces de dónde salió Montacuto, un tipo que en cada cosa que escribe u opina en radio, evidencia una construcción en lo que lo importante es, parecer al menos, un tipo brillante, inteligente pero sobre todo mordaz y contestatario, un paladín de la justicia y la denuncia. Puro ego , auto percepción de copado. Mdz supo ser un medio bastante plural, inquieto y con avidez de originalidad hasta que llegó este filo Fascista. Igual es importante leerlo y escucharlo para entender la ideología de los bobos que, bajo la máscara de cuestionadores, defienden el status quo más conservador.
    1
En Imágenes
Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
Leopardo al acecho