opinión

La fisura del tiempo

Una película de tristes trópicos. Una novela de trashumantes que buscan la próxima cueva.

La fisura del tiempo

Allá, en la punta que despide calor por convexión, se proyecta una filmación que repite y repite las escenas. Es una secuencia de pintorescos barrios bajos del sur montevideano. Infinitamente sigue como una señal de que allí hubo una fisura en el tiempo. Y a través de ella se cuelan perfumes de ciudad vieja traqueteada. Perfumes nauseabundos y de alguna panadería. Restos de la noche de amores inexorablemente condenados.

La hediondez se transmuta de golpe en fragancias mientras al caminar, rayos de sol producen la ceguera que estresa. La filmación sigue allí, sin parar un segundo, y de ella resuenan tambores satánicos. Todos los relojes se han detenido por la arena.

He dejado para el recuerdo esas caminatas en la rambla con el aire del río que pegaba en la cara y revoloteaba los pelos. Me alejo con parsimonia como un suicidio lento de aquella ciudad donde construí el amor y el desamor. En un mismo acto. Así es la vida misma. Todo en un mismo acto de fuga. Irse y dejar ir. Morir volviendo al mismo nido para obligar el nacimiento.

Es la herida. El tajo que pierde chorritos de pus y sangre. La cruz dada vuelta. Y la filmación que sigue allí como una luna antojadiza, repugnante como un canto de Maldoror que grita hacia el África. Son los aullidos de lobos negros que le mandan mensajes a sus amores de antaño, a sus antepasados originarios.

Por eso los tambores eternos. Por eso la locura y el extravío. Errático yfugaz como el fusilamiento de una estrella abandonada al abismo. No corro. No apuro el tranco. Lascosas suceden en cámara lenta como si ellas buscaran quedarse más tiempo, arrastrándose, a cuenta gotas. Pero suceden. Antes y después del tiempo y del espacio.

Justo ahí, en la fisura que supura. De allí salieron los besos hasta que pasó el invierno. Las primeras flores que jamás anunciaron primavera. Solo quejidos y un mar que caía del cielo. Y un cimbrón de alarma que jamás anunció la calma.

Venimos solos para quedarnos solos en la penumbra de una calle desconocida. Una película de tristes trópicos. Una novela de trashumantes que buscan la próxima cueva. En fin, una película que no puede terminar de repetirse en la escasez de la noche. Y en el arrastre no hay otras manos más que las mías. Soy una serpiente iracunda. Aterida. Venenosa. Cambio mi sangre por la de otros y sigo.

Opiniones (2)
22 de noviembre de 2017 | 18:23
3
ERROR
22 de noviembre de 2017 | 18:23
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  1. Vengo a comentar para que no te sientas tan solo. Seguís siendo tan aburrido y deprimente. No llegue a la segunda oración.
    2
  2. Tribus urbanas, comentarista de libros, ....................... que lejos parecen aquellas épocas de 6 7 8 online. Volverás después del 27 Antonio? mirá que hay que apoyar el modelo mas que nunca según tus propias palabras.
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