opinión

El paso gigante de Abel Pintos

El músico acaba de publicar "Abel", un disco autobiográfico que lo catapulta a nivel internacional.

Fila 9 butaca 27

No es noticia decir que Abel Pintos ha crecido musicalmente de una manera notable en los últimos años. Todos lo hemos podido comprobar. Ya con “Sentidos” y “Reflejo real” empezó a asomar ese cantautor serio y efectivo, que explotó en “La llave” y se reafirmó con “Reevolución”.

El público supo apreciar que el niño prodigio crecía y se transformaba en un artista con mayúsculas, como ese que se muestra en “Sueño dorado”, dominando la escena musical argentina.

Entonces, el desafío era inminente y real: ¿cómo seguía la historia estando ya en la cima?

Y el pasado miércoles 9 de octubre se develó la incógnita. Pintos dio el paso más grande de su carrera editando “Abel”, un disco excepcional por donde se lo escuche.

Hay algo que debe quedar bien claro: este disco no tiene ni una mínima pizca de folclore, pero esto no indica que AP se vaya de ese palo. El folclore será el refugio en donde se cobijará por siempre.

“Abel” es un material que suena internacional, que tiene una delicada producción musical, que ofrece canciones de altísimo vuelo y letras profundas que desnudan la intimidad del autor. Si bien siempre Pintos ha escrito sobre temas vinculados con su persona, esta vez tiene el corazón en la mano. Y por eso el título del disco debe ser su nombre.

Analicemos algunas canciones:

“Aquí te espero”: el corte de difusión, con un aire britpop  enorme, especialmente en lo pegadizo de sus coros.

 “Lo que soy”: autobiografía pura. Una batería exquisita la sostiene siempre. Temazo.

“Arder en libertad”: si no se supiera que es un disco de Pintos, sería una canción de Jorge Drexler. Aire de bossa. Cuerdas delicadas para un tema ídem.

”De solo vivir”: bien pop, letra pegadiza, bajo machacante del genial Guillermo Vadalá.  Para escucharla bien fuerte y acompañar el estribillo. 

“El mar”: la guitarra slide le da un toque country que se afirma con la sección de cuerdas. ¿Puerta de entrada para el mercado mexicano?

“Alguna vez”: un teclado sesentista y mucha letra amorosa. Bien vintage en donde AP muestra sus dotes vocales.

“Cuantas veces”: aire de cumbia, dicharachera, bailable. Futuro hit.   

“Motivos”: fogonera, simple, directa, emotiva. Con guitarras estelares. Rumbo a ser un clásico.   

“A-Dios”: la mejor canción del disco. Imposible escucharla y no imaginar un estadio cantando este tema.

Instrumentalmente el disco es único, con un trabajo impecable de Ariel Pintos y Marcelo Predacino que le aportan ese toque sutil a cada canción haciéndola distintiva.

Ni hablar del trabajo de Lee Levin en batería, un genio que grabó con Ricky Martin, Alejandro Sanz, Julio Iglesias, Michael Bolton, Barbra Streissand  y Kelly Clarkson, entre otros. El tipo le da el toque justo, siempre.

En síntesis, estamos frente a uno de los discos del año pero también estamos frente al mejor disco de Abel Pintos. Para comprarlo y disfrutarlo una y mil veces.

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17 de diciembre de 2017 | 00:39
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
    Leopardo al acecho