opinión

El pasado y los dueños de Mendoza

Mas allá de la defensa que hacen, me permito una crítica acerca del análisis que realizan en torno a la identidad cultural.

El pasado y los dueños de Mendoza

El concepto de Patrimonio cultural, sin duda, no es un tema menor, teniendo en cuenta la dimensión material y simbólica que lo implica. En líneas generales, se dice, que el patrimonio cultural de nuestra provincia debe ser protegido, conservado, restaurado. Que estas acciones permiten reforzar la identidad cultural de la provincia y que, ante la amenaza del paso del tiempo y las inacciones oficiales, el patrimonio esta en peligro de demolición o extinción.

Mas allá de la defensa que hacen, críticos de arte, arquitectos, periodistas, funcionarios, restauradores, de nuestros sacralizados bienes culturales, me permito una crítica acerca del análisis que realizan en torno a la identidad cultural y el porqué de la conservación de “ciertos bienes”. Pareciera que las discusiones sobre el patrimonio y la identidad cultural de la provincia, y las políticas culturales orientadas a conservar los bienes “auténticos”, fueran solo para especialistas en el pasado. Es decir quienes desde la arquitectura, la literatura y el arte definen lo que se entiende por identidad y patrimonio cultural provincial. Es, en parte cierto, desde una mirada que relacione la cultura con el poder. Dichos especialistas debaten en la actualidad la importancia de preservar y conservar distintos monumentos históricos del legado cultural mendocino a raíz de la amenaza del tiempo, que corroe todo a su paso.

Pero cabe preguntarse ¿Que preservamos cuando conservamos? Ese conjunto de bienes y monumentos históricos que nos identifican como provincia y pueblo es apreciado, por los defensores del patrimonio, como un “don”, algo que recibimos del pasado, con tal prestigio simbólico que no cabe discutirlo. La existencia de estos bienes en el tiempo, hace imaginar que su valor es incuestionable y los vuelve fuente del consenso colectivo, mas allá de las divisiones entre clases sociales que expresan la sociedad y diferencian los modos de apropiarse del patrimonio ¿común? De ahí que podemos ver en los distintos debates que se vienen realizando sobre el patrimonio mendocino el aspecto tradicionalista de la discusión.

Recuerdo un párrafo de una entrevista realizada hace varios años en el extinto “altillo de la cultura” de diario UNO, al arquitecto Italiano Francesco Zurli, “Los monumentos antiguos son sin duda objeto de estudio para los historiadores y los cultores el arte, pero su razón de ser y su valor no esta en proveer materia de erudición, sino en salvar las raíces de la civilización”. Indudablemente el concepto de cultura que subyace a esta lectura es tan arcaico como los monumentos que pretende conservar. Dicho concepto de cultura, ligado al de civilización, tiene sus raíces en el pensamiento antropológico clásico de fines del siglo XIX de la Inglaterra victoriana en su corriente evolucionista (representado por Morgan y Taylor) donde el modelo civilizador de la cultura dominante europea debía imponerse, no sin conflictos, a los denominados pueblos primitivos. Mas allá de esta aclaración histórico-conceptual, es pertinente tomar en cuenta que lo que se pretende escenificar o ritualizar como monumentos de origen de la cultura y la identidad, a los cuales hay que preservar, constituye un objeto de estudio fundamental, pero desde una perspectiva que ubique a los objetos del patrimonio no desde el carácter fundante de una cultura, sino mas bien en el marco proceso social que los produjo, en las maneras en que se pretende preservarlos como atestiguadores de la dominación social y cultural. Es decir, la historia material de un pueblo no se construye como se narra, sin conflictos ni luchas, sino justamente debe analizarse como proceso donde algunos luchan por mantener sus intereses, de clase social, y otros por transformar sus condiciones de vida. La historia de Mendoza, que no escapa a este análisis, expresa también la disputa de aquellos grupos hegemónicos que desde las independencias latinoamericanas hasta los años ‘30, se constituyeron en “dueños naturales” de la tierra y la fuerza de trabajo de las otras clases, fueron ellos los que fijaron el alto valor de ciertos bienes culturales: los centros históricos de las grandes ciudades, la música clásica, el saber humanístico, todos ellos heredados de la

tradición cultural europea. Por ello el patrimonio existe como fuerza política (como plantea el antropólogo García Canclini) “...en la medida en que es teatralizado en conmemoraciones, monumentos, museos.” y aclara “La teatralización del patrimonio es el esfuerzo por simular que hay un origen, una sustancia fundante, en relación con la cual deberíamos actuar hoy”. Esto no significa para nada que haya que ignorar por doquier bienes antiguos o monumentos históricos, descuidando su protección, sino que, desde esta idea de “proceso”, poder establecer un debate acerca de las características que adoptan las políticas y planteos sobre el patrimonio en un contexto sociocultural determinado. Vincular estos factores (poder, cultura, clases y patrimonio) no implica desechar la idea de la conservación técnica ni la relevancia cultural de las obras históricas. Pero aclaremos que como espacio educativo, el patrimonio debe ser reformulado en términos de capital cultural de un proceso socio-histórico particular, producto de luchas, mas que de una narración descriptiva de los “hitos fundantes” de una cultura; y que, como todo capital, éste, también se acumula, produce rendimientos, se conserva, y es apropiado en forma desigual por diversos sectores sociales y culturales. Así, la identidad, dejaría de ser explicada en base a su santuario de museos y monumentos, ya que estos son, con frecuencia, testimonios de la dominación, más que una apropiación justa y solidaria del espacio territorial y del tiempo histórico.

Opiniones (9)
15 de diciembre de 2017 | 22:34
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15 de diciembre de 2017 | 22:34
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  1. Interesante artículo. Divertidísimo aporte el de taty, de paso. Me parece que la identidad cultural no es algo que pueda reconstruirse si no es a través de la imposición de un nuevo relato, de uno que reemplace o amaine el vigor del existente. Es interesante pensar que cierto tipo de música, así como "el santuario de museos y monumentos" son "testimonios de la dominación", aunque también son muchísimas otras cosas, cosas que se pueden conservar y que pueden ser inmunes a una visión materialista. Respeto tu opinión, es atendible y en cierto modo razonable, pero no de todos modos: observar la cultura de la historia desde un puro materialismo, es como examinarla con un solo ojo y desde una mirilla.
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  2. A esta hora de la noche y después de hacer un vuelo rasante sobre el artículo y los opinantes, me entró como una desazón, ¡por Dios! ahora se viene el artículo de Padilla sobre la enfermedad de la señora y los malvados gorilas que la odian y le desean la muerte o el otro llorado de Naranjo, sobre el mismo tema pero con pretensiones poéticas y fue demasiado. y recé como decía Marechal, " de los universitarios líbranos Señor". Pero no creo que el Señor me escuche a esta hora y detenga la huevada...
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  3. La identidad cultural no sólo se tiene por lo que preservemos del pasado, que debe hacerse en los términos de la nota, sino que más importante es lo que hacemos con ella en el presente. Identidad cultural somos nosotros con nuestras acciones y sin dudas que debemos superar con creces a los que nos precedieron, lo contrario hablaría muy mal de nosotros. Superado el pasado, en cuanto a hechos digo, podremos sentirnos parte de la historia, de lo contrario sólo seremos simples preservadores, o sea, nada más que "conservadores", lo cual no nos calificaría muy bien como generación.
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  4. Es correcto lo que dice Zalazar. Como corrección, el terremoto fue en 1861, no en 1881. Todo signo, de toda cultura, que deje a la luz un pedazo de historia real, no para turistas, debe ser preservado por ser parte de la historia. Si el Coliseo aparte de monumental, fue un estadio de ejecución sangrienta, debe preservarse para mostrar los distintos estadíos de violencia en cada época, tanto como Auswitz, la Esma, y también el batallón de Formosa que fue arrasado por los montos. Hay que mostrar toda la historia. Lo único que no tiene sentido en este país, es conservar la cancha de Ríber, (fue un chiste).
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  5. bien estimados, salvo Videla (que causalidad el apellido), todos son opiniones altamente positivas y constructivas. Es cierto, este año visité por 1° vez el Colón y pensé exactamente lo mismo, pero eso no deja de permitir ver la magnificencia. Varios gobiernos de derecha (los únicos) hicieron obras, pero también veamos para que se hacián o que apetitos satisfacían. Al igual que el Colón, ya que no podíamos ir, que vengan.... Con conceptos semejantes hicieron de Mza una provincia llena de rutas .... que llegaban a SUS propiedades para poder sacar SUS productos, con la plata del pueblo a quienes ignoraban.... ah, pero estabamos hablando de patrimonio cultural.... ¿de quién?
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  6. Che, Padilla, cómo hacés para vivir con tanto odio? Todo está mal, sos un criticador destructivo de todo. La verdad, me das pena
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  7. Bien Pailla. No sólo hay que conservarlos, si no también explicar lo que significan. La vez que conocí el teatro Colón, con toda su barroca belleza, no pude dejar de pensar que mientras se gastaba ese dineral en tal edificio, los obreros que lo erigian veían a sus familias morir, sin remedio y de fiebre amarilla a escasas quince cuadras de allí. Y más allá de la belleza arquitectónica que representa, no deja de recordarme -y así debiera hacerlo con todos si tal cosa se enseñara- las enormes -y atrozmente injustas- desigualdades que se vivieron para aquel entonces. Saludos.
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  8. LA HISTORIA EN OBRAS Y EN BIENES SIMBÓLICOS... Me parece muy bueno el enfoque, en tanto y en cuanto a partir de los bienes conservados como patrimonio cultural, surgen por ejemplo las palabras de García Canclini, hace ya varias décadas radicado en México, con lo cual se reafirma el hecho de que gracias a esa preservación, se puede descubrir la verdadera historia y no la que escribieron los ganadores de las distintas batallas. Mendoza tiene un pasado muy corto, o sea después del terremoto de 1881, con lo cual no hay mucho que conservar por lo menos del patrimonio material. Pero más allá de este hecho, hay que considerar que hasta 1946, estuvimos gobernados por gobiernos conservadores de derecha, pero no podemos negar por ello que hubo gobernantes con una gran visión de futuro, ya que gracias a ellos tenemos calles anchas y arboladas, con la contratación del Dr. Coni; el parque General San Martín; el teatro griego Frank Romero Day, que los ignorantes insisten en llamar anfiteatro. O sea, se hicieron obras con visión de futuro y las normas de conservación de patrimonio se adaptan a la concepción mundial sobre el tema. Que quedaría sino del Arte de Florencia; la belleza de Praga o inclusive la magia de la ciudad del siglo XII en San Sebastían, que por ese milagro de los dioses, son ahora todos bares. Que conoceríamos de todos los grandes imperios sino fuera por el arte y la medicina que han quedado, o alguien se acuerda quién era el ministro de economía de Ramsés o el director de vialidad de Yupanqui. Integrar el patrimonio cultural a determinadas ideologías, es por lo menos erróneo en tanto y en cuanto las obras tienen valor en si misma y no por las ideas de quienes las hicieron construir, sino tendríamos que tapar toda la Capilla Sixtina o destruirla porque el mecenas de Miguel Ángel, fue el papa Julio II, conocido como el papa guerrero, quién mató a miles de personas en nombre de la iglesia y obviamente para acrecentar el patrimonio del Vaticano. En el caso de los edificios, lo que se intenta rescatar fundamentalmente, es el tipo de arquitectura del mismo y no la historia de quién fue su propietario, sino también tendríamos que destruir el actual lugar donde funciona el Museo de Ciencias Naturales. O sea, para hacerla corta, deberíamos destruir prácticamente todo lo que representa nuestra historia, incluso la ruta 40 que pasó en su trazado por el medio del asentamiento más importante de Diaguitas del país y en donde estaba la mayor riqueza arqueológica de la llamada "corriente de la Aguada". Y con el mismo concepto, deberíamos destruir a Machu Pichu, porque los Incas conquistaron varias etnias, incluida la Coya y ni hablar de Aztecas y Mayas. Entonces tendríamos a una Europa como un gran baldío o llena de más centros comerciales y una América Latina despojada de todo su pasado. El patrimonio cultural es el único relato histórico certero, lo demás son interpretaciones de los llamados historiadores, en el mejor de los casos, o lo que es peor, el mensaje de los escribas de quienes ganaron las distintas guerras.
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  9. Marcelo, más allá de que yo no sea peronista, tus columnas son las mejores de este diario...recuerdo hace poco tiempo una lluvia de opiniones negativas sobre una columna -que no estaba mal tampoco-. Ahora no veo nadie que festeje esta columna tuya, me encantará ser el primero que lo haga. A tu salud, y que vuelva la foto en lugar del dibujo!!!
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