Canción de amor a la disolución del ego

¿Quién habrá de creer que es posible decir algo que jamás se ha dicho? La idea de mensaje es una idea cobarde y miserable.

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.
Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo
.

Roberto Juarroz.



Quién pudiera como un monje colgar cabeza abajo en una caverna húmeda, quieto el corazón, como antes del salto, lentos los pulmones como una danza de piedra, cerrada la mirada como el puño de un dios, dormidos el hambre y el anhelo, como niños al óleo, domesticada la muerte, como el perro de un linyera.

Quién pudiera acariciar el vacío, como si estuviese lleno. Quién calmar toda expectativa. Quién vivir como si no viviera. Quién morir como si viviera muriendo un poco cada día.

Cuentan los que saben, muy seguros de sí mismos, que todo radicaría en un proceso hacia la disolución del ego, porque el ego, dicen, es un obstáculo en la integración de uno con el universo. Algo así. Algo asá.

Hay quienes dicen también que uno, el yo, esto, no existe y no es particularmente descabellada la idea: ¿cuándo surgió esta barbaridad de jerarquizar aquello que existe, esta barbaridad de nombrar lo que existe, de atribuirlo a Alguien, de propinarle un sentido, de darle importancia, de marcarlo como elegido?

Puede, entonces, que el yo no exista, pero aún si existiera, cierto es que su tránsito por este descomunal universo casi inhabitado es tan breve, inútil y sin propósito, que no debiera merecernos consideración alguna.

Sin embargo, aquí estamos: tallando lo que supuestamente somos en escudos, cueros, alhajas, pies de páginas y mármoles con cifras. Aquí estamos ejerciendo la necedad de intentar levantar la cabeza, por encima de este río desbocado de siglos, bellezas y tormentos.

La idea de autoría, por caso, es intrínsecamente miserable. ¿Quién es autor de qué? ¿Quién jamás ha creado algo que ya no antes no haya sido concebido? ¿Quién habrá de creer que es posible decir algo que jamás se ha dicho? La idea de mensaje es también una idea intrínsecamente miserable.

No obstante, de todos los afanes del yo, ninguno tan insensato como la fábula de Dios, esa prolongación artificial del artificio del yo. Dios como marioneta del yo y el tiempo como espacio donde cabe la memoria. Nada más incierto; nada más improbable; nada más exacto como metáfora del miedo, del aburrimiento, de la desidia, de la indolencia y del placebo. 

Quién pudiera eliminar el yo tan presente en mí, el yo negador de la evidencia, el yo acosado por una ausencia que rodea la ínfima presencia como el mar a su naufragio, como aqueos sedientos a troyanos sedientos y como una cuerda a la garganta y como un brazo a tu cintura y como un anillo a Saturno y como todo lo que no somos a esta casi nada que soy.

Quién pudiera ser el gas que pone en circulación esta maraña sin dueño. Quién pudiera dejar de creer en sí mismo. Quién pudiera amar, como si acaso fuera posible.



Ulises Naranjo.
Opiniones (1)
12 de diciembre de 2017 | 13:58
2
ERROR
12 de diciembre de 2017 | 13:58
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. NO HAY YO SIN EL ELLOS... Con lo cual existe en función de que el ser humano vive en comunidad, porque el yo se define a partir de las comparaciones y el ego es justamente en función de lo que opinamos de la sociedad en el cual estamos inmersos. Así el yo y el ego están estrechamente unidos y cenan todos los días con el amor propio y el orgullo, ya que todos forman una familia. Algunos yo, como en la creación artística, se fueron conformando con el tiempo y recién hicieron eclosión después del llamado "Renacimiento", ya que hasta entonces las obras no tenían un autor definido, salvo algunas excepciones que trascendieron más por quienes los contrataban para sus obras, que por mérito propio. Así llegamos hasta nuestros días, en donde el "yo" prevalece sobre el "nosotros" porque se educa para competir; ser el número one, sino no eres nada. Si educáramos para "compartir" habría muchas menos guerras y muchos menos pobres y la "minga" que practicaban los incas sería la frase famosa de "Los mosqueteros", "todos para uno y uno para todos". El currículum vitae, es un invento para reafirmar el "yo" y de acuerdo a el tienes tu lugar en la sociedad. Y mientras más batallas ganes con tu C.V., más grande será tu ego y más largas las sobremesas con el amor propio y el orgullo. No es cierto que un dios nos creo a nosotros y menos a su semejanza; esa no puede ser la tarea de un dios y menos su objetivo; fueron los hombres los que inventaron a sus dioses para justificar la imposición de leyes y ordenar las sociedades. Así el miedo a lo desconocido y el misticismo de los primeros seres, fue transformado en el miedo a lo conocido, metafóricamente hablando, ya que nadie conoce el infierno del Dante, pero es una buena excusa para ponerle nombre al miedo. Con el tiempo los miedos encontraron otras excusas, así los que acumulan riquezas sienten miedo a perder todo lo apropiado y así también se hacen las guerras, para que sigan cenando el yo con el ego y el amor propio con el orgullo. Así también nace la idea de las razas superiores y las ideologías que fracasan porque todo está montado en función del yo y no del nosotros.
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