opinión

La reelección y el Poder Ejecutivo

Quienes están en el poder a la hora de las elecciones tienen una importante ventaja respecto de quienes compiten por fuera de las estructuras del Estado.

La reelección y el Poder Ejecutivo

 “El patriotismo pide principios y la realidad le alcanza

personas, impidiendo la consolidación del gobierno

republicano, que es un régimen de leyes y no

de hombres, de justicia y no de egoísmo”.

(José Nicolás Matienzo)

 

El análisis que sobre este tema formulo puede partir de recordar que las reformas constitucionales llevadas adelante en las provincias argentinas a partir de 1986 y hasta a la fecha, presentan una marcada tendencia hacia sistemas de reelección, ya sea por un solo período o, por ejemplo en casos como San Luis, Santa Cruz o Formosa, a reelecciones indefinidas de los órganos ejecutivos.

Hoy mantienen la no reelección de sus gobernadores dos constituciones: las de Santa Fe y Mendoza, y lo cierto es que la mayor parte de todos estos procesos de reforma constitucional tuvieron y tienen como objetivo inicial, a veces declarado y a veces no, perseguir la reelección del poder ejecutivo.

Nuestra Constitución nacional histórica de 1853 preveía un período presidencial de seis años sin posibilidad de una reelección inmediata, por lo que el presidente debía esperar un sexenio si quería volver a la primera magistratura, y, no obstante ello, hubo presidentes argentinos que tuvieron dos períodos gubernamentales con uno intermedio, como el caso de Julio A. Roca, de 1880 a 1886 y luego de 1898 a 1904; Yrigoyen, de 1916 a 1922 y luego es electo en 1928 pero se corta el período en 1930 con el golpe de Uriburu.

Durante el primer gobierno de Perón, se introduce la reforma constitucional del 49, que habilita la reelección presidencial, con lo cual Perón concluye su primer gobierno en 1952 y comienza su segundo período inmediatamente, siendo derrocado en 1955.

Ya con el retorno a la democracia, volvemos a aquel viejo sistema de seis años sin reelección inmediata, hasta la reforma constitucional de 1994, impulsada por el Presidente Menem, donde, evidentemente, si bien el objetivo que se perseguía era atenuar el sistema presidencialista y fortalecer el Congreso y el Poder Judicial, encerraba sin lugar a dudas el artículo que daba la posibilidad de un reelección inmediata pero con acortamiento del período presidencial de seis a cuatro años.

Agotado ese segundo período presidencial de Menem se empieza a debatir sobre la re-reelección cuestión que no llega a buen puerto.

Y hoy, en distintos ámbitos políticos y académicos, se ha hablado de una posibilidad de reforma constitucional para introducir la re-reelección de la actual Presidente.

En el caso de Latinoamérica, hay varios sistemas. Están los que tienen reelección indefinida, como Venezuela; países que no tiene reelección, como México; países con sistemas como el que teníamos nosotros anteriormente, como Chile, y países con una reelección inmediata pero que luego de agotado el segundo período la persona no puede volver a ser presidente, como EEUU.

Ante este escenario, yo creo que el debate sobre la reelección gira en torno a la contraposición por un lado de quienes analizan el elemento democrático de la soberanía popular y sostienen que si el pueblo quiere que alguien vuelva a gobernar debe primar la voluntad mayoritaria, y quienes se apoyan en la nota republicana del régimen político, concretamente sobre la periodicidad en el ejercicio de las funciones y la igualdad de posibilidades para todos a los fines de garantizar la alternancia en los cargos públicos electivos.

En ese debate, yo estuve y estoy a favor de los sistemas sin reelección alguna, tanto en el caso del presidente como del gobernador y de los intendentes, y no solamente en los cargos públicos electivos constitucionales, sino también en cualquier ámbito en el que la permanencia en un determinado cargo pueda de alguna manera obstaculizar o detener la alternancia en el poder, me refiero a las universidades, los sindicatos, los colegios profesionales, entre otros. En definitiva, cualquier espacio en el que una persona que permanezca en el poder impida la alternancia y la formación de nuevos cuadros políticos, académicos, sindicales, que vayan renovando las estructuras

Ahora en referencia al caso de los poderes ejecutivos (Presidente y Gobernador) debo agregar que lo peligroso para el sistema republicano es que intervienen -con acuerdo del Senado- en el nombramiento de los miembros de otros órganos de poder –Judicial-y de importantes funcionarios constitucionales y; con reelecciones, sobre todo indefinidas, transcurrido el tiempo, la mayoría de quienes integran esos otros poderes  del Estado han obtenido su nombramiento mediante la propuesta de una misma y única persona. Tengamos en cuenta en referencia al acuerdo del Senado en el nombramiento de estos cargos que en un sistema partidocrático como el nuestro, en general el ejecutivo cuenta con la mayoría legislativa.

Agregamos que quienes están en el poder a la hora de las elecciones tienen una importante y significativa ventaja respecto de aquellos que compiten por fuera de las estructuras del Estado.

No estoy de acuerdo con la reelección, y por ello propongo que se extiendan los plazos de cuatro a cinco años, porque si bien cuatro años para algunos es poco para concretar un proyecto político -aunque esto todavía no lo entiendo bien-, ocho años es muchísimo.

“Nuestro error hasta hoy ha consistido en creer que

no hay más medio de concluir con un tirano que oponiéndole

 un libertador”. “La tiranía se había personificado en un

hombre, nosotros quisimos personificar la libertad

en otro y; todo hombre que derroca a un tirano le sucede”.

(Juan Bautista Alberdi)

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