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De torquemadas y capirotes: la laicidad escolar aquí y ahora

La sentencia judicial de la Dra. Ibaceta es ejemplar, impecable, sin embargo, la DGE optó por apelarla.

De torquemadas y capirotes: la laicidad escolar aquí y ahora

No es posible estar lúcido respecto a una verdad sin ponerla en evidencia.

 

E.M. Cioran

 

 La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, filial San Rafael, tras infructuosos intentos por la vía administrativa, resolvió interponer, a comienzos de julio del corriente año, una acción de amparo colectivo solicitando que se declarase inconstitucional la resolución 2616/12 de la Dirección General de Escuelas (resolución en la que se fijó el calendario escolar para el ciclo lectivo 2013), en virtud de que la misma dispone la celebración de dos actos conmemorativos de índole netamente religiosa o confesional en todos los establecimientos educativos de órbita estatal, a contramano del principio de laicidad escolar consagrado tanto por la carta magna como por la ley educativa de Mendoza. Afortunadamente, el pasado 4 de septiembre, el Juzgado Civil nº 24 de la capital provincial, en un fallo histórico, hizo lugar a dicho recurso de amparo, ordenándole a la DGE que suspendiera –sólo en los colegios públicos del Estado, desde luego, no en los colegios católicos de gestión privada– la realización del acto conmemorativo de la Virgen del Carmen de Cuyo previsto para el día 6.

La sentencia judicial de la Dra. Ibaceta es ejemplar, impecable. El rigor y la amplitud de su fundamentación jurídica hacen de este fallo un invaluable aporte a la jurisprudencia no sólo de nuestra provincia, sino también de todo el país, y ya está siendo estudiada con sumo interés por quienes bregan por la laicidad del Estado en otros sitios de la Argentina. Sin embargo, la DGE, en lugar de avenirse a dicha resolución judicial para beneficio de toda la comunidad educativa, optó por apelarla… Y al hacerlo, puso de manifiesto una vez más cuán fuerte es su complicidad con los minoritarios –aunque poderosos– sectores integristas del catolicismo mendocino.

Tanto es así que al día siguiente de que tomara estado público la sentencia, la DGE, en una actitud altanera y desafiante, celebró en su sede –y de manera aparatosa– el acto conmemorativo que la jueza le había ordenado expresamente que suspendiera –por inconstitucional– en todos los colegios estatales de la provincia. Con esta vergonzosa artimaña, el fallo de la jueza fue claramente ninguneado, desacatado. Y si no fue burlado en su letra, con toda seguridad lo fue en su espíritu. Linda forma ha elegido la DGE de predicar con el propio ejemplo el debido respeto a la civilidad republicana que se pretende infundir en los estudiantes a través del espacio curricular de formación ética y ciudadana… Si la carta magna y la ley educativa de Mendoza establecen la laicidad de la enseñanza pública, y si un tribunal provincial así lo ha ratificado, qué mejor muestra de republicanismo podría haber que la de valerse de la proverbial viveza criolla a los efectos de zafar, tanto como sea posible, de esas engorrosas limitaciones…

Por su parte, los segmentos más fundamentalistas e intolerantes del clero y el laicado católicos de nuestra provincia, soliviantados por la perspectiva de perder sus privilegios, y haciendo caso omiso del reciente pronunciamiento del papa Francisco sobre la cuestión Iglesia-Estado (“La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”), han lanzado desde las redes sociales y los foros virtuales una violenta cruzada contra la «herejía laicista», etiqueta capciosa y difamatoria con la cual aluden a la utopía de tener una educación pública que, redimida al fin de las onerosas hipotecas confesionalistas de la última dictadura militar, haga honor a sus orígenes, a la señera Ley 1420 de Educación Común sancionada en 1884, al sabio ideal sarmientino-civitista de una escolaridad neutral en materia religiosa y político-partidaria.

En esa «guerra santa», en esa virulenta campaña de desprestigio y desmoralización contra quienes no aceptamos que en los colegios estatales se haga proselitismo confesional o gubernamental so pretexto de ciertos hábitos consuetudinarios o resultados electorales(campaña que, según está previsto, habría de culminar en una manifestación pública), abundan las calumnias e injurias, las tergiversaciones e intimidaciones, las groserías y bravuconadas, pero, por desgracia, escasean los argumentos racionales y el interés por debatir en un marco de mínimo respeto. Cuando por fanatismo se hace del adversario un enemigo, un monstruo, un demonio, la encarnación misma del mal, sólo cabe una cosa: doblegarlo sea como sea, a cualquier precio, incluso recurriendo a métodos non sanctos reñidos con la moral evangélica.

A esa táctica político-discursiva tan poco escrupulosa, lo mejor es oponerle esta sabia reflexión del filósofo John Stuart Mill: “Se debe condenar a todo aquél que, sea cual fuere el lado del argumento en que se coloque, manifieste en su defensa falta de buena fe, malicia o intolerancia de sentimientos. Mas no debemos imputar estos vicios a la posición que una persona adopte, aunque sea la contraria a la nuestra. Rindamos honores a la persona que tiene la calma de ver y la honradez de reconocer lo que sus adversarios realmente son, así como lo que representan sus opiniones, sin exagerar nada de lo que pueda perjudicarlos, y sin ocultar tampoco lo que pueda favorecerlos. En esto consiste la verdadera moralidad de la discusión pública. Y aunque a menudo sea violada, me contento con pensar que existen muchos polemistas que la observan en alto grado, y que es mayor todavía el número de los que se esfuerzan por llegar a su observancia de un modo consciente” (On Liberty, 1859).

Un párrafo aparte merece la estrategia demagógica del confusionismo. Muy conscientes de que su anacrónica pretensión de perpetuar las conmemoraciones religiosas en los colegios del Estado difícilmente encuentre una recepción entusiasta entre las mayorías católicas –ni siquiera en buena parte de la feligresía practicante–, los sectores integristas han estado revolviendo a porfía el río de la opinión pública para obtener su ganancia de pescador. ¿Cómo? Fabulando frenéticamente al compás de la canción Todo tiene que ver con todo aunque no lo parezca. Total, acusar sin demostrar es gratis. ¿Con qué fabulan exactamente? Con equivalencias de lo más burdas, infundadas y delirantes del tipo laicidad = delincuencia, laicidad= antipatria, laicidad = desprecio a San Martín y la infaltable laicidad = pornografía (sic). Es poco probable que este revoltijo de tópicos y estereotipos les depare la gran ganancia de pescador que aguardan con ansias, pero de algo podemos estar seguros: han intoxicado las redes sociales y los foros virtuales con tanta cantidad de pescado podrido.

También el Partido Demócrata merece unas líneas. Porque fogoneado por dichos sectores, realizó en la Legislatura una propuesta destinada a quedar en los anales provinciales del desatino y el oprobio: repudiar (sic) la sentencia conforme a derecho de la Dra. Ibaceta. Semejante ocurrencia, desde luego, no encontró ningún eco en las demás bancadas, y quedó rápidamente frustrada bajo un alud de indignadas objeciones. Me pregunto: ¿qué pensaría don Emilio Civit de quienes hoy lo reivindican como prócer fundador a la vez que combaten el progreso de la laicidad escolar? Dejo la respuesta a criterio del público lector. Pero sí quisiera al menos señalar que, con este proceder, el PD, una vez más, no está siendo consecuente con el adjetivo que encierra su denominación. La democracia supone, entre otras cosas, la libertad de conciencia y pensamiento, la igualdad de trato (no discriminación), el reconocimiento del derecho a la dignidad y honra personales, y, con ellas, el respeto a las minorías; y para ello se requiere, entre otras condiciones sine qua non, una enseñanza pública plenamente laica; de ahí que la constitución y la ley educativa provinciales –con una sabiduría que los legisladores demócratas no saben apreciar– así lo garanticen.

Tampoco debemos olvidarnos del diario Los Andes, que el pasado miércoles 18 publicó, bajo el deshonesto y demagógico título de “Injusto ataque a las tradiciones culturales mendocinas”, un escueto editorial express con un nivel de desinformación, una anemia de ideas y un exceso de mendacidad muy difícil de igualar. Desde luego, el artículo no lleva firma alguna; pero sea quien fuese el responsable de tamaña afrenta al oficio periodístico, lo que no admite dudas es que desconoce por completo la problemática en cuestión y que, para suplir esa falencia, no debe haber tenido mejor ocurrencia que reciclar el contenido de los airados y apocalípticos correos de lectores integristas.

Pero la obtusa cerrazón a la idea de una escolaridad pública rigurosamente neutral ante las diversas opciones religiosas y político-partidarias, ha tenido en estos últimos días una manifestación mucho más preocupante: varias voces de la DGE y del clero católico local, en declaraciones a la prensa, han aclarado –¿u oscurecido?– su defensa acérrima del status quo (preservación de las celebraciones confesionales del Patrono Santiago y la Virgen del Carmen en los colegios estatales) aduciendo que no es «obligatorio» que los estudiantes no católicos participen de ellas, ya que tendrían la «opción» de quedarse en las aulas o retirarse más temprano. Resulta alarmante la ligereza con la cual se ventila esta «solución salomónica» de implicaciones netamente segregacionistas tanto por su inspiración ideológica como por sus previsibles consecuencias prácticas. ¿Es necesario tener que explicar que dicha alternativa lo único que haría es escrachar –si se me permite la expresión coloquial– como parias de la comunidad educativa a aquellos niños y adolescentes que no comulgan con el catolicismo, con las consabidas secuelas psicológicas, sociales y pedagógicas que ello tendría? Si la opción de la imposición unanimista es inaceptable, la de la segregación estigmatizante no lo es menos. La escuela pública debe integrar, no discriminar. Aquellos estudiantes (evangélicos, judíos, musulmanes, agnósticos, ateos, etc.) que quisieran permanecer en las aulas o retirarse más temprano, no tendrían manera de hacerlo sin quedar marcados a los ojos de toda la escuela como disidentes, aun cuando no se les exigiera tener que justificar las razones de su objeción de conciencia. El solo hecho de no participar de los antedichos actos conmemorativos los convertiría irremediablemente en una versión remozada de aquellos «herejes penitentes» que, en los bárbaros tiempos del Antiguo Régimen, eran obligados por la Inquisición a usar sambenito y capirote con el objeto de exponerlos a la humillación y el escarnio públicos.

Es preciso acotar, por otra parte, que si esa propuesta «superadora» de la DGE y de ciertas figuras eclesiásticas fuese finalmente puesta en práctica, se estaría conculcando de manera flagrante el derecho de intimidad consagrado tanto por la Constitución Nacional (art. 19) como por la ley federal de protección de datos personales (art. 7, inc. 1). Esta última norma, entre los distintos datos sensibles que le exige a la autoridad pública resguardar, menciona taxativamente a “las convicciones religiosas, filosóficas o morales”. Vale decir que, para poder seguir transgrediendo el derecho positivo, no se halla mejor solución que diversificar la transgresión del derecho positivo. Para conculcar el derecho de laicidad, qué mejor que conculcar el derecho de confidencialidad. ¡Eureka! De materializarse ese inclemente escenario invernal, la interposición de nuevos amparos será tan inevitable como el deshielo y las crecidas de primavera.

¿Cuántos de los detractores de la sentencia judicial se han tomado el trabajo de leer en su totalidad y con detenimiento su extensa y articulada fundamentación? Con toda certeza, muy pocos. De lo contrario, no estaríamos contemplando el desalentador espectáculo de verlos incurrir ad nauseam en las mismas falacias y omisiones de siempre, sin oponer contraargumentos a las críticas que han recibido (vid., por ej., mi artículo Por la secularización del calendario escolar oficial en Mendoza): la tergiversación confesionalista del art. 2 de la Constitución Nacional, el elocuente silenzio stampa en relación a la juridicidad que reviste el principio de laicidad educativa en nuestra provincia, la reducción brutal de la convivencia democrática al mero primado de la mayoría, la elevación de determinadas tradiciones religiosas a la condición de «imperativo categórico» de la moral pública, el origen dictatorial –y por cierto, nada antiguo o tradicional–que tiene la práctica de conmemorar al Patrono Santiago y la Virgen del Carmen dentro de la escolaridad pública, etc. etc.

Para terminar, juzgo oportuno citar algunos pasajes del ejemplar fallo de la Dra. Ibaceta. Sirvan ellos para ilustrar cuánto sentido de justicia y solidez de argumentos hay en su fundamentación, y, por contraste, cuánta sinrazón e iniquidad hay en quienes lo atacan salvajemente sin siquiera haberlo leído.

“El Estado debe garantizar a los padres y/o tutores que sus hijos o pupilos reciban una educación ajustada a sus creencias, por ello las escuelas estatales no deben impartir clases de una determinada religión o realizar actos que se refieren a dogmas, principios y veneraciones propias de una religión determinada. Los progenitores que deseen que sus hijos reciban educación religiosa deberán acudir a los establecimientos que están bajo la órbita de la DGE pero que son de gestión privada”.

“Las profesoras María Inés Abrile de Vollmer y Mónica Soto, Directora General de Escuelas y Subsecretaria de Educación de la Dirección General de Escuelas, respectivamente, al prestar declaración testimonial mediante oficio, contestan que los conceptos de ‘Patrono Santiago’ y ‘Virgen del Carmen de Cuyo’ provienen de la religión Católica, Apostólica, Romana. También afirman que la educación laica es aquella que no se basa en ninguna doctrina religiosa o credo y es una de las estructuras esenciales donde se apoya la educación de Nuestra Provincia. Indican que todos los programas de las currícula que se imparten en las escuelas públicas de Mendoza están fundados en el aspecto laico de la educación. Sostienen que la Dirección General de Escuelas respeta la libertad de conciencia, pensamiento y religioso de todos los integrantes de la comunidad educativa y en sus escuelas concurren y trabajan personas que profesan distintos cultos religiosos, otras que no profesan ninguna y también agnósticos, ya que la educación que imparte es laica, pública y gratuita […]. De dichos testimonios surge con total claridad que las autoridades de la DGE afirman que la educación que deben impartir en todas las escuelas de gestión estatal bajo su órbita tiene que ser laica y que el principio del laicismo es el norte de la educación que se imparte en las escuelas de gestión estatal de nuestra provincia. Entonces me pregunto ¿por qué se conmemora en las escuelas estatales de la Provincia de Mendoza creencias que pertenecen al culto católico apostólico romano y no a otras religiones y no tienen ningún valor para los ateos o agnósticos? ¿Se puede sostener razonablemente que dichas conmemoraciones se ajustan a los principios de la educación laica? […] No cabe duda alguna que la DGE ha instituido dos conmemoraciones correspondientes a la religión católica apostólica romana y que además en el sitio correspondiente a la misma en Internet desarrolla, en los artículos mencionados, dogmas de dicha religión. Esta actuación de las autoridades escolares, sin duda alguna, vulneran el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación ajustada a sus creencias religiosas. […] Las conmemoraciones religiosas a la que estamos haciendo referencia contradicen la afirmación de dichas testigos respecto a que ‘los actos escolares tienen una finalidad educativa, participativa y de respeto hacia toda la comunidad educativa’ […]. Efectúo tal afirmación, ya que venerar al Patrón Santiago y a la Virgen del Carmen de Cuyo, que tienen su origen en la religión mayoritaria de referencia, implica alterar las convicciones religiosas de las minorías no católicas romanas que forman parte de la comunidad educativa estatal de la provincia de Mendoza”.

“La afirmación de la Directora General de Escuelas y de la Subsecretaria de Educación respecto a que ‘la DGE exime a las personas de la comunidad educativa que no quiera participar de los actos escolares…’, no es un fundamento válido para justificar las celebraciones cuestionadas por la amparista. Ello es así ya que indirectamente, se le impone al personal docente, no docente y alumnos que profesen religiones minoritarias, o sean ateas o agnósticas, a poner en conocimiento de las autoridades escolares sus creencias religiosas, violando el artículo 19 de la Constitución Nacional. La elección personal respecto de las creencias religiosas de los ciudadanos pertenece a su esfera íntima, sin que la autoridad estatal pueda colocarlos en la situación de declarar si profesan alguna religión minoritaria o no profesan ninguna religión para ser eximidos de participar en actos escolares basados en creencias de la religión católica apostólica romana. En una sociedad pluralista y democrática, no se puede permitir que en establecimientos escolares públicos se adopten festividades correspondientes a una determina religión y se impongan las mismas a toda la comunidad educativa, ya que se está vulnerando dicho pluralismo al ignorar a las otra religiones o la falta de creencias teístas. Como se ha dicho, ‘no se trata de desconocer los derechos de la mayoría, sino tener presente los de la minoría, pues la unidad que postula un régimen de gobierno liberal y democrático como el nuestro no se compadece con la tendencia a la uniformidad, sino que importa el adecuado resguardo a la diversidad, en todos los ámbitos de la persona y, en el caso de autos, en cuanto a su pensamiento religioso, incluido el derecho a no tenerlo, es decir el del no creyente o agnóstico. En ello está en juego la dignidad del ser; puesto que de otro modo el menoscabo sería evidente y la distorsión del sistema, palpable, ya que el Estado –sea nacional o provincial– no puede sugerir, orientar o fomentar un credo, máxime en un sector tan vulnerable como el de los niños”.

“Considero que la accionada [la DGE] no tiene razón, ya que el objeto del amparo es lograr la declaración de inconstitucionalidad de una resolución dictada por ella que se considera violatoria del principio de educación laica, lo que está íntimamente relacionado con la libertad de culto. La religión o las convicciones, para quienes las profesan, constituyen uno de los elementos fundamentales de su concepción de la vida. Por ello, la libertad de conciencia, de religión o de convicciones es uno de los derechos protegidos en el ámbito de los derechos humanos. El Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa que ‘se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de creencias’”.

En las redes sociales y los foros virtuales, en los breves momentos de pausa que tienen sus andanadas de insultos, calumnias y amenazas contra los «impíos enemigos de la única religión verdadera» (las minorías religiosas y seculares, las personas y organizaciones que bregan por una educación pública plenamente laica, la ONG de derechos humanos que interpuso el amparo, el abogado patrocinante y hasta la mismísima jueza), los sectores fundamentalistas suelen apelar al grito de guerra«¡viva Cristo Rey!». Sí, el mismo que utilizaban los franquistas en la Guerra Civil Española. Y el mismo que, hace cuatro años atrás, un grupo de tres encapuchados armados estampó sobre el Mural de la Memoria del Concejo Deliberante de Godoy Cruz, tras amenazar de muerte al sereno, y luego de tapar con el negro color de la parca los tonos llenos de vida que la artista Cristina Pérez y un grupo de chicos habían elegido.

Desde la otra vereda –que a ellos se les antoja una trinchera militar, pero que apenas es una tribuna ciudadana–, preferimos el más pacífico grito de paz que contiene el himno argentino: el grito sagrado «¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!». Porque de eso se trata, al fin de cuentas, la laicidad escolar: de libertad.

Opiniones (10)
16 de diciembre de 2017 | 13:57
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16 de diciembre de 2017 | 13:57
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  1. Sin entrar en el análisis del modo en que se expone la problemática y para conocimiento de todos, les hago saber que en la provincia de Buenos Aires, gobernada por el mismo sector político que Mendoza, está vigente desde el 26 de diciembre de 2011 el decreto 2299/11 que en su artículo 193 PROHIBE EXPRESAMENTE LA SIMBOLOGÍA RELIGIOSA Y POLÍTICA EN LAS ESCUELAS PÚBLICAS. De modo que en la provincia de Scioli, Insaurralde y Massa, ni la Cámpora ni la ICAR, ni ninguna otra confesión religiosa en las escuelas herederas del proyecto sarmientino.
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  2. "fuerabicho", ¿te molestaste en leer el artículo? Por lo visto no llegaste siquiera al quinto párrafo, que dice: "En esa «guerra santa», en esa virulenta campaña de desprestigio y desmoralización contra quienes no aceptamos que en los colegios estatales se haga proselitismo confesional o GUBERNAMENTAL so pretexto de ciertos hábitos consuetudinarios o RESULTADOS ELECTORALES (campaña que, según está previsto, habría de culminar en una manifestación pública), abundan las calumnias e injurias, las tergiversaciones e intimidaciones, las groserías y bravuconadas, pero, por desgracia, escasean los argumentos racionales y el interés por debatir en un marco de mínimo respeto." (las mayúsculas son mías) No sorprende que tengan tal flaqueza de ideas si no pueden leer más de 100 palabras de corrido.
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  3. Hola "piqui". ¿Acto protocolar? ¿Qué pasó un 8 de septiembre?: En 1911 el monarca absoluto de una institución religiosa llamada Iglesia Católica Apostólica Romana -a las que sus fieles deben obediencia en materia de creencias- impuso una corona de oro a una estatua que simboliza a la madre de un judío llamado Jesús de Nazaret. A esa señora los cristianos atribuyen cualidades sobrenaturales como haber concebido a ese Jesús sin esperma (virginalmente). El catolicismo en particular cree que María (así se llamaría la madre de ese Jesús) se apareció en varias oportunidades, tributándole adoración bajo diversas advocaciones, entre ellas "Del Carmen". El llamado "santoral" determinado por el papado, es custodiado mediante un catálogo estricto de lo que se puede venerar o no, y la "Virgen del Carmen" está dentro de lo que se permite y alienta a venerar en el ámbito de esa religión. ¿No podés ver nada de religioso, dogmático, confesional, en esto? ¿Podés aceptar mi libertad en no creer en lo que las doctrinas católicas prescriben? ¿Podés aceptar que el estado no tiene potestad para definir si vos o yo tenemos razón en materia de estos asuntos? ¿Podés aceptar que nuestra constitución repudia que en cualquier ámbito se establezcan preferencias, distinciones o exclusiones fundadas en materia de convicciones? Porque eso, piqui, es lo que ocurre con las mencionadas conmemoraciones en el ámbito escolar: hay una preferencia por la parte de la población que venera estas cosas y hay una exclusión simbólica en estos actos supuestamente "públicos", para los demás. ¿Tengo derecho o no, siguiendo a corrientes historiográficas serias, de creer que el Libertador San Martín utilizó el nombramiento de "generala" como estrategia para conseguir mayor legitimación y adhesión de los soldados reclutados? Y si así no fuera, ¿qué te hace pensar que las ideas religiosas de José de San Martín me imponen alguna obligación en relación a lo que debo creer o no? ¿Qué te hace pensar que algunos no tienen derecho a creer que ese acto de nombrar generala a la llamada Virgen del Carmen de Cuyo es pura superstición y objeto de repudio racional y emocional? ¿ Te gustaría que en las escuelas vos o cualquiera debiera conmemorar respetuosamente símbolos de ideas como las que yo sostengo? ¡Ni yo lo querría! Porque aunque desprecio las creencias que sostienen, por ejemplo, la existencia de tales seres sobrenaturales, no te desprecio a vos, que llegaste hasta donde llegaste con tus pensamientos más profundos y tenés derecho a que el estado no interfiera en tu conciencia en materia de cuestiones religiosas. Por lo tanto, acepto con serenidad el desprecio ajeno de mis ideas, pero no el de mi persona, gravemente ultrajada cuando debo permanecer pasivamente repetuoso en actos escolares de esta laya, siendo que creo firmemente que es veneno, cual si fuera paco, para el bienestar de nuestro pueblo, para su progreso espiritual y material, obstáculo grave para resistir a opresión de los poderosos. A la hora de hacerse verdaderamente cargo del discurso de "proteger la diversidad" "la inclusión", etc. , en la pista se ven los pingos. En Mendoza hay un 15% de "diversos" que no creen en la supuesta "Virgen del Carmen de Cuyo" ni el "Santo Patrono Santiago Guía y protector de los Mendocinos". Las asimetrías a la hora conmemorar lo que ordena la DGE en su calendario escolar, expresan el enorme poder de la iglesia católica por sobre la Ley (y por lo tanto, los derechos humanos). Finalizo diciendo que estas profundas -enormes- diferencias en materia de convicciones no obstan a que en la práctica, vos y yo, no podamos eventualmente estar unidos y trabajar por la justicia, organizar actos solidarios, divertirnos juntos, estar en la misma Unión Vecinal, en fin, ser conciudadanos de un país cuyo ADN, cuya identidad, está objetivamente más cerca de la pluralidad-mixtura-diversidad de que del puro catolicismo.
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  4. Excelente nota, fundada en argumentos racionales. La razón no tarda en llegar.
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  5. Federico, no estoy para nada de acuerdo con lo que opinás, menos aún con la forma en que lo hacés que te pone al mismo nivel de los que criticás (los fanáticos ultracatólicos que no son muchos aunque sí quizá "influyentes"). No creo que por sacar la religiosidad de las escuelas públicas nos hagamos mas libres ni mejores y no me refiero al catolicismo solamente, la práctica de nuestros derechos sin la contrapartida del ejercicio de nuestras obligaciones nos convierte en la sociedad en la que estamos hoy, quizá introducir un poco mas de religiosidad sin fanatismos en la educación podría ayudarnos a ser mejores personas y ciudadanos. El argumento de la jueza que hizo lugar al amparo es excelente pero no sé porqué me resulta insuficiente, tanto como que se pida 6 años de prisión para De la Rúa y Menem siga zafando o sea no se cuan mejores personas nos podrá hacer este fallo si las cosas importantes pasan desapercibidas como el maltrato que se prodigan los alumnos en las escuelas o le prodigan a los maestros y viceversa.......respeto tu posición no tus formas.
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  6. Si, tenés razón Mare. Es preferible que entre la Cámpora a las escuelas antes que cualquier religión. Y en la próxima los que pueden festejar son los barra bravas.
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  7. muy buena la nota y completa... coincido en todo... no sòlo los alumnos de otras religiones o no creyentes deben asistir a un acto que los deja completamente indiferentes o les molesta, tambièn los directivos que estàn en la misma condiciòn se ven obligados a realizar un acto que va en contra de su conciencia... El fallo de la dra. Ibaceta està perfecto... Creo que es una cuestiòn de tiempo... me parece que cada vez hay màs librepensadores...
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  8. Es lamentable como permiten que se publiquen notas de este tenor y no aclaren al lector el por qué se celebra el 08 de Setiembre de cualquier año con un acto del calendario de la DGE. Para su informacion en este dia se conmemora a la Virgen del Carmen de Cuyo como Generala del Ejercito de Los Andes y desde el 30 de agosto de 1980 por decreto del Gobierno es la Patrona de la Escuela Primaria. En el calendario escolar esta como un acto protocolar, es decir, no se rezan ningun Padre Nuestro ni ningun Ave Maria por la Virgen ni se la venera solo se explica el por qué se conmemora ese dia. Solo con este tipo de notas se logra confundir a la gente y mezclar, que es lo peor, la Religion con la Educacion.
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  9. Excelente nota. El fundamentalismo da manotones de ahogado. Una vez instalado un tema en la sociedad, sólo es cuestión de tiempo para que se acomode. Pasó con la ley de matrimonio civil, con la de divorcio, con la de matrimonio igualitario, de cambio de sexo en el DNI. Más tarde o más temprano, este justo tema de la laicidad se impondrá.
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  10. Es complicado conformar a todos los sectores, pero cuando yo veo una procesión con 100.000 personas me pregunto si tienen derechos como el puñadito de manifestantes que piden sus derechos en la peatonal o por los medios de comunicación. Yo soy cristiano aunque no Católico cursé mis estudios en escuelas públicas tanto en primaria, secundaria, terciaria y universitaria nadie me predicó una religión en particular. Aprendí las tablas no multiplicando santos ni evangelios, leo la Biblia y participo de reuniones los domingos, nunca sentí atacada mi creencia particular, pero si participo de trabajo solidarios en la comunidad donde vivo impulsado por los movimientos cristianos, enseñamos principios cristianos que coinciden con la Constitución y los códigos de leyes todo lo cual me ayudó a educar hijos decentes.....¿está mal eso? y si decimos creer en la Libertad como un bien preciado y sostenido por San Martín y otros que hicieron mucho por la patria como la practicamos si desde las minorías con discursos sumamente tediosos nos quieren IMPONER una igualdad que favorece a muy pocos y a doctrinas que no han hecho mucho por la humanidad. Yo propongo un día de religiosidad en las escuelas porque los muchos que practicamos queremos disfrutar de nuestras elecciones yese mismo día los que no tienen una religión tengan su jornada de reflección.
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Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
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