opinión

El aluvión zoológico del rock del país

Llegaron con sus banderas negras y banderas rojas, a restituir sus juguetes perdidos.

El aluvión zoológico del rock del país

Huracán, torbellino, tsunami. Más de cien mil guerreros llegaron a San Martín de Mendoza entre el 10 y el 14 de setiembre de 2013. Mujeres y hombres se congregaban a realizar el ritual más dionisíaco que se hubiera visto en la provincia. Inédito por estos desiertos.

Llegaron con sus banderas negras y banderas rojas, a restituir sus juguetes perdidos. Guerreros que no amilanan ante el frío de la batalla ni bajo la lluvia constante. Convocados por el Indio, especie de semi-dios pagano, aterrizaron con sus carpas desde toda la Argentina. También del oriente uruguayo y por cierto, miles de mendocinos que se movilizaron para ver lo que nunca se ve, aquí, en la Mendoza terca, parca, miedosa.

Y como estuve allí desde temprano pude sentir toda esa energía vitalista y escéptica de una ciudad suburbana que se juntó a escuchar los salmos y los cantos del brujo de la tribu. Que coreó una canción eterna de muerte y resurrección para Laurita.

Una religión, una procesión incesante de feligreses con botes de cerveza y fernet se autogestionaba la fiesta y la orgía del último infierno en el desierto, bajo la garúa tímida pero invariable. No fue solo un rockandroll del país. Fue la gran celebración subterránea de una grey que alimenta el mito.

Made in Argentina. Rozando la industria cultural pero nunca atrapada del todo por ella. Vale aclarar: todo mito representa un paradigma de sentido, un universo simbólico común que se reactualiza mediante prácticas materiales concretas. Por suerte, este señor sesentón decidió ser masa y dejó que el fenómeno cultural errático lo trascendiera. Así son las religiones. Así se gestan y mantienen.

Por la tarde sin sol las hordas se alimentaban y bebían sangre pura en los puestos, en los cientos de puestos que transformaron el parque en una gran feria feudal, como los mercados de la baja Edad Media. Bacanal tarde de rock. Ardiente y fetichista. Fanatismo libertario con lenguaje de señas. Críptica canción desesperada y desesperante. Un pueblo sin policías que se cuidó así mismo. No hubo más que botellas vacías en el aquelarre. Y el operativo montado por la sociedad y la política supo leer cómo debía hacerse para que todo haya sido una gran fiesta, de punta a punta.

De 15 a 60 años. Cada uno con su pasado ricotero añoso o tempranero. En paz y a la par. Ciento veinte mil divulgadores del libro perpetuo que se escribe con espadas.

Y el momento llegó. Y el Indio salió a escena, y como el personaje de la novela El Perfume, un Jean Baptiste Grenouillecondenado a punto de ser ejecutado, conocedor de los encantos de su bálsamo, desplegó sus pócimas a la masa y las manejó a su antojo.

El aluvión zoológico del rock se movía y hacía temblar la noche y perderse en el puro éxtasis. La masa enajenada gobernaba al individuo. No había sujeto ni historia. Mucho menos porvenir. Fue una vigilia de los ojos abiertos. Una sucesión de agotamientos. Un ultraje de cuerpos pegoteados por un gigantesco Ángel de la soledad que sobrevolaba. Una siesta en la noche. Horas de espera para dos horas de discurso.

Y luego el vacío y el silencio de una población que cabeza gacha se despedía, tal vez de último acto sacrificial del Indio en Mendoza.

Opiniones (4)
18 de noviembre de 2017 | 12:53
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18 de noviembre de 2017 | 12:53
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  1. Ah..... picarón don Padilla. No había dicho nada de la dedicatoria del esperpento a 6,7,8. Ahora se viene la poesía de agradecimiento de Barone. Y tenemos para toda la semana, así tapan al otro muñequito K de Corrientes, el Camau.
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  2. Gracias Marce, por todo. Especialmente por la mención de esa pluma zombie. Saludos!!
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  3. Piel de gallina Padilla, hoy te pasaste. Gran relato, las imágenes vuelven a mi mente y me devuelven a aquella noche bajo la lluvia. Momento único que me llevaré al más allá, donde sea.
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  4. Cuando te ponés tan seriote te desconozco, Padilla, ja, jaaaaaaaa! ¿En serio se la querés explicar a los pechofrío que nunca la entendieron? El rito es rito en sí mismo; no necesita divulgación ni exégesis. No es malo que lo cuentes, que trates de ponerle palabra, pero como decía Stanislaw Lec "No esperéis demasiado del fin del mundo". Un abrazo ritual.
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