¿Cuál es el origen de la frase "tirar manteca al techo"?

¿Y de "se lo tragó la tierra"? La lingüista Nené Ramallo explica los saberes ancestrales que dieron origen a frases que usamos todos los días.

¿Cuál es el origen de la frase tirar manteca al techo?

Varias veces, a través de esta columna, hemos querido dar cuenta de frases que hemos heredado de nuestros ancestros y que repetimos sin saber cuál ha sido su origen. Esas formas, que a veces son locuciones y otras, refranes, son valiosas porque, como dice Pedro Barcia, en su Refranero de uso argentino, de reciente aparición, “nacen en el seno del pueblo, de gente iletrada pero no inculta, porque conoce el sentido de la vida e interpreta lo esencial de lo humano. Y, a partir de ese humilde origen, van expandiéndose y ascendiendo socialmente, validos de su verdad y agudeza, y se hacen sitio en la conversación de los letrados, en los medios de comunicación, en los debates, en la literatura”[1].

Reflexionemos acerca de algunas de estas formas de sabiduría ancestral:

“Se lo tragó la tierra”: El origen de esta expresión se encuentra en los movimientos sísmicos de gran magnitud en los cuales, por efecto de la oscilación, la tierra se abre y cae en su interior todo lo que se encuentre en ese lugar; si, por efecto de la onda sísmica, la tierra vuelve a cerrarse, lo que había caído en ella se da por desaparecido. El Diccionario de la Academia registra la expresión ‘tragarse a alguien la tierra’, como frase coloquial, con el valor de “desaparecer de los lugares que frecuentaba”. También registra la expresión ‘trágame tierra’ –nosotros, como voseantes, decimos ‘tragame tierra– como locución interjectiva, con el significado de “denotar una gran vergüenza que mueve a quien lo dice a desear verse oculto de las gentes”.

“Poner toda la carne en el asador”: El asado es una costumbre argentina; en general, el asador va regulando el fuego y de acuerdo a la intensidad de este, coloca paulatinamente sobre la parrilla los distintos cortes y las achuras; poner todo al mismo tiempo significa un gran riesgo de quemarlo y echarlo a perder. El Diccionario Fraseológico del Habla Argentina, obra de los académicos Barcia y Pauer, dice al respecto  que significa “jugarse el todo por el todo, hacer uso de todos los recursos”.

“Cuando el río suena, agua trae”: Para el hombre de campo, el ruido del río es significativo de la cantidad de caudal que lleva. Traslaticiamente, el ‘río’ es el rumor que se ha echado a andar y, por ende, algo de verdad debe sustentarlo. La expresión sugiere, entonces, la existencia de algún hecho, a partir de la divulgación de un rumor, murmuración o habladuría. Como muchas otras frases populares, presenta variaciones: “Cuando el río ruge, agua lleva”; “Cuando el río suena, agua o piedras lleva”; “Cuando el río suena, agua trae”; “Cuando el río zurría, o lleva agua o piedra”; “Cuando el río suena es porque piedras lleva”.

En el Refranero popular, de Calles Valles,  se lo hace equivalente, por referirse al valor de la murmuración,  a ‘Lo que se dice por doquier o es o lo quiere ser’ y a ‘Cuando el río no hace ruido, o no lleva agua, o va muy crecido’.

“Tirar manteca al techo”: Esta expresión señala lo vano y superfluo de una acción; al principio del siglo XX, 1920 y tantos, en épocas de bonanza económica, los argentinos pudientes viajaban a París y eran activos participantes de las noches de boîtes y varietés. Los jóvenes de familias adineradas, los “niños bien”, se divertían en el cabaret lanzando pancitos de manteca al techo, usando los cuchillos como impulso. Ganaba el que lograba pegar más pancitos en el techo. El Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, registra la expresión ‘tirar manteca al techo’, con dos acepciones: 1. “Despilfarrar o malgastar, generalmente con ostentación de lo que se posee”. 2. “Celebrar algo en exceso y generalmente sin que esté justificado todavía”.

“Sobar el lomo”: Esta expresión se utiliza para indicar adulación. La expresión se genera en la costumbre campesina de ‘sobar’, que es “restregar fuertemente un cuero o soga para que se ablande o suavice”. Traslaticiamente, al ‘sobar el lomo’ a otra persona, generalmente un superior, se está tratando de suavizar la relación, para conseguir un beneficio personal.

“Se vende como pan caliente”: Esta expresión indica el éxito comercial  en la venta de un producto. En las panaderías, el pan recién hecho y, por ende, caliente, blando y crocante, se vende más rápidamente que cuando han transcurrido algunas horas y ya está frío y endurecido.

Consignamos también el valor de una palabra muy usada por los mendocinos: se trata de ‘alcayota’. ¿A quién no le agrada comer dulce de alcayota o recordar los postres que nuestras madres o abuelas hacían con este fruto? Pues bien, no en todos los sitios de habla española se conoce este vocablo: Según el Diccionario integral del español de la Argentina,  se trata de una planta herbácea, común en el noroeste argentino, de tallos alargados, flores en forma de tubo y hojas de color verde amarillento; su fruto, parecido a la sandía, se consume como verdura y se usa para hacer dulces. Se denomina también ‘alcayota’ el fruto de esta planta.

Para el Diccionario de americanismos, es sinónimo de ‘chilacayote’, planta y fruto. Deriva del nahua tzilacayutli, “calabaza blanca”. Bajo la forma ‘chilacayote’ es definido como un fruto comestible, oblongo, de color verde y pulpa blanca y fibrosa. Se usa para hacer mermeladas y frutas. Otras variantes de esta palabra son las formas ‘cayota’, ‘chiberre’,’chinchayote’, ‘lacayote’ y ‘zambo’.

Según el Diccionario de regionalismos de San Juan, el término deriva del mejicano izilac, liso, y ayotti, calabaza. Son formas variantes ‘cayote’, ‘cayota’. Se trata de una planta y fruto del chilacayote, rastrera de la familia de las Cucurbitáceas. Es una variedad de sandía, que también recibe el nombre de ‘cidra’ –no confundir con ‘sidra’– y de ‘cabello de ángel’, porque su carne blanca y fibrosa tiene la forma de un ovillo, y una vez separadas sus partes, parecen hilos o fibras como si fueran tallarines. Esta carne es la que se emplea en la elaboración de dulce, con el que se rellenan tabletas, colaciones, etc.”.

Seguramente, en la dulcería, se venderán como pan caliente esas ricas colaciones con alcayota; así, pues, antes de que se acaben, le sobaré el lomo a mi acompañante para que me regale algunas.

[1] Barcia, P. y G. Pauer (2013). Refranero de uso argentino. Buenos Aires: Emecé.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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