opinión

Crímenes y castigos

Reina una impunidad social: no hay castigo. La política se mueve tracción a crímenes.

Ninguna buena política de seguridad puede nacer a partir de un caso policial resonante. Pero también es cierto que sin un caso que conmueva a la sociedad, que la movilice, que quiebre con el status quo, preocupe a los sectores influyentes y ocupe a los medios de comunicación, muchas veces tampoco se consigue poner en marcha mecanismos que, si no, funcionan por inercia y cuyas responsabilidades se diluyen en el irritantemente parsimonioso paso del tiempo.

Ante un hecho horroroso que impacta, la vieja maña de las autoridades de Seguridad mimetizadas con la policía que no consigue prevenir ni curar, de echar mano al prontuario de la víctima para acusarlo de su desgracia, no es algo que resulte tan sencillo.

Y no queda al descubierto solamente ese mecanismo perverso para conseguir una primera duda mediática, que les dé chances a decir que “no se trata de inseguridad, sino de ajustes de cuentas o peleas entre conocidos”. O el clásico "perejil" que queda en libertad a los dos días, un recurso "de manual" del que ya todo el mundo está harto.

También, a partir de casos paradigmáticos:

-         Repentinamente, aparece la preocupación por el accionar de jueces y fiscales y se pretende aleccionarlos con gesto adusto. Bienvenido sea. ¿Quién monitorea su accionar entre muerto y muerto? ¿Qué pasa cuando no se conoce la gravedad de un homicidio de manera de movilizar a una reclamante comunidad?

-         En la superficie, la muerte de una persona “conocida” parece tener más valor que la de uno por conocer. (Más aún si se lo conocerá por los informes oficiales sobre su conducta pasada y presente que, casi siempre, terminan condenándolo por ser la propia causa de quedarse sin futuro). ¿Qué pasa que habiendo tanta inversión en sistemas de seguridad, pública y privada, la que hace el Gobierno con los recursos públicos y los vecinos con los propios, no logran articularse para que den resultado?

-         La sociedad se hunde en el pánico y la posibilidad de ser víctima y reclama cosas que jamás habría dicho en público contra todo aquel que resulte sospechoso. Reclaman y los funcionarios y legisladores que debieron monitorear y trabajar por un progreso en las políticas públicas de seguridad toman nota del dictado social, como aceptando que si no les dicen qué hacer, no sabrían cómo actuar. ¿Qué hacen los organismos de control del Sistema de Seguridad Pública cuando no tienen que recibir algún nuevo dramático petitorio en las escalinatas de la Legislatura? ¿A ellos los controla alguien?

-         Surge el afán movilizador que más temprano que tarde se desinfla: el duelo no se ha cumplido. ¿Sirve que los medios de comunicación nos montemos sobre el dolor hasta exprimir la última lágrima y después, darle paso a la siguiente truculencia? ¿No estamos apoyando una perversidad con otra: cadena de perversidades, círculo vicioso que termina por promover la repetición cíclica de las penurias en lugar de apostar a la resiliencia social, “aprovechando” cada crisis para crecer?

Es inconducente que una sociedad no logre trazar políticas públicas de largo aliento. Es denigrante que no lo consiga justamente en un aspecto tan vinculado a la continuidad (o no) de la vida, como es la seguridad. Es absurdo que nos hagan movilizar los casos horrorosos y no las ideas superadoras. Pero hay algo peor aun: es que la dirigencia (y no se trata solamente de la política) se quede pergeñando como “pasar el chubasco” y pidiendo recetas, ya que cuando uno mete el voto en la urna para elegir un Gobierno lo hace pensando en que ya vienen con ellas: saben qué hacer, en qué áreas, con qué personas y en qué plazos para conseguir qué resultados.

No puede decirse que seamos una sociedad impávida: ha habido propuestas, foros, discusiones, planificaciones desde los más diversos sectores sociales.

Pero surge una palabra oscura y manoseada a la hora de trazar la raya y sacar la cuenta de lo que queda: impunidad.

No se trata solo del tecnicismo jurídico de que un caso quede irresuelto y sus ejecutores, en libertad, sin pagar por lo que hicieron.

La impunidad de la que hablamos es otra, es “light”, está en el ambiente: nada paga ningún precio por las cosas que suceden, todo resulta tapado por una noticia que viene después, por una ola de otras injusticias, de una sucesión de cosas que no se hicieron a tiempo, de controles que nadie garantizó, de legislación que a ninguno se le ocurrió aplicar, chequear si se ajusta a la realidad o sancionar al que no la aplicó.

En el imperio de esa impunidad, la sociedad, rabiosa, reclama el antónimo como única respuesta: “castigo, castigo”. ¿Pero a quién?

Opiniones (4)
21 de enero de 2018 | 22:35
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21 de enero de 2018 | 22:35
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  1. Hay mucha gente que sabe del tema. Pero nadie quiere trabajar en ello. Malos sueldos. Pocas gratificaciones, y lo peor de todo, exponerse a que un montón de tipos que de seguridad no saben nada -porque no tienen ni capacitación, ni conocimientos ni experiencia- critiquen lo que se hace o dice. Si Favaloro hubiese tenido una tribuna de ignorantes diciendole donde cortar o criticándolo por coser en tal o cual lugar, jamás hubiese operado. La política criminal de un estado es un tema demasiado serio, como para que tengamos que escuchar las opiniones de gente que nada sabe de esto. Al extirpar un tumor, un médico no recibe consejos del familiar de una persona que murió de cáncer. Al construir un edificio, un ingeniero no tiene que escuchar consejos de un pianista. En materia de seguridad sí ocurre que hay periodistas de espectáculos opinando sobre el asunto. Como consecuencia de ello, se trabaja en seguridad con los pocos que tienen ganas, y tienen estómago para aguantar a la caterva de pánfilos que opinan al respecto. Y se hace lo poco que se puede. Y se recurren a todas las mañas que menciona Conte, total si las críticas no son serias, pues no vienen de gente seria, porque debieran serlo las respuesta. En otras palabras: que se le puede explicar de política criminal al padre de una víctima? Que puede aportar al tema un tipo que se dedica a fabricar ropa? O es que se aprende automáticamente cuando se es víctima? Es un tema serio, que sólo va a encaminarse, cuando los cientos de mediocres que viven de opinar del asunto se dediquen a lo que les corresponde y le den espacio a los que saben.
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  2. LOS PROCESOS SOCIO-CULTURALES... Trato de recordar cuando fue la última vez que un gobierno, antes de ser elegido, mostró un plan integral de gobierno, o sea cuales serían los temas a tratar como políticas de Estado y por supuesto, menos me acuerdo de un consenso político partidario para llevar adelante estas políticas, salvo en el derivado en la década pasada de la llamada "crisis policial" y de como quedó en el olvido. Según se sabe, Jaque ganó la gobernación por su famoso spot de la lucha contra la inseguridad y como todos sabemos mintió en el amplio sentido de la palabra. El actual gobernador, fue elegido directamente sin presentar ningún plan. Los resultados están a la vista y al parecer ninguno de los concurrentes a las protestas, parece que lo votó. Las protestas, criticadas y criticadas por los simpatizantes y funcionarios K., son llevadas a cabo por la llamada clase media o media alta, o media clase; que al parecer está compuesta por una serie de burgueses que lo único que quieren es comprar dólares para viajar al extranjero. Y uno piensa que algo de razón deben tener, si vemos los datos estadísticos del propio MDZ., sobre si la mano dura sería la solución. Obvio que para llegar a esta conclusión, primero hay que criminalizar la pobreza; bajar la imputabilidad a los menores; poner la pena de muerte; abolir de la profesión de abogados los derechos humanos; en fín, poner un régimen autoritario pero disfrazado de democracia. Cuantas veces he escuchado decir que cuando estaban los militares no habían robos, violaciones y crímenes como ahora, porque claro, los argentinos somos derechos y humanos. Hay en la Provincia especialistas en el tema de seguridad, incluso son contratados por el Estado, que obviamente después no sigue los consejos de los expertos, porque de entrada nomas ponen al frente del organismo un tipo que no sabe un bledo del tema y que se rodea de otra manga de funcionarios que saben menos que él. La mejor excusa que tienen, son palabras de los expertos; "los efectos son multicausales" y ese es el principio para no hacer absolutamente nada, porque parece que el cerebro del hombre sirve para hacer o pensar una cosa a la vez. Para empezar, la impunidad viene de arriba hacia abajo. De este país los funcionarios han robado y siguen robando millones de dólares, pero ninguno está preso a pesar de haberse abierto numerosas causas, que obviamente quedan en la nada, porque si algún fiscal y juez desubicado se le da por investigar, el gobierno los aparta de la causa y manda las denuncias a otro juez que siempre resuelve a favor de los funcionarios. Acá hubo un gobierno que produjo pobres y marginados como para exportar. ¿Alguien fue sancionado por eso? NO. Es más, contra el ex-presidente Menem, recién están tramitando algunas condenas, que por ahora esperarán ya que tiene fueros de senador, cargo que obtuvo por tercera vez, gracias a que fue apoyado por el FPV. Curioso sería el hecho después de tantos discursos sobre la nefasta década de los 90, sino fuera que a la hora de las elecciones hay que juntar votos, no importa de donde provengan. Estoy totalmente de acuerdo que es responsabilidad del gobierno asistir y ayudar a los que menos tienen a través de subsidios, pero esto sirve como medida coyuntural, no como política de Estado extendida a través del tiempo, porque ya vamos por la segunda generación de familias en donde sus componentes no trabajan y obviamente no piensan hacerlo, porque el Estado los subsidia. Y ojo, no confundir esta frase con el concepto de que los "negros" son vagos y además delincuentes. Se que muchos entenderán este pensamiento como si yo, de acuerdo a los datos del INDEC., no fuera pobre. Hay que entender que la violencia social sigue en constante crecimiento en el mundo entero y que esta resultante es parte ineludible del sistema mundial en el que estamos inmersos. Aquí delinquen desde los gobiernos; las grandes multinacionales y también esa clase que se hace llamar empresarios. Los datos de Naciones Unidas son muy claros; el 19% de la población mundial vive en estado de bienestar, a costillas del 81% restante y además ese 19% consume el 80% de los recursos naturales no renovables. Ergo, la ecuación de la llamada economía de mercado, a diferencia de los países con mejor calidad de vida -que no son los más ricos- como el caso de los países bajos que se sustentan en la economía social. Nuestro gobierno dice que ha creado 5 millones de puestos de trabajo genuino y que el índice de pobreza ha bajado al 7,2%. No tengo porque no creer en esos datos, pero entonces no entiendo como el dinero para subsidios crece año tras año, devorándose los dinerillos del fisco. Digo, todo esto involucra toda una serie de factores que no tienen una respuesta clara por parte de ningún político y no digo que no falten personajes con interés en encontrar una verdadera solución. pero claro, habría que hacer una limpieza tan profunda que quedarían pocos candidatos y por otro lado modificar el pensamiento; las herramientas y los métodos de los organismos de seguridad, acciones que llevarían varios años para que dieran sus frutos, razón por la cual los políticos no lo priorizan porque el rédito final se lo llevaría otro. En este país, nadie planifica nada para más allá de 4 o 6 años, es más, están muy ocupados en apagar los incendios diarios para ocuparse del mañana y además luchar contra aquellos para los cuales la inseguridad se ha vuelto un negocio. Creo que las empresas privadas superaron hace rato los 6.000 empleados y generalmente sus dueños son ex-integrantes de alto rango de las fuerzas de seguridad e incluso ex-militares. Entonces tratamos de vivir como en la edad media. Los de clase alta, en los castillos actuales, o sea los barrios privados y la plebe que se las arregle como pueda afuera, mientras los ricos mandan todos los meses a cobrar los impuestos. Puerto Madero se ha convertido en el gran castillo feudal, solo les falta el título nobiliario. Mientras ejemplares como Cassia proclaman la tolerancia cero al igual que la mayoría de los lectores de este diario. Para empezar tendrían que poner a varios familiares entre rejas y después seguir con la mayoría de sus amigos, porque la corrupción es una de las madres de la muchacha violenta. Ergo, mientras los de arriba no tomen conciencia de que nadie está exento de la violencia, por más guardaespaldas que tengan, nada cambiará en el país y seguirán las marchas cuando la víctima sea conocida y seguirá el silencio cuando la víctima viva en los barrios marginales, mientras arriba de todo, la impunidad seguirá reinando.
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  3. La palabra clave es "impunidad". Si todos vemos a la clase polìtica enriquecerse mientras se llenan la boca de relatos falsos y protegen a sus miembros en problemas de corrupciòn, ¿què esperamos que piensen los que no piensan, los que tienen el cerebro quemado por desnutriciòn, alcohol, droga y semi analfabetismo? El ejemplo es claro: haz lo que quieras, total aquí nadie paga el precio por sus acciones. Que el gobierno actual se saque la careta, para empezar. Basta de hipocresìa.
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  4. La (in)seguridad, a mi humilde modo de ver, no deja de ser otro mercado del que sectores profitan de mayor a menor grado. Desde la global, que permite mantener todo un complejo militar industrial y grandes cantidades de personal afectado, a la de una pequeña comunidad, que sostiene y justifica todo un aparato judicial-policial, cuyo crecimiento nominal y burocrático es directamente proporcional a su impericia, cuando no su inercia. Ergo, la (in)seguridad es una cuestión que no debe superar ciertos niveles, como tampoco descenderlos... Hay demasiados qvi-bonos involucrados.
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