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La conmemoración de la Virgen del Carmen en las escuelas públicas de Mendoza

El fallo de la Dra. Ibaceta es ejemplar por sus implicancias sociales y por su fundamentación jurídica.

La conmemoración de la Virgen del Carmen en las escuelas públicas de Mendoza

Como no podía ser de otro modo, el histórico fallo del Juzgado Civil nº 24 de la capital provincial en defensa de la laicidad de la escolaridad pública mendocina ha tenido una enorme repercusión. La comunidad educativa, las autoridades gubernamentales, la Iglesia católica, los sectores laicistas, los medios de comunicación y la opinión pública toda se han hecho eco –a favor o en contra– de este gran acontecimiento. La mencionada sentencia judicial, que ha hecho lugar a la acción de amparo colectivo de la APDH-San Rafael, tuvo, incluso, trascendencia nacional, ya que diferentes periódicos, agencias de noticias y portales informativos se interesaron en su cobertura; hecho que no tiene nada de sorprende si se considera que atañe a una problemática por demás seria y candente que afecta a casi todas las provincias de la Argentina, muy especialmente a Salta, jurisdicción donde el avasallamiento de la educación laica ha alcanzado límites aberrantes.

El fallo de la Dra. Ibaceta declarando inconstitucional la celebración de conmemoraciones religiosas en el ámbito de la escolaridad estatal de Mendoza es verdaderamente ejemplar. Y lo es no sólo por sus grandes implicancias sociales, sino también por su fundamentación jurídica, de un rigor técnico y una lucidez intelectual verdaderamente admirables. Es una resolución de inmenso valor jurisprudencial, que de manera inmediata ha suscitado un vivo interés entre quienes, a lo largo y a lo ancho del país, bregan por la laicidad.

En un artículo anterior, publicado en este mismo medio gráfico varias semanas atrás, expuse las diversas razones que hacen absolutamente legítima y necesaria la eliminación urgente de los festejos confesionales en las escuelas públicas de la provincia. Y en dicho texto expliqué también por qué las coartadas argumentativas utilizadas por la DGE y el integrismo católico resultan tan endebles, por no decir inaceptables. Invito al público lector a leer –o releer– ese artículo, dado que ahora tiene más actualidad que nunca, sobre todo porque el gobierno provincial se empeña en justificar lo injustificable con los mismos malos pretextos de siempre, ignorando olímpicamente las numerosas críticas que se le han hecho.

La jueza, por otra parte, ha brindado un nuevo argumento de gran contundencia y relevancia, del que aquí no puedo ocuparme por razones de espacio, pero que tengo previsto glosar en un próximo escrito, donde también intentaré resumir la fundamentación del fallo, y poner a consideración de la opinión pública un revelador –aunque infortunado– suceso ocurrido el viernes por la mañana en la sede de la DGE.

Durante años, las escuelas públicas de nuestra provincia han debido conmemorar el Día de la Virgen del Carmen de Cuyo. Han debido hacerlo, digo, porque la DGE nunca olvidaba incluirlo en el cronograma anual de actos escolares que todos los establecimientos estatales de enseñanza bajo su potestad están obligados a acatar. He aquí la primera de las transgresiones del principio de laicidad concernientes al 8 de septiembre: interpolar una efeméride del santoral católico en el calendario escolar —al igual que sucede con el 25 de julio, Día del Patrono Santiago—, como si se quisiera hacer de Mendoza una réplica diferida del fascismo ibérico, una sucursal póstuma de la España de Franco y el Portugal de Salazar. O por qué no, una reliquia viviente de la última dictadura militar, habida cuenta la fecha (30 de agosto de 1980) del decreto provincial que declaró a la Virgen del Carmen de Cuyo como santa patrona del sistema educativo provincial en sus tres niveles, como la propia DGE publicita en su página web con inquietante desparpajo.[i]

Pasemos a la segunda transgresión. En la sección “Actos escolares” de su portal digital (Mendoza.edu.ar), la DGE da a conocer a toda la comunidad educativa la nómina oficial de efemérides ordenadas cronológicamente y agrupadas por mes. Cada efeméride incluye, además de una brevísima sinopsis de presentación, una apostilla más extensa a modo de complemento, y, en algunos casos, también materiales didácticos. Todo este corpus de información permite inferir con facilidad cuál es la política de la memoria de la DGE, vale decir, qué acontecimientos y personajes del inconmensurable universo histórico merecen y deben —de acuerdo al criterio oficial— ser evocados en las escuelas para su exaltación o reprobación, y por qué. Un recorte y una valoración del pasado que nunca son neutrales, que jamás son inocentes; que siempre se efectúan desde una determinada perspectiva ideológica, se tenga o no conciencia de ello y se quiera o no reconocerlo. Pues bien, en esa nómina de efemérides aparece —amén del 25 de julio— el 8 de septiembre.

¿Qué información acerca de la Virgen del Carmen de Cuyo ofrece la DGE a toda la comunidad educativa? Veamos.

Esta devoción se difundió por toda Europa y contó con Santos de la talla de San Juan de la Cruz y Santa Teresa; no es extraño que llegara a América y acompañara el despertar a la fe de nuestros indígenas que la veneraron desde mediados del siglo XVI. Ya en el siglo XVIII se encuentra en Mendoza la imagen que hoy veneramos […]. Primero estuvo en el templo de los Padres Jesuitas estando fundada la Cofradía. En 1.776, a raíz de la expulsión de la Orden, la imagen fue trasladada a San Francisco [...]. Llega el año 1814, momento en el que San Martín hará de los pacíficos habitantes de Cuyo, heroicos soldados forjadores de libertad, pero ellos necesitarán una Madre que los ampare y dé sentido a tanto sacrificio. Es de todos conocida la profunda devoción que el Libertador profesó a la Virgen y que lo hizo nombrarla Generala de su Ejército, superando los respetos humanos de una época en la que el liberalismo había impuesto la idea de que “la religión es asunto privado”. Tanta importancia dio al tema, que lo decidió con su Estado Mayor, según dice Espejo en su obra El Paso de los Andes: “la devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en Cuyo y casi todos los soldados llevaban su escapulario, por eso fue ella la que tuvo preferencia” dice, y más adelante describe la brillante ceremonia (5 de enero de 1.817) durante la cual San Martín le entrega su bastón de mando, la nombra Generala, y hace bendecir también la Bandera de los Andes, “saludada por dianas y la banda con cajas y clarines, mientras rompía una salva de veintiún cañonazos, ante el ejército de gran gala y todo el pueblo de Mendoza”. Más tarde, después de sus triunfos, entregará definitivamente su bastón, esta vez en el silencio que acompaña a todo lo grande y dejando aquella conocida carta: “la protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala la Virgen del Carmen son demasiado visibles...”. Ambas reliquias, el bastón y la carta, se conservan hoy en el Camarín de la Virgen, como mudos testigos de la parte que Ella tuvo en la grandeza de alma de nuestro Libertador. Siendo Generala del Ejército Argentino, junto a la banda, acompaña a la imagen nuestra bandera. Como así también las banderas de Perú y Chile, al ser esta advocación Patrona de los dos países vecinos.

Pasemos revista a este infortunado texto:

1) “Despertar a la fe de nuestros indígenas”. ¿Acaso el pueblo huarpe carecía de religión antes de que llegaran los conquistadores españoles? ¿O esa religión, por ser «idolátrica», no merece ser llamada fe? ¿La conversión fue tan voluntaria como se sugiere, o en realidad consistió en una aculturación con altas dosis de violencia material y simbólica?

2) “Ya en el siglo XVIII se encuentra en Mendoza la imagen que hoy veneramos”. ¿Que veneramos o que los católicos practicantes veneran? ¿Qué hay del 17,4% de la población cuyana que no se declara católica? ¿Y de esa amplia mayoría de católicos nominales que se mantiene virtualmente ajena a la liturgia eclesiástica y el culto mariano? ¿Esos sectores quedan excluidos del nosotros identitario provincial?[ii]

3) “San Martín hará de los pacíficos habitantes de Cuyo, heroicos soldados forjadores de libertad, pero ellos necesitarán una Madre que los ampare…”. ¿«Madre» con mayúscula? ¿Y los alumnos de escuelas públicas que descreen de esa forma metafísica de maternidad? ¿Deben acaso soportar con estoicismo que se les hable de ella en clases y actos, como si la laicidad educativa fuese sólo un ilusorio cuento de hadas?

3’) “…Y dé sentido a tanto sacrificio”. ¿De veras la actuación del Ejército Libertador hubiese carecido de sentido sin la advocación a la Virgen del Carmen? ¿Emanciparse del yugo colonial y absolutista de España era sólo un pretexto? ¿La arenga de San Martín “seamos libres, y lo demás no importa nada” fue una abstracción ajena al sentir de sus oficiales y soldados?

4) “Es de todos conocida la profunda devoción que el Libertador profesó a la Virgen”. ¿De todos conocida? ¿Cómo es posible que la DGE haga semejante afirmación sobre una de las cuestiones más controvertidas de la historiografía argentina, si no la animara una vehemente parcialidad pro-católica, a todas luces incompatible con el principio de laicidad educativa? ¿Puede dicho organismo provincial ignorar honestamente un debate tan antiguo y de tamaña magnitud como el que se refiere a la religiosidad de San Martín y su relación con la masonería? ¿Puede desconocer de buena fe una controversia que tanto ha preocupado y ocupado a los biógrafos del prócer durante más de un siglo, y que incluso ha tenido una amplia repercusión en la literatura de divulgación histórica y los medios masivos de comunicación?

No conforme con esta sobredosis de proselitismo católico, la DGE aplica a los usuarios de su portal digital (docentes, alumnos, directivos, familias) una potente inyección de refuerzo. Esta inyección consiste en una sucinta reseña «histórica» sobre el origen del culto a la Virgen del Carmen. Examinemos qué se dice en él.

El nombre del Carmen viene del Monte Carmelo o “viña de Dios” que está en Tierra Santa. Según el Libro de los Reyes, allí vivió el Profeta Elías con un grupo de jóvenes, dedicados a la oración. Corría el año 300 a.J.C., y una gran sequía asolaba la región; el Profeta subió a la montaña para pedir lluvia y divisó una nube de luminosa blancura de la cual brotaba el agua en abundancia; comprendió que la visión era un símbolo de la llegada del Salvador esperado, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. Desde entonces, aquella pequeña comunidad se dedicó a rezar por la que sería madre del Redentor, comenzando así la devoción a Nuestra Señora del Carmen.

La recreación que se hace del episodio bíblico en cuestión, aparte de incurrir en algunas imprecisiones producto de una desatenta lectura de la fuente (más abajo se ofrece una reconstrucción más rigurosa), le interpola elementos apócrifos tomados de la tradición cristiana medieval, más precisamente del Liber de Institutione Primorum Monacharum, texto clave de la religiosidad carmelitana. Seamos indulgentes y pasemos por alto tanto la cuestión de la autenticidad fáctica de lo que se narra en los libros de Reyes como la cuestión cronológica de su datación, ambas controvertidas. Depongamos nuestro justificado escepticismo y demos por sentado que el profeta Elías existió realmente y que los hechos milagrosos relatados en el cap. 18 del I Libro de Reyes son verídicos.[iii] Pues bien, aun así, el problema de la inverosimilitud subsiste. Nada permite inferir de dicho pasaje bíblico que la nube sea —además de un presagio de lluvia— una señal profética del advenimiento de Jesucristo y la maternidad virginal de María. Nada, ni siquiera su blancura, ya que nunca se dice que sea blanca (de hecho, habida cuenta la inminencia del aguacero, debemos presumir que era oscura). La consideración de la nube de 1 Rey. 18. 44 como una antiquísima epifanía premonitoria de la Virgen María al profeta judío Elías constituye, a todas luces, un vaticinium ex eventu, es decir, una pseudo-profecía pergeñada retrospectivamente con el afán de proveerse de una genealogía ilustre con tintes de sacralidad.

Tampoco existe evidencia alguna —documental o arqueológica— de que Elías haya fundado una lavra4 en el monte Carmelo, ni de que ésta haya perdurado hasta el nacimiento de Jesús, y mucho menos de que en ella se haya profesado la devoción mariana antes de la aparición del cristianismo. Se trata de leyendas católicas ortodoxas y romanas de muy dudosa verosimilitud histórica, surgidas varios siglos después de la muerte de Jesús, en la Antigüedad Tardía y la Edad Media, ya en tiempos en que el monacato cristiano había arraigado en la región de Siria-Palestina, lo cual no sucedió sino en el siglo IV de nuestra era. Fue precisamente en esa centuria cuando se afincaron en el Carmelo los primeros ermitaños cristianos, quienes —siguiendo los dictados de la costumbre anacorética greco-ortodoxa— escogieron este emplazamiento por su significatividad sagrada, vale decir, en atención a sus hondas reminiscencias bíblicas (sobre todo, por su asociación con los profetas Elías y Eliseo). Fue a partir de la colonización monacal —material y simbólica—de aquel monte legendario que la anacrónica idea de un Elías precursor del monacato cristiano y del culto mariano fue progresivamente cristalizándose, adquiriendo consistencia y credibilidad; proceso que culminaría en el siglo XII cuando, Cruzadas mediante, arribaran los primeros monjes de la Cristiandad latina; renovación religiosa que, a su vez, daría nacimiento a la devoción de la Virgen del Carmen, y que sería el germen de la futura Orden de los Carmelitas, la cual, además de llevar el mito genealógico a su máximo desarrollo, lo propagaría universalmente a medida que fuera expandiendo su radio de acción. Ésta es la historia; lo demás es fábula.

En resumidas cuentas, la genealogía de la celebración del 8 de septiembre que nos propone la DGE no es más que un cúmulo de afirmaciones fideístas sin ningún fundamento objetivo, reñidas con el método científico de la investigación histórica, basadas en tradiciones de dudosa verosimilitud factual, en creencias subjetivas incomprobables… ¿Que en eso consiste precisamente la fe religiosa en su quintaesencia? ¿Que Jesús dijo “¡Bienaventurados los que creen sin haber visto!”? Cierto, pero las escuelas públicas no son iglesias parroquiales, y sus docentes y estudiantes no son catequistas ni catequizandos.

Quien quiera creer en los dogmas y las tradiciones de la Iglesia católica, que crea. Está en todo su derecho. La libertad de pensamiento es sagrada, y nadie habrá de retacearle este derecho esencial a aquéllos que abrigan una concepción teísta o sobrenaturalista del mundo. Pero a la escuela pública asisten alumnos y docentes de todas las religiones y cosmovisiones, y es laica, y está obligada a respetar a las minorías, de modo que no hay —no debe haber— lugar en ella para el proselitismo y la hagiografía de la Iglesia católica. Los orígenes del culto a la Virgen del Carmen y los avatares de esta advocación en nuestra provincia (Virgen del Carmen de Cuyo), si han de ser tópicos de estudio en los establecimientos educativos del Estado, deberán serlo por la vía de la ciencia y jamás de la fe, a través de la historia y nunca del mito, apelando a la erudición de las academias y no remedando la catequesis de las parroquias. Y en ninguna circunstancia, bajo ningún punto de vista, el 8 de septiembre ha de ser en las escuelas públicas de Mendoza un día de conmemoración.

Entre el calendario escolar y el santoral católico debe levantarse aquel monolítico wall of separation del que hablaba Thomas Jefferson en su famosa Carta a la Asociación Bautista de Danbury. Sólo ese “muro de separación” es capaz de garantizar, cuando no tiene fisuras, la libertad de conciencia y la igualdad de trato inherentes a la convivencia democrática pluralista. Ese muro de separación es la laicidad educativa. En tributo a la civilidad de los derechos humanos y la interculturalidad, es preciso y urgente que todas sus grietas sean obturadas. Ése es el camino que el histórico fallo de la Dra. Ibaceta nos alumbra ahora. Ojalá que el gobierno provincial, en lugar de cometer el despropósito de apelar una sentencia ejemplar –llamada a quedar en los anales de la historia provincial por su excepcional fundamentación jurídica y clarividente sentido de justicia–, se avenga a ella y haga de su espíritu laicista una fuente renovada de inspiración.



NOTAS

 

[i] A la sazón, gobernaba la provincia de Mendoza el brigadier (R) Rolando Ghisani. Cabe aclarar que la Virgen del Carmen de Cuyo ya era desde antaño patrona provincial de la educación primaria. Dicha advocación mariana fue proclamada en 1950, durante la gobernación de Blas Brisoli, en pleno apogeo del primer peronismo, uno de los períodos más confesionalistas —si se exceptúa su final— de la historia argentina (recordemos que desde 1943 –y en algunas provincias incluso desde algunos años antes– se enseñaba religión católica en todas las escuelas públicas del país).

 

[ii] Cf. Mallimaci, Fortunato (dir.), Primera encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina. Bs. As., agosto de 2008. Link permanente: www.culto.gov.ar/encuestareligion.pdf.

 

[iii] De acuerdo al relato bíblico, Dios le comunica a Elías que pronto pondrá fin a la larga sequía con que ha castigado a Israel por su idolatría, y le pide que transmita el anuncio a Ajab, rey de los israelitas. Por pedido del profeta, el soberano reúne a todos sus súbditos al pie del monte Carmelo, y hace llamar a los sacerdotes de Baal y Aserá. Entonces Elías les propone públicamente a estos últimos un desafío: probar la autenticidad de la propia fe encendiendo una hoguera de sacrificio mediante el recurso sobrenatural de las plegarias. Los sacerdotes idólatras aceptan el reto, y aunque se esfuerzan denodadamente, fracasan. Elías, en cambio, obra el milagro al primer intento, demostrando así, a la vez que la falsedad de Baal y Aserá, la veracidad de Jehová. Elías, tras degollar impiadosamente a sus rivales con la ayuda del pueblo, le anuncia a Ajab que está por llover, y luego asciende hasta la cumbre del Carmelo acompañado por su servidor, a quien le pide, ya estando en la cima, que otee el mar. Después de seis intentos fallidos, el servidor divisa “una nube, pequeña como la palma de la mano” —indicio de la lluvia que se avecina— y se lo cuenta a Elías, quien le urge a dar la buena nueva al monarca expectante.

 

4 Asentamiento monacal formado por varias ermitas, o dicho de otro modo, congregación de tipo disperso en la que viven varios anacoretas o ermitaños. Representa una forma monacal intermedia entre el eremitismo puro (aislamiento completo) y el cenobitismo (vida comunitaria intensa).

Opiniones (6)
16 de diciembre de 2017 | 14:32
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16 de diciembre de 2017 | 14:32
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  1. Muy buena tu nota Marcelo, total coincidencia contigo y por supuesto con la jueza
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  2. El evangelio ateo según Maure, me parece que va demasiado lejos: La malvada religión quiere hacer cosas malignas contigo. Solo un ambiente sin valores es un ambiente sano. Me hace vomitar que me quiera convencer de sus delirios y guevadas. Es una tradición, es parte de la identidad que tenemos como pueblo, es parte de nuestros valores sociales. La incostitucionalidad es una farsa en este caso, antes del derecho a no ejercer una religión esta el derecho a ejercerla. Para prohibir primero hay que probar el daño que provoca el hecho de la practica del festejo catolico a los no creyentes. El hecho de estas festividades deberia ser aprovechada en un sentido más amplio y fomentar el entendimiento y la tolerancia, así se pierde no solo el festejo sino los valores positivos que evocan estas fiestas
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  3. Me parece bárbaro. El 25 de julio no debería ser feriado, y el 24 y 25 de diciembre tampoco. Salvo para los creyentes.
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  4. De igual modo, querría que me explicaras por qué las escuelas pierden horas de clase para hacer un acto a mercedes sosa, que nada aportó al conocimiento y formacion que debe dar la escuela como tal. No me quejo de ella ni de su música, pero que la escuela le dedique desde el año en que falleció horas de clase para hablar de ella.....la verdad no entiendo.....
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  5. Excelente argumentación, coincido con la opinión del autor.
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  6. insisto, queda bien claro lo de San Martín en 1817, eso es historia. Hoy en día la devoción a la virgen del Carmen de Cuyo ha perdido su vigencia. Lo de patrona de la educación mendocina es una resolución de la DGE de agosto de 1980, gestionada por los franciscanos y aprobada por un gobierno militar. Hay que dejar sin efecto la resolución! A todo esto Vollmer fue a la misa de la virgen del Carmen de Cuyo en san Francisco el día viernes en la mañana... También algo de historia Perón le entregó en 1944 una banda presidencial a la virgen del CArmen de Cuyo...
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