opinión

El flagelo de la bananización

Un fantasma ronda por todos lados y nos ayuda mucho a encontrar varios problemas para cada solución.

El  flagelo  de  la  bananización

Sí, el título está bien: no es “banalización”, que sería no darles a las cosas la importancia que tienen, si no “bananización”, el  emberretamiento o vulgarización de los discursos, actos y hechos. Eso es lo que nos está pasando en verdad. Se nos pone bananera la vida, entendiendo por tal una innecesaria caída en la calidad de lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. No es que alguien vaya a horrorizarse por una guasada más o menos, porque aquí casi nadie viene de una cuna de oro ni estudió en Harvard precisamente. Pero sí puede pedirse un mínimo de calidad institucional y personal a nuestros dirigentes. Como es mi costumbre, no distinguiré demasiado entre tirios y troyanos, ya que vienen en el mismo lodo todos manoseaos (diría el gotán), y eso es comprensible porque galopan por el mismo potrero, el de la vida de un país problemático y febril, siguiendo con el tango.

Son varios los ejemplos que podemos brindar. A ver: Si un gobernador o un secretario de Estado dice AHORA que la inseguridad no es una “sensación” si no algo bien real que no depende de los títulos de los diarios, después de diez años de querer esconderla debajo de la alfombra y echarle la culpa de todo al lado oscuro de la fuerza (Darth Magnetto), pues nos encontramos ante una flagrante bananización, porque con una torpeza casi infinita y creyendo que los demás somos idiotas, vienen a decirnos: “Sí, en realidad siempre lo supimos, pero nos hacíamos la gallina encandilada porque había que bajar los decibeles por cuestiones electorales. Ahora estamos jugados y sin fichas y entonces batimos la justa, total...”.

Otra: Bien sabemos que la tan llevada y traída “soberanía” se ha usado aquí tanto para un fregado como para un barrido durante demasiadas décadas y de parte de gobiernos de toda forma y color. Pero hasta no hace mucho se la mentaba por motivos importantes; por ejemplo, el pago al Fondo Monetario, las relaciones con Gran Bretaña por las Malvinas o cierta incipiente política exterior común para toda América Latina. En estos últimos días se “bananizó” también, y fue traída al centro de la escena en una discusión por miserables 3.000 metros cuadrados de hangar en el Aeroparque metropolitano. Con el marco de la pelea LAN-Aerolíneas Argentinas (o AeroCampora, como gustan llamarle algunos chistosos) se revoleó lo del hangar alegando una cuestión de “soberanía”, como si esa superficie hubiera sido ocupada por una belicosa potencia extranjera y no por una empresa privada de capitales varios (no sólo chilenos) que emplea a argentinos y traslada  a más argentinos. Pero no importa eso, porque se trataría de una empresa “pinochetista”, como también se dijo. ¡Re bananero!

Vamos por más, que ejemplos sobran: Poco tiempo atrás se organizó un partido de fútbol para homenajear-succionarle los calcetines al ex ninguneado Jorge Bergoglio, hoy devenido en Catholic Rock Star por obra y gracia de andá a saber qué. La cuestión es que las selecciones de Argentina y de Italia visitaron al gran capo de la Iglesia, acudiendo a una audiencia en el Vaticano. Para qué. Los que lean con alguna frecuencia estas humildes columnas sabrán que quien aquí escribe no tiene nada de creyente católico y opina que en ese suburbio de Roma sólo hay una manga de... vamos a dejarlo así. Pero de eso a portarse como se portaron algunos, no sé si todos, hay un trecho enorme. Desde sentarse en el trono de San Pedro y proclamar a gritos: “Che, sáquenme fotos, soy el Papa”, hasta derribar vallas para entrar a saludar a Francisco violando todo lo acordado previamente sobre la cantidad de gente que estaría presente o manotearle el gorro a los de la guardia suiza. Ya habíamos empezado mal al ver que viajaron el doble de dirigentes que de futbolistas, lo cual indica que la AFA es mucho más eficiente como agencia de viajes VIP que como ente organizador del descontrolado fútbol argento. Eso sí: el papa sigue engrosando su colección de mates y camisetas de clubes. Ya ni él debe saber cuántos tiene. En cualquier momento necesitará un galpón ferroviario para meter todo. ¡La bananización al palo!

Dale que va: ayer nomás dijimos aquí mismo que la migración de kirchneristas hacia el Massismo deja chiquitas a esas de búfalos africanos que ocupan cientos de leguas y pueden verse en el canal Discovery y similares. Bueno, una cosa es que traten de acomodarse con el winner (comprensible, sobre todo si hablamos de peronistas) y otra es lo que dijo el amigo Moyano. Con una frescura envidiable afirmó que si bien en las PASO apoyó al Colo De Narváez, como este tuvo un resultado electoral paupérrimo, pues en el futuro inmediato se pasará con camiones y todo a las huestes de Massa. Nada de “lo vamos a considerar”, “estamos conversando”, “lo decidiremos con todos los compañeros”, etc. Minga. Cero pudor, porque ahora muchos parecen creer que la sinceridad a quemarropa y la honestidad brutal garpan más que la discreción y los buenos modales. Esto podrá calificarse, según quién lo diga, como bienvenida y refrescante franqueza, como caradurismo rampante o como una lisa y llana “bananización” que tira por la borda cualquier clase de mesura. Voto por esto último.

Además: Ya vimos cómo el sobado tema del impuesto a las ganancias fue esgrimido como bandera de guerra por todos y cada uno de los opositores. Pues bien: luego de comerse el trompadón de las PASO, el Gobierno la hizo suya sin ninguna clase de miramientos y mandó una grosa modificación al mínimo imponible para pagar esa absurda gabela. Hubo deslenguadas (la esposa de Massa, por ejemplo) que dijeron que, tal como ellos lo proponían, se modifico el asunto y por lo tanto el Gobierno les habría robado una consigna porque no tiene el coraje ni la imaginación para hacerlo en tiempo y forma. Por ejemplo, antes de las elecciones y no después, para poder capitalizarlo en las urnas. Es verdad. Pero no empecemos con esas cosas (tarde lo digo) porque lo importante es que se haga, y no quién o cuándo lo anuncie y ejecute. Pelearse para dilucidar quién propuso una medida meramente administrativa es bien bananero, sépanlo. Ahora tenemos otra: no conformes con la reculada del gobierno K, se pide airadamente que esto se haga por ley y no con meros decretos y resoluciones de la AFIP, adoptando una mecánica similar a la del aumento para jubilados: dos veces al año y dependiendo de las posibilidades de la gran caja nacional (y popular). Estaría muy bien de no ser porque la oposición así lo reclama, entonces los K van a darle miles de vueltas al tema y se postergará hasta que ELLA lo considere justo y necesario porque ha salido de la consideración publica, atorada con nuevos problemas, escándalos y resultados electorales por analizar. En todos los países del mundo, los políticos especulan un tanto con los tiempos, pero dejar que las cosas se pudran y empiecen a echar olor como pasó con la desactualización del Impuesto a las Ganancias que tan caro le costó al Gobierno es, hay que decirlo de una vez, bien bananero. Y que una oposición oportunista trate de marcarle la agenda a la administración nacional con una cosa que se pedía a gritos desde el llano y no desde alguna cúpula dirigencial es más bananero todavía.  

Voy a parar acá porque creo que no hace falta más. Así las cosas, queridos, podemos asumir que aunque en este sufrido país no produzcamos bananas, lo que sobra es el “embananamiento” de la cosa pública, entendiendo por tal todo lo berretas y simplotes que podemos llegar a ser para manejarnos como sociedad. Ya sé demasiado bien que no somos socialdemócratas escandinavos, pero un poco más de contención sí que podríamos pedir, supongo...

Bueno, hasta siempre.

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14 de diciembre de 2017 | 20:02
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14 de diciembre de 2017 | 20:02
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
    Leopardo al acecho