opinión

Los Andariegos: de San Rafael al mundo

Fue el conjunto mendocino considerado como el mayor renovador y original del cancionero nacional.

Los Andariegos: de San Rafael al mundo

A casi 60 años de su creación, ofrecemos una compilación de diferentes crónicas a modo de homenaje a esos magníficos intérpretes y autores sanrafaelinos, que, una vez más, dejaron bien alto los prestigios de Mendoza. (Fuentes consultadas: Enciclopedia Wikipedia ; Revista Folklore del Noa; Diario San Rafael; Pagina de Los Andariegos sitio web)

A mediados de la década del 50, el folclore irrumpió con fuerza inusitada en la vida cotidiana de los argentinos y florecieron decenas de conjuntos y solistas

En medio de esa corriente, en la Confitería París, en 1954, nacieron Los Andariegos.

Sus fundadores fueron Pedro Floreal Cladera (Chacho Santa Cruz), Rafael Tapia, Juan Carlos (Pato) Rodríguez, Ángel Ritrovato (Cacho Ritro), Abel González y Francisco (Rubio) Giménez.

Trabajaron armonías con terceras, cuartas y quintas, lo que fue una revolución para la época, ya que por entonces los grupos armonizaban sólo con primeras y segundas voces.

En 1958, Los Andariegos grabaron su primer larga duración con el sello Odeón, y el grupo se instaló en Buenos Aires con nuevos cambios en sus integrantes.

Eran épocas de largas temporadas en Radio Splendid de Buenos Aires y de giras por todo el país como signo de la popularidad que Los Andariegos habían alcanzado en el universo del folklore nacional.

Primera deserción

A fines de 1959 se aleja Pedrito Cladera, para ingresar como solista en el canto popular con el nombre de Chacho Santa Cruz logrando éxitos con "Corazón de luto" y luego con la popular "Ranchera del Paisano Julio".

En lugar de Chacho ingresó Raúl Mercado.

En 1964 se aleja Abel González y un año más tarde Alberto Sará se incorpora en lugar de Juan Carlos Rodríguez.

El repertorio fue variando con el tiempo, desde lo más tradicional hasta lo paisajista con canciones de alto contenido social y testimonial, lo que les trajo problemas a algunos de sus integrantes con las dictaduras militares.

Alberto Sará lo abandona y es remplazado por Caro Herrada.

Poco  después ingresa "Pepete" Bértiz, (el talentoso hijo del maestro Santiago Bértiz) que era  un joven guitarrista de Mercedes Sosa.

Pepete  fallece poco tiempo después, en plena juventud.

Viajan a Japón

Los Andariegos poseen una nutrida discografía, y sus giras son interminables.

Recorren primero todas las provincias argentinas y luego Chile, Bolivia, Brasil y Uruguay. En 1977 viajan a Japón junto a Mercedes Sosa y en 1978 se ven obligados a disolverse amenazados por la dictadura militar.

Ante esta situación, Ángel Ritro emigra a España para acompañar a Alberto Cortez, mientras Raúl Mercado se radica en Francia, prosiguiendo su carrera como compositor e intérprete y compositor. Muchos siguieron la senda de los primeros Andariegos, aquellos sanrafaelinos que hicieron historia.

Agustín Gómez y Karo Herrada continúan el trabajo y esta vez junto a Carlos Groisman y Héctor Staforini con gran experiencia docente conocidos arregladores y compositores.

En el año 1981 muere en su provincia natal (Mendoza) Karo Herrada.

Carlos Groisman y Héctor Staforini continúan otro destino.

En  1991 Juan Carlos Varela, Andrés Gómez, Jorge Giuliano y luego Néstor Basurto, jóvenes músicos, se unen al talento y experiencia de Agustín Gómez para revivir una vez más a este grupo.

El primer objetivo fue lograr el sonido de los originales Andariegos y desde allí proyectar un repertorio no muy conocido por el público.

Se reagrupan en España

A partir de 1998 se reagrupan en Barcelona a iniciativa del músico y productor Gilberto Piedras, luego de más de veinte años de separación, el grupo constituido por Ángel Ritro, Raúl Mercado, Agustín Gómez, Leonardo Sánchez y Gilberto Piedras, realizan giras en los mejores teatros de España, y en diferentes salas de nuestro país, junto al popular   Alberto Cortez, culminando con la inolvidable presentación en el Teatro Olympia de Paris, el 30 de Abril de 2001.

En 2003 hacen una gira en las Islas Canarias y ante la imposibilidad de viajar de Agustín Gómez, éste fue reemplazado por Roberto López.

La historia narrada por Alberto Cortez

“En la década de los cincuenta, mis padres me enviaron a estudiar a San Rafael, preciosa ciudad del sur de Mendoza. Ingresé en el colegio Manuel Ignacio Molina con la intención de obtener el título de bachiller que me permitiera posteriormente tener acceso a la universidad. A los dieciocho años la amistad es un fundamento irrefutable. Uno entrega el corazón a cada nuevo amigo, pero dentro de esa versatilidad de entrega existe ese alguien a quien uno quiere más o prefiere a los demás por comunión de pareceres o simplemente por admiración. Felipe Ángel Ritrovato “Cacho”, Héctor Zingaretti “Pochi” y yo formábamos un trío de amigos inseparables...”.

En la confitería París

“Cotidianamente íbamos a la confitería París, salón de té con una excelente pastelería y lo más importante, un piano a mi disposición, lo que convertía aquel salón de té en un café-cantante a la provinciana.

Después de los estudios yo me acercaba a la París, me sentaba al piano y cantaba a toda voz las últimas canciones a la moda.

En aquella confitería París nacieron Los Andariegos.

Un grupo de amigos cantantes y guitarristas lo hicieron posible: Pedro Cladera, que años más tarde se convertiría en Chacho Santa Cruz; Juan Carlos Rodríguez, cantor de tangos en la orquesta típica de Ricardo Ortiz; Rafael Tapia, también cantor de la misma orquesta; Abel González, "Gonzalito", excelente guitarrista; y el Cacho Ritrovato, que a partir de su ingreso en el conjunto pasó a ser Cacho Ritro.

Por aquel tiempo, Cacho tocaba bastante bien la guitarra, tenía una voz aceptable y una gran presencia en el escenario. Bailaba espectacularmente el malambo...,  su capacidad de adaptación a las otras voces, le otorgaba un protagonismo especial en el grupo.

Un sexto integrante llamado el Rubio Jiménez completaba el elenco de Los Andariegos originales”.

Cortez fue casi un Andariego

“Jiménez fue el primero en desligarse del conjunto y su lugar me lo ofrecieron a mí, pero mis calificaciones en el colegio no eran lo suficientemente buenas como para obtener la conformidad de mi padre. Después de algunas actuaciones en la confitería París con gran éxito, Los Andariegos recibieron una oferta para viajar a Buenos Aires a grabar sus primeros discos para la marca Odeón.

Aquello fue todo un acontecimiento en la pequeña ciudad, tanto que cuando regresaron con su primer disco bajo el brazo, los amigos les hicimos un recibimiento como si hubieran ganado la copa del mundo. Estoy hablando del año 57, principios del 58.

Debido al éxito de su primer disco, Los Andariegos se trasladaron definitivamente a la Capital.

Yo me recibí de bachiller, Héctor Zingaretti también, Cacho al ingresar en Los Andariegos abandonó los estudios, y aquel trío de amigos tomó el camino del exilio sentimental. Zingaretti ingresó en la facultad de Medicina de la ciudad de Mendoza y yo en la facultad de Derecho de Buenos Aires. En la Capital me instalé en una pensión de la calle Libertad y al poco de estar allí, Cacho alquiló una habitación en la misma casa y volvimos a estar juntos.

Como es de imaginar no había actuación de Los Andariegos que yo me perdiera. Incluso en alguna ocasión reemplacé a alguno de ellos que por alguna razón no podía actuar, es decir, me convertí en una especie de comodín del conjunto. Recuerdo con particular claridad una vez que fuimos a cantar a una fiesta que le ofrecían a Nat King Cole durante su visita a Buenos Aires. Conservo esa foto como una reliquia.

En Europa

Al tiempo nuestros caminos se separaron y poco a poco me fui alejando de Los Andariegos. Al iniciar mi aventura europea fue el momento de la separación total. Recuerdo que al llegar a Bélgica le escribí una postal a Cacho lamentando la distancia, y en donde le prometía que algún día volveríamos a estar juntos. Muchos años después, cuando Los Andariegos ya eran sólo un recuerdo, invité a Cacho a integrarse como guitarrista en mi grupo de acompañamiento. Cuando nos sentamos en la mesa de la bienvenida en mi casa en Madrid, Cacho sacó aquella postal preguntando “¿te acordás de esto?”. Confieso que la emoción nos llevó hasta las lágrimas.

Pedro Cladera, “Chacho Santa Cruz”, murió en un accidente automovilístico; Gonzalito se casó y vive feliz en San Miguel, una población de la provincia de Buenos Aires, retirado del mundo de la música. A Juan Carlos Rodríguez se lo llevó la parca de mala manera, y Rafael Tapia, la última vez que lo vi, tenía un restaurante en la ciudad de Mendoza.

A medida que la gente del grupo fue desapareciendo, otros integrantes fueron ocupando sus lugares: Raúl Mercado, excelente músico y poeta; Agustín "el negro" Gómez, guitarrista de pura cepa.

El Nuevo Cancionero

El conjunto adoptó entonces una filosofía diferente, modernizando hasta el asombro sus arreglos musicales. Hablar de Los Andariegos era hablar de la más depurada vanguardia musical. Cacho compuso canciones muy importantes como “Canción para un niño en la calle”, con el gran poeta Armando Tejada Gómez o “Los ángeles verdes” con Ariel Petrochelli. Cantaban a los mejores poetas y a los mejores compositores y ellos mismos se erigieron en tales y se fueron convirtiendo en leyendas.

En 1976 los militares una vez más tomaron por la fuerza el poder en Argentina, y la inteligencia, la poesía, el pensamiento y el buen gusto pasaron a ser material subversivo. Fue la dictadura más brutal y sanguinaria de la historia argentina.

Para Los Andariegos comenzaron a llegar las amenazas de muerte, y el grupo, acosado por la ignominia, no tuvo más remedio que dispersarse.

Algunos tomaron el camino del exilio, caso de Raúl Mercado, y otros el camino del eclipse y el pasar lo más desapercibido posible ante la constante espada de damocles de la barbarie militar argentina.

Un francés  “andariegologo”

Gilberto Piedras es un francés de Toulouse, músico de vocación, afición y profesión, amante de la música sudamericana y especialmente del folklore argentino, que se convirtió en un “andariególogo” y se propuso desde Francia reagrupar a aquellos hombres a los que tanto admiraba. La tarea no fue fácil, pero al fin lo consiguió, invitando a los ya canos Andariegos a grabar un disco en Europa financiado por él y proponiéndose él mismo como un integrante más del conjunto.

Leonardo Sánchez, extraordinario músico guitarrista sobrino de Raúl Mercado que vive en París, completó el quinteto. Cuando el disco estuvo terminado, por azar llegó a mis manos. Un buen día recibí la visita de Gilberto y juntos nos prometimos intentar alguna cosa conjuntando a Los Andariegos conmigo. La idea tomó forma y un buen día nos encontramos ensayando canciones en mi casa alrededor de la amistad recobrada y las ganas renovadas.

Gilberto, convertido en un importante empresario, organizó una gira que concluyó en el Olympia de París el pasado 30 de abril de 2001. El actuar con Los Andariegos, que a pesar de no haber cantado juntos en los últimos veinte años, conservan la frescura y el talento de sus años mejores, ha sido para mí un privilegio inusitado, un volver a vivir un tiempo que ya no es, pero que sigue permanentemente vivo en mi recuerdo, en mis ansias y en mi corazón.

Opiniones (1)
12 de diciembre de 2017 | 08:59
2
ERROR
12 de diciembre de 2017 | 08:59
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. que lindo escucharlos y cuantos recuerdos vuelven a mi mente....buenísimo el artículo...
    1
En Imágenes
Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
Leopardo al acecho
Incendios en California
6 de Diciembre de 2017
Incendios en California