opinión

El bolsillo de los argentinos

Inseguridad y Ganancias, pasando por los “holdouts”, la fórmula para octubre.

El bolsillo de los argentinos

Por Julio Villalonga (@villalongaj)*

Primero fue el secretario de Seguridad, Sergio Berni, quien reconoció que la inseguridad es “real”. Le siguió el jefe de la Policía Federal, Román Di Santo, que, después de recibir amenazas de muerte, admitió que “sería necio” negarla. Y de inmediato subió en la escala del poder hasta llegar al propio gobernador bonaerense, Daniel Scioli, quien completó: “Cómo vamos a negarla… es un hecho real”.

No hace falta ser semiólogo para ver una estrategia de comunicación del oficialismo que busca mostrar unanimidad en el Gobierno en la preocupación por el tema que mayor interés despertó entre quienes votaron por la oposición en las últimas elecciones primarias.

Ya las encuestas previas a las PASO anticipaban que la inseguridad y la inflación estaban al tope de las prioridades del electorado. Tras la derrota del oficialismo en territorio bonaerense, varios intendentes kirchneristas se animaron a oralizar que esa era una de las causas de la pérdida de cuatro millones de votos.

El propio Sergio Massa utilizó a destajo una combinación de comunicación y cámaras de video para instalarse como el candidato de la seguridad, algo en lo que sin duda tuvo éxito aunque la realidad del mapa del delito de la zona norte, que acompañó al massismo y sus aliados en las urnas, diga otra cosa.

Massa fue hábil a la hora de usar contra el gobernador los notables problemas de Scioli en esta materia, tanto por la incapacidad en la gestión como por la complejidad de atender un Estado con la superficie de Italia y el 40 por ciento del padrón total de la Argentina.

En esta disparidad se paró Scioli este fin de semana. Él maneja el primer estado argentino, le recordó a Massa, que le da trabajo a tantos docentes como bonaerenses viven en Tigre. En otras intervenciones fuertes, el mandatario provincial advirtió que es indetenible la definición de las candidaturas de los partidos en internas ("A medida de que la democracia vaya madurando, vamos a ir a internas en todos los partidos", dijo); y que no piensa competir con Massa dentro del peronismo porque el alcalde de Tigre “siguió otro camino, con Macri”.

En la misma línea, un gobierno rodeado de problemas y golpeado por el resultado en las PASO, salió “por arriba” con dos decisiones de peso: la primera fue el anuncio del envío del proyecto de ley de reapertura del canje de deuda al 7 por ciento de los tenedores de bonos que no aceptaron los de 2005 y 2010. Y la otra, la notificación este martes de que, finalmente, el Gobierno decidió el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias. En adelante, los solteros que pagaban este impuesto a partir de los 8.000 pesos, lo harán recién desde los 15.000, igual que los casados, que lo hacían desde los 11.500 pesos. Se trata de un fenomenal salto que impactará en los ingresos de millones de asalariados.

En los dos casos se puede decir que el “timing” del kirchnerismo no fue el mejor. Si se hubiera adelantado, y no hubiera temido quedar como cediendo ante los “holdouts” y ante Hugo Moyano, en cada caso, ambas decisiones no habrían quedado esclavas de una derrota. Improvisación es la palabra que cabe en el primer caso y necedad, en el segundo, pero las dos reacciones tardías reconocen como origen el aislamiento en el que gobierno Cristina Kirchner.

El escenario elegido por la presidente para darle marco a estos anuncios fue la segunda ronda de diálogo con sindicalistas (oficialistas) y empresarios, en la que el titular del Anses, Diego Bossio, dio un panorama de las finanzas nacionales que permiten, con compensaciones, dar el paso que le reclamaban propios y ajenos, en el caso de Ganancias.

Resulta indisimulable que esta medida del Ejecutivo busca congraciarse con una parte de los sectores medios que le dieron la espalda, de manera masiva, en las PASO. También lo es que el peso electoral de una decisión semejante, aunque difícil de mensurar, no puede ser marginal.

Una vez más, lo que queda en evidencia es que el Gobierno de Cristina dispone de un arsenal político y económico de una enorme magnitud, lo que le otorga un margen de error significativo. Si no se hubiera equivocado tanto en los últimos dos años, muy probablemente hubiera podido mantener un caudal electoral superior al exhibido el 11 de agosto pasado, lo que habría evitado una sangría política innecesaria y habría puesto entre paréntesis el surgimiento del “massismo” como fuerza expectante en el distrito bonaerense.

Aunque magnificado por la prensa opositora (y por muchos dentro del propio oficialismo), el impacto en el Gobierno del golpe en las primarias responde más a la propia percepción autosuficiente del kirchnerismo, en el que se ha hecho carne que la oposición es inexistente. En este contexto, las PASO pueden llegar a ser una derrota “positiva” para el oficialismo, si éste se hace cargo del resultado y encara una reformulación del proyecto político que lo sostiene en el poder desde hace una década.

Luego de tantos desaguisados, habrá que ver si poniendo toda la carne al asador el kirchnerismo logra moderar el previsible triunfo de Massa en octubre. Y si recupera algún grado de mística como para reconducir el proceso político de cara al 2015.

* Director de gacetamercantil.com

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15 de diciembre de 2017 | 01:15
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