opinión

Escuela, sexo y sexualidad

Hay cosas que no han dejado de ser tabúes para una sociedad que se debe, al menos, un protocolo para casos de abusos.

Durante esta semana, saltó a la luz un posible caso de abuso de parte de una docente a alumnos de una escuela de Mendoza. Y es importante dejar en claro, desde el comienzo, que se trata de “un posible caso de abuso”, y lo destacamos porque sobre esto volveremos.

Ante esta situación, una de las primeras preguntas que surge es de si los directivos escolares están preparados para enfrentar situaciones de acoso sexual de parte de docentes a alumnos (e incluso a otros miembros de la comunidad educativa y hasta a sus pares), pero ante esto tal vez sería mejor anteponer otro cuestionamiento: ¿Puede alguien estar preparado para algo para lo que nunca se lo preparó?

Partiendo de esta última pregunta, la respuesta a la primera decanta por sí sola. No, de ninguna manera un directivo está preparado para atender estas situaciones, salvo que su interés y su predisposición lo hayan llevado a investigar y capacitarse, e incluso así la capacidad para reaccionar ante situaciones como estas implica mucho más.

Si a esto le sumamos que no existe un protocolo que establezca las acciones a realizar ante casos de abuso, la cosa aún se complica más. Y es que, a pesar de que los casos de abuso ya parecen haberse convertido en moneda corriente (regularmente aparecen en los medios de comunicación hechos relacionados con abusos en las escuelas y los jardines de infantes), no se han previsto las acciones para tratarlo.

Y tal vez esto tenga que ver con algo muy profundo, algo arraigado culturalmente aún en gran parte de la sociedad, y que es el sexo como tabú.

Entonces nos metemos de lleno en la idea un debate que nos debemos como sociedad, como padres, que quizá de vez cuando aparece en la agenda de los medios, quizás tan de rebote como por un libro que llega a las escuelas y que contiene desnudos, pero ni siquiera así, ni aun de esa manera nos metemos de cabeza a discutir la relación entre sexo y escuela. Y mucho menos entre sexualidad y escuela.

Hay quienes aún sostienen una postura absolutamente reduccionista como la de que la educación sexual es exclusiva de la familia. Pero, paradójicamente, quienes sostienen con más euforias estas posiciones son quienes menos les enseñan a sus hijos sobre sexo y sexualidad.

Además de padecer cierto tipo de ceguera que no les hace ver que desde pequeños, cuando en un ámbito público, como la escuela, se les enseña a los niños que hay baños para nenas y baños para nenes, ya desde ahí, desde eso que es tan elemental, hay educación sexual.

Si les enseñamos a nuestros hijos que de eso no se habla, les será más fácil, a cualquiera que quiera abusar de ellos mantenerlos callados, porque será el miedo el que se imponga.

Esta semana nos sorprendió con un posible caso de abuso en una escuela, y nos encontró sin tener a manos los elementos con los cuales hacerle frente a una situación como esta, de hecho, ni siquiera tenemos los elementos para proteger tanto a las posibles víctimas como al posible victimario, porque en el caso que nos ocupó esta semana no se protegió la identidad de la persona acusada, cosa que también debería ser parte de ese protocolo con el que todavía no contamos.

Opiniones (2)
16 de diciembre de 2017 | 16:32
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16 de diciembre de 2017 | 16:32
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  1. es entendible que no esten capacitados para atender esta problematica pero tampoco pueden dudar siempre de las victimas,en este caso menores,y creer que tanto los chicos como las madres exageran o mienten.
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  2. Muy oportuna la nota. Vivimos en un contexto de hipocresía, mediocridad, miedo y falta de gestión en las conducciones escolares. ¿Cuántos años hacen que venimos ocupándonos del tema solo cuando exsten casos puntuales de abuso o violencia, y después el silencio, la indiferencia, el no te metas? La educación sexual es tema que debe abordarse por toda la comunidad, con conocimientos, sin enquistados tabúes, que implican el desconocimiento de la corporalidad humana. Mientras nos ocupamos de discusiones estériles, de burocráticos formalismos institucionales , niños y adolescente siguen sufriendo las consecuencias de la ignorancia y de la falta de responsabilidad de los mayores. O acaso podemos esconder los abusos, las maternidades precoces, el consumo de drogas, el libertinaje sexual, las patologías sociales, que crecen en nuestros contextos?
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