opinión

Sucios, feos y malos

Sergio Massa y un confuso robo en su casa, en plena campaña, que no hizo público por consejo de un fiscal. El empate técnico, la polarizacion en octubre y las PASO de 2015.

Sucios, feos y malos

Por Julio Villalonga* (@villalongaj)

La previsible “guerra sucia” desatada en la última semana de la campaña electoral no tiene un ganador claro. El fiscal de Tigre, Mariano Magaz, y su jefe del departamento judicial de San Isidro, Julio Novo, ambos íntimamente ligados al candidato opositor Sergio Massa, decidieron no registrar el robo a la casa del intendente de Tigre, ocurrido el pasado 20 de julio. Y esto a pesar de que en 24 horas prácticamente habían resuelto el caso, es decir, el prefecto Alcides Gorgonio Díaz ya había sido detenido en su casa y en poder de todo lo robado.

Dirigentes del massismo esperaban que el Gobierno nacional, a través del diputado nacional Francisco de Narváez, tratara de alterar el rumbo de las elecciones primarias del próximo domingo 11. Advirtieron de manera pública, incluso, que no descartaban que se produjeran “carpetazos”, en particular con investigaciones judiciales por el paso de Massa por el Ejecutivo nacional.
El cálculo político de los adláteres de Massa advertía que el Gobierno utilizaría a De Narváez porque era quien podía quitarle votos al Frente Renovador presentándose como el único y verdadero opositor al kirchnerismo.

Se curaban en salud, y corría la segunda semana de julio. Los “carpetazos” no llegaron pero el domingo20 ala tarde tuvo lugar el burdo asalto del prefecto Gorgonio a la casa de los Massa, en el barrio cerrado “Isla del Sol”.

Ahora, Malena Galmarini, la esposa de Massa, dice estar segura de que se trató de una operación negra del Gobierno nacional, pero aún subsisten muchas preguntas sin respuesta.

Según esta línea de pensamiento, en una campaña “cabeza a cabeza”, el kirchnerismo habría forzado la marcha para achicar la diferencia que lo separaba del candidato del Frente Renovador. Lo mismo podría aplicarse al massismo.

Según la mayoría de los encuestadores, Sergio Massa y Martín Insaurralde se encuentran en un virtual empate técnico. En soledad, un solo consultor (Jorge Giaccobe) asegura que el alcalde tigrense superará por diez puntos a su colega de Lomas de Zamora en las PASO del próximo domingo. Y “forzar la marcha”, según los massistas, incluiría cualquier tipo de herramienta.

La “sintonía fina” en el trecho final de la campaña permitía advertir que, en un contexto de notable paridad y polarización, un desliz podía inclinar la balanza para uno u otro. No obstante, la confusión que rodea al robo en la casa de Massa parece no haber llevado agua a ninguno de los dos molinos. Para la mayoría luce como una disputa típica de campaña sin un saldo evidente.

Ahora bien, como ya ocurrió en 2011, las PASO se convertirán en una suerte de gran encuesta que podría anticipar el resultado de los comicios legislativos de finales de octubre. La provincia de Buenos Aires, entonces, se convertirá en el distrito donde el oficialismo jugará la elección nacional.

La duda ahora es saber hacia dónde irán los votos del antikirchnerismo radical y socialista, y los de De Narváez, luego de las PASO. El “techo” del oficialismo está cerca del 35 por ciento de los votos, a nivel nacional, y poco menos en el distrito bonaerense, lo que anticipa que, si parte de los votantes del empresario y diputado colorado, y de la dupla Stolbizer-Allfonsín, derivan hacia el massismo, éste sector podría superar el 40 por ciento de los votos en octubre.

Toda esta alquimia electoral tiene alcances a largo plazo. De hecho, se sabe ya que la renovación de las bancas del kirchnerismo se concretará con legisladores casi exclusivamente elegidos por Cristina Kirchner, lo que le dará un poder propio, mediano y compacto en el Congreso con mandato hasta diciembre de 2017. Encima, el oficialismo renovará solo un tercio de su bloque, mientras que los opositores radicales y peronistas disidentes lo harán en un porcentaje cercano al 67 por ciento.

Esta expectativa casi entierra para siempre la discusión sobre la re-re, promovida por oficialistas y opositores por razones diferentes.

El 28 de octubre, el día después del comicio, se perfilarán los candidatos a suceder a CFK en 2015. Un amplio triunfo de Massa le permitirá pararse como candidato “in pectore” del antikirchnerismo, pero aún así su desafío será el de conquistar a los votantes antiK no peronistas. Es decir, Massa podrá salir a pescar, “a priori”, en un “lago” más grande que el de Daniel Scioli, que primero deberá seguir demostrando su absoluta lealtad a Cristina para aspirar a ser el heredero de esa fuerza política que ronda el 35 por ciento de los votos. Sin embargo, también Scioli puede pretender lo mismo: es decir, salir a convencer a los votantes no peronistas que es la mejor opción para “normalizar” la política luego de años de crispación.

En suma, que el comicio de diciembre de 2015 muy probablemente tenga al tercio radical-socialista como árbitro de una disputa entre peronistas. En un contexto de vaciamiento de los partidos políticos y decadencia de las instituciones democráticas, solo un movimiento ameboide y con una enorme capacidad de adaptación como el peronismo (a veces bi y hasta tricéfalo) ha tenido la capacidad de mantenerse en el centro del poder en las últimas dos décadas. Y amenaza con otra década más.

* Director de gacetamercantil.com

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18 de noviembre de 2017 | 20:26
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