opinión

Cómo cultivar en Mendoza y dejar que los animales devoren las pestes

Mirá cómo hasta los murciélagos pueden evitar las plagas en los cultivos.

Cómo cultivar en Mendoza y dejar que los animales devoren las pestes

La agricultura nos sorprende día a día con dos tipos de noticias contrapuestas. 

Por un lado están las innovaciones tecnológicas como el aumento de la productividad de algunos cultivos o la tecnificación de labores y riego. Por otro lado están las noticias de introducciones de nuevas plagas y de problemas de los agroquímicos en la salud humana y en el ambiente.

Cuando en Mendoza vemos nuevas áreas desmontadas donde se instalan nuevos viñedos, nos maravillamos de las grandes superficies cultivadas que se extienden monótonamente, a veces siguiendo las ondulaciones naturales del terreno. La visión orgullosa de esas grandes extensiones por parte del mendocino y de los turistas que visitan la provincia, se convierte en una pesadilla a los ojos de un ecólogo preocupado por la biodiversidad. Es que hay dos principios muy bien conocidos en la ecología que nos dicen que este tipo de producción no va de la mano de la conservación, y por lo tanto no van de la mano del desarrollo sostenible.

 

Principio 1. A mayor diversidad de especies, mayor estabilidad del sistema.

Este principio tiene su lógica fundamental en el hecho de que una mayor cantidad de especies aseguran que las funciones más importantes dentro de un sistema natural (o seminatural como un cultivo) puedan ser cumplidas por más de una especie. Pasando esto en limpio con un ejemplo, podemos decir que si hay una especie que se reproduce mucho (una plaga por ejemplo), asegurando una mayor diversidad vamos a tener más de un depredador que pueda controlar a esa especie. O podríamos tener distintos depredadores que ataquen a dicha plaga en diferentes etapas de desarrollo.
Imaginemos un caso en que una mariposa resulta plaga porque sus orugas
dañan un cultivo (un caso real que ocurre en varios cultivos de la provincia).

En la agricultura tradicional se recomienda aplicar insecticida (asumimos que de baja toxicidad para humanos y algunos animales), mientras que en la agricultura orgánica se recomiendan tratamientos con feromonas de confusión sexual y, en el mejor de los casos, la liberación de un controlador biológico (una especie a veces exótica que con suerte va a atacar sólo a la plaga en cuestión). En una agricultura más amigada con la biodiversidad en cambio, podría contar con una batería de especies que hagan ese control, un control que yo llamaría control ecológico.

No hay que subestimar a la fauna nativa a la hora de hacer un control ecológico de las plagas, aves y murciélagos que son excelentes cazadores de insectos.

Aves insectívoras se darían un festín alimentándose de orugas durante el día, al igual que avispas cazadoras que capturan orugas para alimentar a su futura generación. Golondrinas lo harían durante el atardecer y murciélagos insectívoros cazarían las mariposas durante las primeras horas de la noche.

Y podemos enumerar muchas otras especies: arañas, avispas parasitoides, escarabajos depredadores, lagartijas, sapos y ranas, libélulas, etc., todos haciendo una pequeña parte en el control de una especie plaga. Es decir, a mayor diversidad de depredadores, más difícil que esa especie aumente en número como para afectar la producción del cultivo.

 

Muchas avispas son cazadoras y algunas especies se especializan en la captura de orugas que son utilizadas para alimentar a su pregenie.

¿Cómo hacemos para aumentar la diversidad de especies en un cultivo? Aquí es donde aparece el segundo principio:

 

Principio 2. A mayor heterogeneidad ambiental, mayor diversidad de especies.

En contra de las leyes naturales, los sistemas agrícolas tienden a ser cada vez más homogéneos. Parece que al hombre le gusta que los cultivos estén prolijos, que no haya otra cosa que el cultivo en sí mismo.

En viñedos por ejemplo, mientras más nuevo es el cultivo, más homogéneo resulta visualmente. Recuerdo los viejos viñedos, donde se intercalaban durazneros, ciruelos, almendros, olivares bordeando los cuarteles, alguna huertita entre las hileras. No digo que esa sea la solución, pero al menos había más heterogeneidad y estoy casi seguro que había más especies de todo tipo.

Pero ¿cómo aplicamos este principio a la producción sostenible en nuestra provincia? Muy simple, tenemos que crear un ambiente que atraiga a aquellas especies autóctonas que el cultivo ha desplazado. Podríamos empezar por plantar especies de árboles autóctonas, las que proveen beneficios a muchas aves e insectos. Por ejemplo algarrobos y chañares (los que no necesitaremos regar) proveen un ambiente propicio para que algunas aves construyan sus nidos, ya sea como soporte o como materia prima (ramitas con espinas).

Además proveen refugio a muchas aves durante la noche, protegidas por ramas espinosas. También estaríamos dando soporte para que se instalen arañas y refugio para un número importante de avispas cazadoras. La corteza del chañar es un excelente sitio donde pasan el invierno numerosas especies de escarabajos y otros depredadores.

Si los árboles que plantamos siguen una acequia o un canal, generamos un ambiente propicio para que muchos animales puedan moverse sin ser molestados; y si además esta consigna la siguen nuestros vecinos, el movimiento de animales puede ser mayor, creando pequeños corredores biológicos que aumentarían la biodiversidad. Esto sería más importante si dentro de la propiedad o en los alrededores existe aún monte nativo, ya que muchas especies podrían adentrarse a nuestro cultivo fácilmente.

Habrá algunos casos en que esto no es totalmente practicable, por la gran extensión del cultivo y no podemos generar este tipo de heterogeneidad. En esos casos podemos usar un poco más la cabeza, aprovecharnos de los conocimientos sobre historia natural de las especies que nos pueden ser útiles, y generarles ambientes artificiales para atraerlos al cultivo. Nidos artificiales para aves, refugios artificiales para murciélagos, cajas para nidificación de avispas y abejas, cajas para hibernación de escarabajos, etc. son algunos
ejemplos de cómo podemos comenzar a incluir a la biodiversidad en los cultivos modernos y aprovechar las funciones que provee.

Las cajas nido permiten que las aves se instalen dentro del cultivo generando una demanda de alimento para la pareja nidificante y para sus pichones.

 

Pequeñas acciones que impactan positivamente en la conservación de la biodiversidad y a su vez nos proveen un servicio gratis de control de plagas.

Con estas pequeñas acciones, además de ayudar a conservar la biodiversidad, vamos a generar una producción mucho más sostenible que la actual y aprovecharemos algunos de los tantos servicios gratuitos que la naturaleza nos ofrece.

 

Por Guillermo Debandi

Asociación BIOTA
www.biota.com.ar

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